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Barroco
Una inversión llena de gozo
Diario de Querétaro
26 de octubre de 2009
Araceli Ardón
Querétaro, Querétaro.- Lo mejor del arte es disfrutarlo. Una obra de pintura, escultura o fotografía puede iluminar una pared de nuestra casa y abrir en ella ventanas al bosque lejano y fresco, a una playa de arenas calientes, al dorado amanecer en tierras lejanas, al amor de una hoguera. Vivir en habitaciones con piezas artísticas es conservar la sensibilidad viva, sentir emociones a flor de piel, estar abierto a nuevas ideas, tener la imaginación activa, conmoverse ante la belleza y conservar la esperanza ardiendo como una vela cuya flama no se apaga. Una de las mejores maneras de comprar arte es asistir a subastas. En agosto de 1957, Alejo Carpentier escribió en el catálogo de la primera subasta de la Fundación Mendoza, de Caracas: "Gracias a la subasta puede el coleccionista renovar su colección, centrarla en un estilo -si tal es su propósito-, deshacerse de una pieza estimable y valiosa, pero que no acaba de ubicar se armoniosamente entre otras piezas de distinto carácter (...) La subasta es sistema de intercambio, factor de renuevo, facilidad concedida al aficionado, al coleccionista, para adquirir, ofrecer, cambiar, incluso pulsar la demanda." Tiene razón el escritor cubano: pocos acontecimientos en el mundo cultural son tan estimulantes. En una subasta podemos asomarnos a la intimidad de las familias que adquirieron sus piezas en los talleres de los artistas del pasado, en viajes al lugares exóticos, o cuyos miembros posaron para los grandes pintores. Podemos intuir la complejidad de una mente al asomarnos a lo que fue su biblioteca, colección de arte, mobiliario, cristalería, cerámicas, alfombras, cajas de música, retratos, cartas y documentos. Todo el menaje de una casa de postín puede subastarse, y empresas renombradas compran lotes completos cuando un heredero decide vender los bienes de sus antepasados. Las empresas más importantes a nivel mundial en este ramo son Sotheby's y Christie's. Esta última vendió en 2008 un total de 2.8 miles de millones de euros, casi 56 miles de millones de pesos. Su negocio, iniciado en Londres en 1766, se ha extendido a 32 países donde mantiene abiertas 57 sucursales y 10 salones de exhibición. Sus precios van de $200 dólares a más de 80 millones, en el caso de pinturas extraordinarias o lotes completos. En 1744 Samuel Baker estableció en la capital británica un negocio de venta de libros, con la biblioteca de Sir John Stanley, que se vendió completa en unos cuantos cientos de libras. La empresa, heredada por John Sotheby, sobrino de uno de los socios, vendió en 1983 un libro llamado The Gospels of Henry the Lion, por más de 8 millones de libras esterlinas. Otros libros famosos han corrido suerte semejante: la primera edición de Alice in Wonderland (Alicia en el país de las maravillas), que había sido propiedad de su autor, Lewis Carroll, se vendió en subasta por 1.54 millones de dólares. El ejemplar fue adquirido por un comprador anónimo, procedente de los Estados Unidos. En los últimos años, estas empresas han logrado hitos que involucran el uso de las tecnologías más sofisticadas. En 1987, a la orilla del lago de Ginebra, Sotheby's organizó la subasta de las joyas de la Duquesa de Windsor. En un ambiente de gran competencia, con pujas vía satélite desde Nueva York que se mezclaba con la participación de una audiencia pletórica de celebridades y muchos compradores en ausencia, por teléfono, se logró una venta de 50 millones de dólares, más de cinco veces la suma esperada por la empresa subastadora. Documentos importantes también son objeto de subastas. Una de las primeras impresiones de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos fue subastada en el año 2000 por más de 8 millones de dólares. El gran pintor mexicano Rufino Tamayo alcanzó a ser el artista latinoamericano más cotizado del mundo gracias a su participación en subastas neoyorkinas. Es vox populli dentro del mundo del arte que su mujer y promotora, Olga Tamayo, pagaba los gastos de viaje a personas de su confianza para que ellos pujaran entre sí aumentando el precio de las obras de Tamayo hasta cierto límite, y luego ella reembolsaba el pago de las piezas, que se destinaban a otras colecciones en posteriores movimientos. La subasta sirve como instrumento de medición del éxito de un artista, pone un precio a los objetos artísticos, define corrientes y estilos en boga, hace que sus protagonistas gocen de fama y fortuna, dos peligrosos hechizos que los humanos perseguimos, y que atrapan en sus redes incluso a los espíritus más sublimes, para luego, como dijera Machado, hacerlos sentir ingrávidos y gentiles como pompas de jabón. Esferas de gran perfección, que reflejan el mundo y lo llenan de color y alegría, así sea por un tiempo breve, porque en otra subasta, otro golpe de martillo adjudicará la pieza al nuevo comprador. Una residencia, un edificio corporativo, un hotel de lujo, un gran museo, la colocarán en sus muros. Este es el destino deseable para el arte, no la fría bóveda bancaria. Las paredes agraciadas con las pinturas recién adquiridas, las vitrinas donde se exponen las piezas de arte utilitario y los pedestales que se engalanan con las esculturas, serán la plataforma para que los privilegiados gocen del contacto con las obras y su alma, agradecida, eleve una oración de gratitud. En Querétaro, la Galería DRT, desde su inicio hace cuatro años, ha ofrecido una serie de subastas a beneficio de instituciones de asistencia privada que enriquecen la vida de miles de personas. Gracias a la generosidad de la empresa Desarrollos Residenciales Turísticos, una compañía con un profundo sentido de responsabilidad social, nuestra ciudad cuenta con un espacio para la cultura y un organismo comprometido con los creadores. Este grupo empresarial ha sentado un precedente, escribiendo la historia del Querétaro contemporáneo con la visión pionera del que se sabe punta de lanza. La Galería DRT, asociación civil sin fines de lucro, contribuye a la difusión del arte, otorga a los artistas queretanos un medio digno de vida, participa con el bienestar de la comunidad al ofrecer un espacio espléndido para exposiciones de la plástica, y logra momentos de verdadera emoción al adjudicar en subastas piezas de gran valor a sus nuevos dueños. Después, en una casa diferente, comenzarán a dar brillo a la vida y serán el centro de atracción para las conversaciones. Un cuadro bien logrado, una pieza de escultura que logre conmovernos, un libro de arte, serán motivo de inspiración para vivir mejor. |
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