Espectáculos
Elena Guiochins escriba "Prendida de las Lámparas"
Organización Editorial Mexicana
6 de noviembre de 2009

Entre piernas y telones

Hugo Hernández y Claudia Romero / El Sol de México

ESTUPENDA PROPUESTA ESTÉTICA

Hace 35 años, el 7 de agosto de 1974, ocurrió una de esas muertes que todo mundo califica de absurdas, inesperadas, injustas...

Rosario Castellanos, entonces embajadora de México en Israel, falleció al recibir una descarga eléctrica al intentar encender una lámpara en su domicilio de Tel Aviv.

Contaba sólo con 49 años, y era, sin duda, la escritora más importante de su generación.

Este acontecimiento sirve de detonador para que hoy, Elena Guiochins escriba Prendida de las Lámparas, una estupenda obra que a manera de gran rompecabezas cuenta la vida, personal y literaria de Rosario.

Cuenta la autora, que "ando prendida de las lámparas" es una frase que Castellanos repitió toda su vida, por ello, la manera en que ocurrió su muerte dio a la misma un toque casi premonitorio; sin embargo, Prendida de las Lámparas, tanto la frase como la puesta en escena, puede aludir también a la intensidad con la que la novelista y ensayista chiapaneca vivió cada uno de los momentos de su vida.

Una intensidad que se lee en sus textos (poemas, obras de teatro, ensayos, artículos periodísticos); una intensidad con la que Rosario vivió el amor, la amistad, la maternidad, el trabajo y que esta obra plasma no sólo con gran cuidado informativo, sino con especial proyección estética.

Al estupendo texto de Elena, hay que sumar la excelente dirección escénica de Alberto Lomnitz, también diseñador de la hermosísima, práctica y muy sugerente escenografía, que en un recuadro de escasos 15 metros cuadrados, construye todos los mundos en los que habitó Rosario.

Como si se tratase de un juego, toda la acción de Prendida de las Lámparas, ocurre en un arenero, de esos que hay en muchas escuelas para niños pequeños. Ahí ocurre todo: ahí cuenta Blanca Guerra (brillante como siempre) la etapa de la Rosario madura, embajadora, madre; ahí mismo María Inés Pintado y Haydeé Boetto cuentan la infancia, la juventud y los primeros años de madurez de la escritora; y también ahí las tres escenifican sus poemas, recrean sus entrevistas, dramatizan sus ensayos.

Es también de entre la arena que -como si fuera un juego infantil- las actrices extraen algunos elementos de utilería que desaparecen, una vez más, entre la arena.

Descalzas, como murió Rosario en su casa, así están las tres intérpretes toda la función; una forma de desnudez y al mismo tiempo una sensación de libertad que permite contar la vida y la obra de la brillante escritora chiapaneca.

Prendida de las Lámparas, una obra que no hay que perderse.

MUY BIEN PLANEADA Y ESTÉTICA

Desconcierto, curiosidad, tristeza, piedad, sorpresa, empatía y una gran exaltación por la belleza, me causó Prendida de las Lámparas que se presenta en la Sala Villaurrutia. La vida, pasión, temores e intimidad de una de las figuras femeninas más importantes en México y Latinoamérica, Rosario Castellanos.

El título es un gran acierto, no sólo por ser una frase utilizada con frecuencia por Rosario Castellanos, ni por la irónica premonición de su muerte, sino por ser el hilo conductor de la puesta: una vida que pende de un hilo, que busca alcanzar la luz fuera de ella, el eterno femenino. No vemos a la mujer que alcanzó éxitos y pasó a la historia, ni a la aguerrida feminista, sino a un ser frágil y temeroso, lleno de inseguridades, buscando acabar con su soledad; vemos a una mujer que al mirar en un espejo y no encontrar a nadie, detona su creatividad y fuerza para alcanzarse como mujer. Todo esto planteado al estilo de Rosario: con una gran ironía.

Tres actrices representan a la misma mujer y sus seres más cercanos. Tres sillas y una lámpara recrean Chiapas, la Ciudad de México, Israel, cualquier lugar. Los elementos de utilería que surgen de la arena, vacíos, listos para llenarse, desde papeles en blanco hasta botellas. Realismo en la forma de decir el texto y todo tan lleno de magia y belleza. Una composición escénica muy bien planeada y estética.

Últimamente me he preguntado por qué hay tantas obras sobre mujeres. ¿Por qué las mujeres tenemos la necesidad de alzar la voz? Muchos responderán que es por la posición desventajosa que hemos tenido a lo largo de la historia. Yo creo que no. Y aunque me tachen de retrógrada, estoy convencida de que es nuestra naturaleza vivir prendidas de la lámpara. Por lo menos el feminismo mexicano va encaminado a luchar por nuestros hombres, por los seres que nos harán sentir amadas, aceptadas, acompañadas, por aquellos que darán fin a nuestra soledad. Por eso, junto con Rosario Castellanos y Antonieta Rivas Mercado, no me convencen los movimientos sajones de las mujeres; en este país creo en el femenino mexicano.

Volviendo a la obra y para cerrar, me parece que la dirección de Alberto Lomnitz es espectacular. Acoge amorosamente esta vulnerabilidad y la deposita en una suave cama de arena haciendo florecer al cuarteto femenino: las tres actrices (Blanca Guerra, María Inés Pintado y Haydeé Boetto) y a la escritora, Elena Guiochins.