Barroco
50 años de La Nueva Ola
Diario de Querétaro
17 de noviembre de 2009

Redacción

Querétaro, Querétaro.- La Alianza Francesa de Querétaro, en colaboración con el Museo de la Ciudad, la Embajada de Francia, la Fundación Televisa y el Cine-Teatro Rosalío Solano, presentan este mes de noviembre, un homenaje al Quincuagésimo Aniversario de esta revolución artística, con la exhibición de sus títulos más representativos así como una exposición de carteles y fotografías para celebrar uno de los acontecimientos decisivos en la conformación de la cultura contemporánea.

Desde el 13 de noviembre, la exposición es visitada en el Museo de la Ciudad. Ahí mismo, del 3 al 18 de noviembre, se proyecta el ciclo en 16 mm., y del 24 de noviembre al 15 de diciembre, un ciclo más, pero ahora en DVD. Por su parte, el Cineteatro Rosalío Solano, proyectará del 24 al 30 de noviembre, un ciclo en 35 mm., con obras emblemáticas de esta influyente corriente de la cinematografía.

Con este motivo, la Embajada de Francia en México publicó Nouvelle vague, 50 años. Una visión mexicana, en el cual describe con textos de Comí García Ascot, Jomi García Acot, Emilio García Riera, Jaime Humberto Hermosillo entre otros, cómo se dio esta corriente en el México de los años 60. A continuación, transcribimos el prólogo que firma la Embajada de Francia en México y que titula Serge, Agnés, François, Jacques, JeançLuc... y los otros:



El término Nueva Ola nació en la revista L'Express gracias a la pluma de la periodista Françoise Giroud. En un principio sirvió para designar el arribo de una nueva generación de cineastas, pero en ese entonces se refería más a un fenómeno social que a un movimiento artístico, y mucho menos a uno que estuviese relacionado con el cine. Sin embargo, los críticos retomaron muy pronto la afortunada expresión y bautizaron con ella al grupo formado, entre otros, por varios antiguos redactores de la revista Cahiers du cinéma: Jean-Luc Godard, Jacques Rivette y François Truffaut, quienes en un primer momento negaron con determinación formar parte de un movimiento o una escuela. En particular, Truffaut explicó que la Nueva Ola era "un vocablo colectivo inventado por la prensa para agrupar a cincuenta nuevos nombres (...) que habían surgido en dos años dentro de una profesión en la cual sólo se aceptaban a tres o cuatro por año". A pesar de la categórica descalificación del director de Los cuatrocientos golpes, la frase tuvo tanto éxito que se convirtió en sinónimo de movimiento cinematográfico, mismo que, sin tener una existencia "oficial", influyó de manera determinante en el cine francés e internacional. Los jóvenes cineastas de la Nueva Ola trastornaron las reglas, dándole una proyección diferente a todos los fundamentos del cine con maneras de producir, rodar y fabricar películas opuestas a las tradicionales y las corporativas. La invención de la grabadora portátil Nagra y la ligera y silenciosa cámara de 16mm, así como el gusto por los rodajes en exteriores, impusieron una nueva estética mucho más cercana a lo real. Su influencia se hizo notar en el extranjero, donde cinestas como Bernardo Bertolucci, Glauber Rocha, Luis Buñuel y Federico Fellini realizaron sus películas de una manera más libre. En México, mientras tanto, una nueva generación de cineastas, artistas y críticos más marcada políticamente que los integrantes de la nueva ola abogaba por un nuevo cine.

Este término se convertiría en el título de un manifiesto y de una célebre revista. En este contexto, la programación del Cine Club del Instituto Francés de América Latina (IFAL) desempeñó un papel muy importante, transformándose en lugar emblemático de encuentros, intercambios y descubrimientos para numerosos cinéfilos mexicanos. Cinco décadas después de abrir todo un abanico de posibilidades inéditas, la Nueva Ola -con todos sus componentes- aún hace sentir su influencia en una reciente generación de cineastas. Existen incluso similitudes entre los directores franceses y mexicanos de hoy en día: crean sus propias casas de producción, lo que les permite ser libres e independientes -como en el caso de Carlos Reygadas y Fracois Ozon- y reinvindican la utilización de nuevas tecnologías en la realización de sus películas. De esta manera, cuando nuestros socios de la Cineteca Nacional nos propusieron que trabajáramos juntos para celebrar el cincuentenario de la Nueva Ola en México, quisimos que éste acontecimiento pudiera, ante todo, dar cuenta de los profundos e históricos lazos existentes entre el cine francés y el mexicano. Fue así como surgió la idea de mostrar en un ciclo algunas de las obras más significativas producidas en aquélla época en ambos países. Otros socios aceptaron acompañarnos en este proyecto: la Fundación Televisa abrió generosamente sus archivos para organizar una exposición de fotografías e ilustrar el volumen editado con motivo de esta celebración, y el Canal Once propuso la realización de cuatro programas dedicados a la nueva ola, con la consecuente proyección de largometrajes. Quiero agradecerles a todos ellos el llevar a buen fin este proyecto: un acontecimiento que consagrará, sin lugar a dudas, los vínculos cada vez más fuertes entre nuestras dos cinematografías.