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Opinión
![]() El agua del molino
Raúl Carrancá y Rivas
Es necesario rectificar
Organización Editorial Mexicana
17 de julio de 2008
Es muy grave, muy delicado, lo que sucede en México en cuanto a la seguridad-inseguridad pública (binomio que ya confunde y aterra), por lo que se impone rectificar al respecto la política del gobierno. El discurso oficial es contradicho por la cruda realidad. Culiacán, por ejemplo, es punto menos que un infierno; en Tlalnepantla, en el Estado de México, acaban de "ejecutar" a cinco personas. Y hace apenas unas horas la Nación se consternó con el asesinato de once individuos, también en Sinaloa, incluido un menor de edad. No cesan la ola de sangre, la violencia, las agresiones. Basta y sobra con hojear los periódicos para enterarse de "levantados", acribillados a fuerza de balas o descabezados. Horrorizan las noticias, son siniestras. En verdad cuesta trabajo creer que en la especie la política oficial vaya dando resultados. A golpe efectivo del gobierno responde el crimen organizado o desorganizado con otro o varios golpes más efectivos aun. Algo se debe hacer urgentemente con el fin de detener la sangría.
Ahora bien, el problema es más agudo, mucho más, de lo que se pueda suponer. Lo señalo así porque hay una tendencia generalizada, frente a los grandes problemas de la sociedad, de reclamar soluciones y no críticas ("facta, non verba" conforme al conocido proverbio latino); olvidando a mi juicio que en las críticas, cuando positivas e inteligentes, se suelen encerrar las soluciones. O sea, es frecuente que diciendo lo que no debe ser se llegue a lo que debe ser. Además, ¿ante un problema de enorme magnitud quién tiene la solución adecuada, conveniente? En cambio es de lógica elemental que en la crítica, repito, positiva e inteligente se encierre la solución o la indicación de seguir un camino distinto del usual. A mayor abundamiento no hay la menor duda de que en lo evidente, en lo que es (del color, clase o naturaleza que sea) está a la vista un claro mensaje positivo o negativo. Y el mensaje evidente de la delincuencia organizada o desorganizada es categórico. En consecuencia continuar así, con una política por lo menos ineficaz, es catastrófico. Tal vez sea exagerado decir que se dan palos de ciego para combatir aquella, pero tampoco se dan palos con muy buena visión. Lo paradójico así mismo es que las recientes reformas constitucionales en materia penal, llenas de defectos y a las que se ha dado exagerada importancia, no son ni serán instrumento efectivo. Y no lo son en primer lugar porque fueron concebidas para abatir ellas, casi por sí solas, la criminalidad creciente y apabullante. El error mayúsculo es pensar que con la ley en la mano se aniquilará al feroz enemigo, confundiendo la ley con un arma destructora y eliminadora. Y en segundo lugar por sus contradicciones teóricas y doctrinales, como por ejemplo entre muchos presumir la inocencia de toda persona imputada "mientras no se declare su responsabilidad mediante sentencia emitida por el juez de la causa"; pero decretar la prisión preventiva y el arraigo antes de que se dicte en su contra esa sentencia. ¿Será posible acaso que con una ley imperfecta, contradictoria, se combata eficazmente la delincuencia? Me parece que es de sentido común decir que no. No concibo por otra parte que el gobierno no quiera desterrar el crimen o aminorar sus terribles efectos. Lo que pasa es que hasta ahora no ha podido, y para demostrarlo hay que atenerse a los resultados. Por eso es necesario e incluso imprescindible rectificar. No dudo que haya opiniones contrarias a la mía, aunque las tildo de interesadas pues sus defensores han puesto de por medio una serie de cosas que quiérase que no los favorecen de alguna manera. Sin embargo los resultados hablan por sí solos. Y al margen de mi opinión acerca de las soluciones específicas yo pienso que en principio quizás haya una, la de convocar el gobierno, junto con las universidades o en concreto con la UNAM, a los más destacados o mejores especialistas del país, juristas, criminólogos, sociólogos, politólogos, para que participen con sus ideas, propuestas, planes y proyectos en la búsqueda de una solución, imposible que definitiva sino relativa, que atempere el desgarramiento físico y moral que vive el país antes de que sea demasiado tarde. Columnas anteriores
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