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Barroco
Casualidades Necesarias
Diario de Querétaro
26 de octubre de 2009
Emiliano Sánchez
Querétaro, Querétaro.- El mundo natural preexiste y supera al mundo del hombre. El conocimiento humano nos da una noción de su magnitud, mediante la cual sabemos que convivimos con millones de especies, muchas de las cuales no hemos siquiera descubierto, al nivel de darles un nombre científico y una descripción canónica. Menos aún hemos establecido relaciones más profundas, de carácter sinalagmático, con ese mundo natural y sus especies. México es un país mega diverso, dice la Estrategia Mexicana de Conservación Vegetal. La mega diversidad de la flora del país se refleja en sus 22,000 especies, pertenecientes a 220 familias botánicas, lo cual representa entre el 10 y el 12% de la flora de todo el planeta Tierra (CONABIO, 2008). Querétaro, con menos del 1% del territorio nacional, alberga una flora, aún no completamente conocida, de entre 3,500 a 4,000 especies. La vegetación se manifiesta en paisajes diversos y abigarrados que los estudiosos, como Zamudio et al. (1992), clasifican en 15 o más tipos, que se extienden desde los bosques de Abies y los matorrales subdesérticos, hasta las selvas tropicales. El Semidesierto Queretano, compuesto por comunidades vegetales adaptadas a la precipitación pluvial escasa y -a veces- errática, se caracteriza por la diversidad de especies botánicas icónicas de nuestra mexicanidad. Cactaceae y Agavaceae son dos familias que irremisiblemente nos simbolizan, por su singular belleza entre espinas, paradigma de la escasez triunfante. Frente a este mundo natural de nuestra biogeografía inmediata, surgen energías dispuestas a revelarnos más ese vínculo profundo que nos hilvana con la Physis. Gerardo Proal fotografía amalgamando el instante fortuito con su sagacidad. A priori, se podría considerar a Gerardo un nuevo príncipe de Serendip, buscando esa "imagen irrepetible", producto de una coincidencia o un lúcido accidente. Perspicaz, impulsa finamente la luz en el "dispositivo acoplado de carga" de su cámara digital provocando "accidentes controlados". Así, por obra de estos incidentes, conocemos diversas escalas de un mundo intersubjetivo, producto del artefacto de Niepce y del interior mundo de este artista. Incerta sedis, lugar incierto, podrían titularse muchas de sus tomas dirigidas como un disparo "próximo cercano" a las espinas y al armamento de maravillosas plantas del género Agave. En esta extrema cercanía quedamos irremisiblemente envueltos en una esfera íntima, llena de vida y erotismo. Un campo de perpetuo sinople donde brotan las astas encarnadas del dolor y la pasión, pulsiones básicas de amor y muerte que tutelan el corazón del hombre. Trofolaxis que mediante pezones primitivos nos amamanta con hilos de colores variopintos como nuestra tierra. Pezones erectos, asibles, de hembras como de oro, erguidos pechos de Cloto, hilandera que nos dota de las hebras con las que habremos de entretejer nuestro destino. ¡Todo así son estas imágenes, blasones de la heráldica de este intuitivo príncipe del descubrimiento! Otra escala es empleada por el autor para hacernos reverenciar a la naturaleza de las cosas como son. Una dimensión comunitaria, la otredad de las especies con las que convivimos, en la que podemos, como el colibrí, inclinar la cabeza para venerar a la cactácea; o, hacer simbiosis con la flor de la que libamos diariamente. Aquí también el verde es omnipresente y en este plano temporal donde los seres somos, los enredados hilos de la madeja de la vida ondean... Más allá, en otro nivel que inadvertidamente mi pensamiento integra, está el espacio cósmico visto desde la cotidianeidad. Una dimensión que aspira a lo universal, una espina que carda el alto cúmulo, un canto bueno que anhela la honestidad. Presencias, recuerdos, peldaños por los que la mente trepa hacia la eternidad. El hechizo que nos remite a un ritual por el que la sangre hace danzar a las estrellas en la elemental armonía del amor. Gerardo Proal es, vista ya su obra, mucho más que una energía creadora que ensaya la serendipia para producir una iconografía inusual. Gerardo es un sincronizador del tiempo y el espacio, artífice de sucesos vinculados por un sentido de reciprocidad con el medio ambiente. Él le da sentido a los "accidentes controlados" de su cámara para convertirlos en las casualidades necesarias que nos permiten atisbar en la profundidad permanente de la Naturaleza y sus especies. Estoy seguro que hemos inaugurado un tropo más hacia la transubstanciación de la Physis. Literatura citada CONABIO-CONANP-SEMARNAT (2008). Estrategia Mexicana para la Conservación Vegetal: Objetivos y Metas. México. Zamudio, S., J. Rzedowski, E. Carranza y G. Calderón. 1992. La Vegetación en el Estado de Querétaro. Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Querétaro e Instituto de Ecología, A. C. 92 p. |
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