Opinión / Columna
 
Claudia Sofía Corichi  
La deserción escolar en América Latina
Organización Editorial Mexicana
23 de noviembre de 2010

  La educación es uno de los factores principales de la integración y el crecimiento nacional. A través del proceso educativo se logró, en alguna medida, integrar a la conciencia nacional a poblaciones que vivían en regiones sumamente diferenciadas económica, social y culturalmente.

A la educación también corresponde colaborar en la formación de ciudadanos que participen activamente en la vida política del país. Así pues, la constitución de la ciudadanía y la formación para la participación política y para la unidad nacional han sido funciones de la educación; sin embargo, la principal función de la educación en nuestros países latinoamericanos ha sido la de convertirse en uno de los más importantes medios de la movilidad social ascendente de la población. Así vimos, sobre todo a lo largo de las primeras siete décadas del siglo pasado, cómo a través del acceso a la educación, millones de seres humanos de nuestro subcontinente superaron su situación social y económica, vía la obtención de mejores empleos de los que tenían sus padres. Esto fue especialmente cierto en los tiempos de crecimiento económico, el que el mercado demandaba crecientemente mano de obra con mejor calificación; hoy, ante la reducción del crecimiento económico en muchos de nuestros países y la globalización de la economía, con su efecto de especialización productiva conforme al grado de desarrollo tecnológico, la educación no es ya garantía de ascenso social, pero sí continúa siendo uno de sus mayores componentes.

El fenómeno de la deserción escolar, sobre todo el ligado a la pobreza, contribuye de manera importante a la reducción de oportunidades de quienes menos tienen, alimentando el círculo perverso de pobreza-falta de oportunidades educativas-pobreza. La deserción escolar significa exclusión.

En nuestro continente, el acceso universal a la educación primaria prácticamente está garantizado; sin embargo, la generalización del acceso a la enseñanza ha traído consigo el surgimiento de nuevas dificultades. Por una parte, la eficiencia interna del propio sistema ha decrecido, aumentando las tasas de reprobación y deserción de los estudiantes; en ese sentido, los esfuerzos deben concentrarse no sólo en la cobertura y el acceso, sino también en la progresión y conclusión del ciclo educativo, especialmente para la población más pobre. El desafío es importante, si se considera que el real problema del sistema escolar latinoamericano no es su insuficiente cobertura, sino la escasa capacidad de retención de los niños y adolescentes en la escuela. Todos entran, pocos terminan.

La deserción escolar tiene varias causas: económicas, que incluyen tanto la falta de recursos para enfrentar los gastos que demanda la asistencia a la escuela, como el abandono que se produce para trabajar o para buscar empleo; falta de interés de los educandos, debido a que los alumnos sienten que lo que les enseñan no vale la pena, o que la educación ya no les garantiza un empleo bien retribuido; el bajo rendimiento escolar; y, en el caso de las adolescentes, una razón de abandonar prematuramente la escuela es el embarazo adolescente y la subsiguiente maternidad.

En la pasada X Asamblea General de la Confederación Parlamentaria de las Américas (COPA), efectuada en Mar de Plata, Argentina, analizamos dentro de la Comisión de Educación, Ciencia y Cultura, que presido, las causas y soluciones al problema de la deserción en la educación.

No podemos concebir un próspero futuro latinoamericano y, por ende, de nuestro país, si no enfocamos nuestras baterías para lograr dos cosas fundamentales: que todos nuestros niños asistan a la escuela y que esos niños, al crecer, culminen sus diferentes ciclos de escolaridad. De no hacerlo, el atraso culminará por atraparnos de manera definitiva.
 
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