Barroco
Gustavo Silva: Todo teatro es un gran reto
Gustavo Silva. Fotos: Hugo Camacho. /Diario de Querétaro.
Diario de Querétaro
20 de octubre de 2009

Margarita Ladrón de Guevara

Querétaro, Querétaro.- Gustavo Silva no está solo. Lo acompañan sus maestros, los mejores que ha dado el teatro en México, y los 35 años de experiencia que lleva sobre el escenario los cuales cumplió el pasado 4 de octubre. Muchos de sus alumnos de teatro en el CEDART Mariano de las Casas, son actores profesionales hoy en día. Gustavo Silva celebra con pasión y entrega los 35 años que lleva en la vida teatral y parafrasea a otros de sus maestros, Luis de Tavira, que dice "No hay teatro pequeño, hay teatro bien hecho y teatro mal hecho".

Gustavo Silva se emociona al recordar su vida sobre el escenario, ya sea como actor, director y maestro. En entrevista, continuamente se refiere a sus maestros desde que estaba en la CUT-UNAM, hasta lo que ha aprendido con sus alumnos del CEDART. En Querétaro, participa desde hace varios años en las Noches de leyenda en el papel de Don Bartola.

Empezó en el año de 1974 bajo la dirección del actor y director Luis Cisneros interpretando el papel del Pinto en la obra Los papeleros de la dramaturga chilena Isidora Aguirre (Premio Casa de las Américas) y con la cual ganó el primer lugar en el I Concurso de Teatro de los Colegios de Ciencias y Humanidades de la UNAM.

Algunas de las obras en las que ha participado, tanto en México como en Querétaro son El circulo de Tiza Chino de Li Hshig Tiao, (UNAM- CUT) bajo la dirección de Soledad Ruiz, El marido (Comedia del arte) de Flaminio Scalla Teatro de la Nación- UNAM con dirección de Juan Felipe Preciado, Victimas del deber de Eugene Ionesco, dirección Rigoberto Abrego; Barbarroja de Rodolfo Santana (Premio Casa de las Américas), dirección Alonso Marroquí; El Manantial de los Santos de John M. Synge y Cierren las puertas de Víctor Hugo Rascon Banda dirección Alfonso Alba; Las Brujas de Salem de Arthur Miller con dirección de Omar Alain, Corregidora conspiradora de libertad de Javier Velazquez y Titus Andronicus de Shakespeare dirigido por Uriel Bravo. Con "La Compañía" montó la trilogía de teatro griego Antígona, Electra y Edipo Rey, además de participar en Qué Querétaro -primera obra escrita por él-, Cierren las puertas y Online.





DE BIOLOGO A ACTOR



Lector apasionado "leo hasta las etiquetas de las sopas", dice, conoció y se enamoró a primera vista del teatro a los quince años. Fue en la prepa, el CCH, que su maestro Cuauhtémoc Salazar en la materia de Lectura de clásicos, los incitó a montar una obra de teatro como examen final "en el salón estaba Rafael Catana -quien eventualmente se convertiría en músico rupestre junto con Jaime López-, que trabajaba en el INJUVE con otro amigo, Eduardo González, y sugirió que éste dirigiera. Entonces escogimos nada más y nada menos que Zaratustra, de Jodoroski y yo hice el personaje A. Montamos un extracto, pero faltando una semana para la presentación al maestro le llegó una beca a Francia así que tuvimos que hacer una sola función para que nos calificara. Y como todos sacamos diez, varios compañeros dijeron que ya para qué nos volvíamos a presentar. Sólo el director Eduardo González, el actor Rafael Catana y yo nos quedamos con las ganas, pero con el tiempo haríamos teatro juntos".

Ya con el gusanito del teatro, Gustavo recibió una oferta para continuar sobre las tablas "A los dos meses, llegó Catana y me dijo: habrá un concurso en los CCH y queremos participar en la categoría independiente. Improvisé a un borracho y el director me dijo: ¿oye, tu ya haz hecho teatro? Y pues luego de que le conté mi experiencia en teatro me dijo: yo te veo mucho talento. Y me seleccionó para el personaje El Pinto, de la obra Los Papeleros de Isadora Aguirre y debutamos el 4 de octubre de 1974. El director Luis Cisneros nos tenía ensayando de 7 a 11 de la noche, pero yo lo disfrutaba tanto que no me importaba".

La primera función fue en el teatro Carlos Lasso, en la Facultad de Arquitectura de la UNAM y a partir de ahí, se formó el grupo Dxandi' Ayoli -semilla de verdad en zapoteco- y Gustavo entró en contacto con el movimiento de teatro independiente y tomó muchos talleres con gente de teatro latinoamericano, que venían de intercambio y también que habían llegado exiliados desde países como Argentina, Uruguay o Chile.

Entró a estudiar Biología pero seguía haciendo teatro y le gustaba también el análisis político, y como quería ser científico, pues salió de Biología y entró a Ciencias Políticas. Pero un día, sus mismos compañeros le dijeron que lo suyo era el teatro así que dejó todo y entró a la carrera en donde tuvo a grandes maestros.

¿Cómo honras a tus maestros luego de 35 años de hacer teatro?

"Con pasión. Desde mi trabajo como maestro todos los días revaloro lo que tenía con mis propios profesores; y me quedó de ellos la disciplina, la entrega, el darlo todo en el escenario; la pasión por hacer un personaje, y algo muy importante: la humildad; no hay que ocultar el conocimiento, no usar lo que sabes como un arma sino ser generoso, yo soy así con mis alumnos y uno de mis principios como maestro es: el conocimiento no es mío, es de todos. Y, por otro lado, ser estimulante mas no complaciente. Eso lo aprendí de Soledad Ruiz, que te podía decir las cosas más terribles con una sonrisa en la boca".

Al respecto, narra una anécdota: "montábamos El Pelícano, de Strindberg, y cuando Soledad Ruíz lo vio, me dijo: está usted muy melodramático, Gustavo, y usted sabe que no es un melodrama, está abusando de sus cualidades como actor para impresionar a la gente, así que no abuse y comprométase; y yo sabía que sí, que era cierto. Así que el día de la presentación sucumbí a la tentación y, pues sí, todo el mundo salió llorando y me felicitó pero cuando se acercó Soledad, me dijo: está usted reprobado. Y yo sabía que ella tenía la razón".

¿Entonces porqué lo hiciste?

"Por ego, por vanidad, me dejé seducir por el público al que yo llamo El monstruo de los mil ojos y deseos".

Como actor que ha interpretado personajes con distintos grados de complejidad ¿cómo enfrentas un texto de, por ejemplo Shakespeare y cómo un sketch, o incluso el papel de Don Bartolo, en las Noches de Leyenda?

"Todo texto tiene que ser significativo para el actor, tiene que haber una conexión en tu vida con el texto, si no, no puedes decir nada. Yo necesito enamorarme, sentir que el personaje me llama y que algo del personaje resuene en mi. Se logra analizando desde diferentes ángulos al personaje, de todas sus capas y fondos, lecturas de vida y verdad humana que hay dentro de él, y ello tiene que conectarse con tu propia verdad".

Por ejemplo el personaje de Titus Andrónicus, de Shakespeare, sufre el que a su hija le corten la lengua y las manos. Y en ése momento Gustavo vivía un reencuentro con su hija adolescente pero cuando ella se fue, Gustavo compartió y conectó lo que sentía por la partida de su hija y lo que vivía Titus Andrónicus. "Yo no usaba el escenario para desfogar mi rollo pero sí me era muy significativo para entender la impotencia y dolor que vive el personaje".

Hay ocasiones en la vida de un actor, que el personaje te enfrenta a situaciones que en la realidad jamás haría. Pero para ello, Gustavo recurre a una enseñanza del gran actor y maestro Blas Braidot, de El Galpón -muerto en 2003-: "Todos los personajes tienen una espalda psicológica", detrás de un mafioso hay un puritano y viceversa. Esto le llevó a Gustavo a hurgar en su interior, y si él se caracteriza por ser pacífico y tranquilo, uno de sus personajes lo obligó a explorar sus más lejanos recuerdos hasta que encontró que en la secundaria, había sido un niño violento, que golpeaba a sus compañeros más grandes "pero la prepa me cambió, y entre otras cosas, encontré al teatro" Y agrega "yo trato de enseñar eso a mis alumnos, que hagan con pasión las cosas, con entrega, estar ahí con todo o no estár, es como hacer el amor: no puedes hacerlo sólo por cumplir".

Y agrega una anécdota en referencia a cómo encontrar la conexión entre el actor y personaje. "Trabajábamos en una obra llamada Papalote dirigida por Julio Castillo, en la que recorríamos colonias de la periferia del DF, y a través de armar un papalote con los niños hablábamos de violencia, drogadicción, etc. Durante un ejercicio, Julio Castillo nos puso a hacer una caricatura de nosotros mismos a través de la corporalidad, que exageráramos nuestros gestos y rasgos hasta llegar a la caricaturización. Soy prognata y en ese tiempo todavía tenía el complejo, entonces Julio me animó a que sacara el trauma a través del ejercicio, así que yo me puse de pie y empecé a hacer gestos grotescos y los compañeros se morían de risa, mi imagen era muy grotesca y yo estaba angustiadísimo, pero ellos se reían y, mientras daba vueltas y vueltas, algo hizo clic dentro de mí y me acepté, dije: así soy, así me hizo Dios, entonces empecé a reírme, a correr y a burlarme de mi mismo... cuando volteé, todos los demás estaban llorando. Y eso es lo apasionante del teatro desde la perspectiva del actor, porque hace que te enfrentes a tus sitios más recónditos, el teatro se mete dentro de ti y te recorre hasta las uñas de los pies".

¿Cómo es tu relación con tus alumnos?

"Sí tengo una relación entrañable con muchos de mis alumnos y, a través de un seguimiento que en el CEDART estamos haciendo de los egresados, con muchísima alegría puedo decirte que hay como cuarenta de mis ex alumnos que siguen haciendo teatro".

Algunos de ellos son Dante Irrera, Ricardo Arroyo, Jean Paul Castersen, Ruy Nieves, Iván Ramírez Vega, Raúl Pérez Vallejo, Lourdes Viviana Guerrero que está en Viena; Fabiola Parra y Juan José Juárez que están en Canadá.

"Creo que eso dice que yo les ayudé a encontrarse... la labor de un maestro es quitar lo que estorba", afirma.

Gustavo Silva ha actuado en obras de autores tan diferentes y de todos los niveles, desde Esquilo, pasando por Shakespeare, Bertold Brecht, Eugenie Ionesco, Víctor Hugo Rascón Banda o el queretano Javier Velásquez y obras que él mismo ha escrito, como Online ¿cómo transitas de un texto a otro y de los niveles de profundidad o complejidad que te exige cada personaje?

"Lo que trato de hacer es comprometerme con el teatro que esté haciendo en el momento. Por ejemplo lo que hago lo de Noches de leyenda, yo le encuentro el gusto, el encanto y la profundización. Una vez que enfrento un reto, lo asumo... si me presentan un camino, yo lo exploro y siempre parto de que, en primer lugar, es teatro y cada personaje es un reto y para mí, el teatro es un reto. No hay teatro pequeño, aunque tengas que decir "hola", que ése hola sea dicho con verdad".

Personajes como Titus Andrónicus, de Esquilo, o Schubert de Víctimas del deber de Ionesco o Don Bartolo, que es incestuoso y asesina a su propia hermana, con otros que no son tan complejos, deben transmitir emociones en el público. Para Gustavo Silva, ésa es la razón de ser del teatro. "Para mí, es incitar, insinuar, agitar, conmover y suscitar cosas a la gente". El objetivo de Noche de Leyendas es dejarle la intención al público por investigar las partes históricas de cada personaje y de cada leyenda" e insiste "Yo hago teatro, y el complemento son los museos y los libros. Yo tomo el material que tengo y pienso ¿qué puedo hacer para emocionar a la gente? Y el caso de don Bartolo, es un personaje que me apasiona y le he construido una historia a partir de lo que dice la gente".



CUANDO LLEGÓ A QUERÉTARO



Del trabajo con Julio Castillo nació la compañía La Banqueta y fue con esa misma que Gustavo llegó a Querétaro. Era el año de 1986 y en Querétaro se tenía el proyecto de hacer una Compañía Estatal de Teatro, a la cual Gustavo Ingresaría. Pero en 1991 con la desaparición de la Secretaría de Cultura y Bienestar Social, desapareció también el proyecto. Silva trabajó en teatro de calle durante los primeros cuatro años que vivió aquí y significó la alternativa a las compañías que existían: Los Cómicos de la Legua ya habían dejado el teatro callejero por su mesón de Guillermo Prieto. El Corral de Comedias se presentaba sólo en su casona de Venustiano Carranza; y la recién formada Compañía Universitaria de Repertorio, que actuaba en el Patio Barroco dirigida por Rodolfo Obregón.

Las compañía La Banqueta recorrió las calles de todo Querétaro. Trabajó con los programas de SEP- Cultura e ISSSTE-Cultura para los que realizó en compañía de la actriz Ruth de la Colina más de 2000 funciones a lo largo y ancho del país. Estando en Querétaro, ganó en dos ocasiones el apoyo del FONCA para creadores a nivel nacional y las mismas veces a nivel estatal; en 1995 obtuvo el apoyo del centro regional de Formación y Producción teatral de la región centro Occidente, coordinado por Luis de Tavira con la obra La Boda de Bertold Brecht. Antes, en 1994 ganó con La cruz en el Espejo de Coral Aguirre las Muestras Estatal y Regional de Teatro, ganando el derecho de representar a Querétaro en la Muestra Nacional en la Ciudad de Monterrey.

¿Cuál es la diferencia de actual en el Teatro Degollado de Guadalajara y actual en una plaza de calle?

"Para mí, ninguna. Cada uno representa un reto, recuerdo unas palabras de Juan Felipe Preciado mientras montábamos El marido en el Teatro de la Nación, que comentó: Aquí el único que proyecta su voz profesionalmente es Gustavo, ¿quién fue tu maestro?, yo respondí: la calle. Sin negar a mis maestros, donde realmente cotejé y probé a fondo la práctica sobre la teoría del uso de la voz, fue en la calle. Y ajustar la voz al teatro, es un nuevo reto. Por eso tengo versatilidad, porque he dado funciones desde arriba de un escritorio en una comunidad campesina, hasta en el Teatro Ferrocarrilero... sé lo que es estar ahí".

Y esto le ha permitido también adaptarse a Noches de Leyenda, porque se adapta a los diferentes públicos y diferentes escenarios.

La primera obra que escribió en Querétaro cuando llegó, a petición de la Secretaría de Cultura y Bienestar Social, fue la comedia Qué Querétaro, una comedia de crítica política.

Cuando llegó a Querétaro, afirma que existía la visión corta "de que no le pagas a los actores, sólo al director. Entonces cómo quieren que pidamos a un actor trabajar ocho horas diarias si no son capaces de darle ni para el taxi" refiere Silva respecto del fallido intento de formar la compañía estatal de teatro, allá en los años años 80.

¿Todavía tenemos esta "visión corta"?

"Creo que sí, no quiero balconear pero me ha pasado recientemente que presentas un proyecto y te dicen: qué padre, pero para ti sí hay dinero, para los actores no".

¿Y a qué lo atribuyes?

"Quizás se formó porque hubo muchos años de teatro amateur, con los Cómicos de la Legua, que era universitario y no se les pagaba".

En los años 90 fue un momento de multiplicación en el teatro. Gustavo Silva divide los momentos del teatro queretano en, desde la formación de los Cómicos de la Legua, El Corral de Comedias, hasta la llegada de Rodolfo Obregón y la formación de la Compañía Universitaria de Repertorio -CUR-, que en los años 90 marcó una gran influencia. Después de esto, la llegada de mucha gente de fuera y, en particular, el taller que se formó con Luis de Tavira y que agrupó a muchas compañías de teatro. "Hubo una época en la que todos tenían camisetismo, y hasta el público marcaba las diferencias". Los de los Cómicos de la Legua no podían ir a ver al Corral de Comedias, "o los de la CUR no te iban a ver porque tu estabas con la Secretaría de Cultura. Pero en 1994 se dio este taller de Formación y Producción teatral y todos nos pusimos a trabajar".

Otro punto importante fue el comodato del Teatro del IMSS, que congregó compañías. Cuando inició, los primeros montajes fueron Titus Andrónicus dirigida por Uriel Bravo, Akukum dirigida por Román García y Los dos soles dirigida por Gustavo Silva, unió al gremio de esa época que ofreció hasta cinco funciones diarias "esa fue una etapa importante en el teatro local; y por supuesto la creación de la licenciatura en Artes Escénicas, pero algo trascendental fue la apertura del Museo de la Ciudad, en donde podemos estar todos y hemos podido usar los espacios de ahí".



LA EXPERIENCIA EN GRECIA



En el año 2000 recibió la convocatoria para participar con su grupo de teatro estudiantil del CEDART "Ignacio Mariano de las Casas" en el I Concurso Nacional de Teatro Trágico Griego organizado por el Instituto de Cultura del Gobierno de la Ciudad de México, el cual le otorgaba el derecho de representar a Querétaro en los juegos Panhelenicos en la Ciudad de Atenas, Grecia. La condición era no quitar ni una palabra de la obra elegida y, además, montarla en pocos meses.

La obra a representar fue Las Coéforas, de Esquilo y los alumnos del CEDART pusieron tanto empeño en participar que Gustavo quedó sobrecogido y no pudo negarse. A partir de ese momento empezó el proceso de preparar a los jóvenes actores para representar personajes tan complejos como son los de Esquilo en sus tragedias. Gustavo dice: "cuando el universo dice sí, yo te apoyo, todo se resuelve". Para encarnar a los personajes, Silva se remitió a la esencia del hombre: las pasiones "los adolescentes están llenos de pasiones así que por ahí me fui, les acerqué sus vivencias personales, dolores y sinsabores propios al texto" cuenta que la experiencia fue un rompimiento emocional porque se remitieron a los anhelos y deseos más profundos "cuidando a los chavos, claro, porque yo no soy terapeuta así que siempre les digo que si un ejercicio detona algo que no pueden controlar, que vayan con un especialista".

Ganaron la convocatoria y viajaron a Grecia, donde también obtuvieron el primer lugar y el reconocimiento de la prensa griega e internacional con su presentación en el Teatro Egaleo de Atenas, lo que prolongó su estancia por tierras griegas de 7 días a 23; realizaron funciones en otras partes de Grecia como Delfos, Parnaso y Colonos y ante actores de la Compañía Nacional de Teatro Griego.

¿Qué significó como maestro, actor y persona, la experiencia de Grecia y la trilogía resultante?

"Pues Arturo Beristáin -del gobierno del DF- y yo lo platicábamos cuando estábamos allá y vimos a los chavos actuando, dijimos: ellos están en un escenario en Grecia actuando teatro griego, es algo que cualquier actor soñaría con hacer. Y para mí fue como vivir un sueño a través de otro con una gran plenitud. Verlos con toda esa entrega, nunca se me va a olvidar".

También fue una culminación de un proceso y el inicio de otro, porque Gustavo Silva tiene como filosofía que cuando algo termina es porque otra cosa tiene que comenzar. Así nació el proyecto "Trilogía", que con el apoyo del FONCA, consistió en tres puestas de Sófocles y la que le valió el premio a lo mejor del Teatro en Provincia 2004 otorgado por la Asociación Mexicana de Críticos de teatro con la obra Edipo Rey. Antígona, Electra y Edipo Rey se presentaron exitosamente en el Museo de la Ciudad.

¿Qué significó, en tu opinión, esta experiencia de hacer teatro griego para Querétaro?

"Siempre se habla del los clásicos y en la escuela siempre los vemos, pero está difícil entrarle y nosotros, al hacerlo, demostramos que los griegos son como cualquier otro, sus emociones, pasiones e inquietudes son como las nuestras. Hay muchas maneras de tocar a los clásicos, no hay que tenerles tanto respeto reverencial".

La placa por las cien representaciones la debeló Ignacio López Tarso, quien tiene en Edipo Rey a una de sus mejores interpretaciones como actor de teatro clásico en México; cuando Silva lo invitó, puso la condición de que si no le gustaba la obra, se iría. Pero el primer actor aplaudió de pie la interpretación y con gusto debeló la placa y felicitó al muy joven actor Dante Irrera. "Edipo Rey fue la unión de mucha gente que sabe hacer su trabajo y lo hace bien" concluye Silva.



FALTA MIRAR FUERA DE LAS FRONTERAS



Para montar Trilogía Gustavo y "La compañía", su grupo de teatro, continuaron la labor que había empezado el grupo "El mitote" de Abelardo Rodríguez, en lo que fuera la cancha de básquet ball del PRI, hoy Museo de la Ciudad; limpiaron y empezaron a acondicionarlo para montar ahí puestas en escena. Con el tiempo y la ayuda del PAICE, ese lugar es hoy el Multiforo de dicho museo, el espacio más solicitado por los artistas escénicos locales.

¿Qué te dio el teatro Queretano cuando llegaste?

"Cuando llegué sí tuve la sensación de estar en un lugar en el que el tiempo se detuvo. Yo traía esta idea de hacer un teatro más experimental, de utilizar objetos y espacio de diferente forma, etc. y no había mucha disposición al cambio. Reconozco mucho el apoyo que nos dio Paco Rabell en el Corral de Comedias y creo que ahora estamos en una etapa en la que necesitamos dar un brinco, hay buena cantidad de gente que ya ha salido, viajado y tenido muy buena formación".

¿Qué hace falta al teatro local?

"Dar un salto que nos permita llevar al teatro queretano fuera de las fronteras, hay cierto conformismo con vernos entre nosotros y lo que nos hace falta es decir: aquí estamos, vamos allá aunque nos pongan como lazo de cochino".

¿A quién llevarías?

"Habría que pensar en las propuestas de los grupos, las propuestas personales. Por ejemplo, yo quise llevar Online a La Gruta, pero no se pudo. Es decir que me interesaría llevar lo que yo escribo y así deben hacerle otras compañías, llevar sus propias propuestas".

¿Qué tipo de actor, escritor y director eres?

"... (risas)... Yo soy un amante de la naturaleza humana, si yo pudiera decir que hay otra pasión en mi vida, es el conocimiento del ser humano, me conmueve y me considero una persona muy cercana al ser humano, a sus contradicciones y todo lo que le sucede. Desde niño me han llamado la atención las grandes contradicciones del ser humano, siempre pienso como actor, maestro o director cómo decir las cosas más humanas. Para mí, ver a un alumno llegar el primer día de clases tímido y lleno de temores y luego verlo en escena, libre, es como parir un hijo".

¿Y qué le sucede ahora al ser humano que te preocupe?

"Me preocupa mucho que hemos perdido empatía, ya no sabemos ponernos en el lugar del otro; y a partir de ello es que estoy escribiendo una obra".

Gustavo Silva empezó a escribir en Querétaro; su primer texto fue Qué Querétaro pero no se considera dramaturgo "Me considero un escritor teatral con mucha inquietud, yo puedo decir que el teatro me invitó como actor y yo tomé el reto, después me invitó como director y yo acepté, profundicé y me traté de formar lo más que pude; y cuando me invitó como maestro, tomé el reto y ahora me invita a la escritura y trato de hacerlo con decencia".

El personaje de Don Bartolo implica para Gustavo Silva un tránsito entre el escritor de teatro, el actor y el director, al preguntarle cuál tiene más poder, responde: "es muy interesante, casi siempre el que se sale con la suya es el actor, aunque la lucha más fuerte se da entre el dramaturgo y el director, porque hay cosas importantes que quieres decir pero a la hora de pasarlas a la escena, se vuelve muy discursivo... entonces busco la manera de decir las cosas actuando".

Tiene muy claro cuáles son los personajes que más ha disfrutado a lo largo de su carrera. Sin duda, el primero, El Pinto. Pero también El Dottore, de la Comedia del Arte que le llevó doce meses de preparación "era un viejo lujurioso que hasta hacía acrobacias". También el juez Pao Tscheng, del Círculo de tiza chino, un juez del siglo XIII "muy difícil para mí porque tuve que comprender la psicología de una persona así". De sus giras con el ISSSTE disfrutó muchísimo El Mamerto, de El país del hambre, que era el típico peladito mexicano de buen corazón. De Querétaro, en 1993, el Arzobispo Seigas con el que ganó la Muestra Estatal de Teatro y viajó a la nacional. Este personaje era un misógino terrible, que odiaba el agua y el teatro "y yo que soy un amante de la naturaleza femenina, del agua y del teatro..." La Muerte Gay, de Cierren las puertas "el cual disfruté mucho y mis amigos homosexuales me felicitaron". Y otro fue Titus, "porque disfruté mucho entrar en su complejidad, siempre me han impactado los contrastes del hombre".

¿Y cuál es el personaje que te hace falta?

"Híjole... el Rey Lear, nunca lo he interpretado pero tengo la esperanza de que algún día se me haga".