Barroco
Más vocación artística y menos macramé
Diario de Querétaro
17 de octubre de 2009

Armando Arias

Querétaro, Querétaro.- Saludamos el atinado nombramiento de la Mtra. Paulina Aguado, como titular del Instituto Municipal de Cultura de Santiago de Querétaro. Su gestión, al frente de la Galería Municipal, estuvo signada por acciones incluyentes, de apertura y don de gente.

El desempeño exitoso de su nueva responsabilidad dependerá del apoyo en infraestructura y recursos humanos, que reciba para llevar a cabo los programas que en beneficio de la cultura municipal esperamos los queretanos de la capital. Este éxito también estará condicionado por los vientos que soplen a favor o en contra de una auténtica política nacional cultural.

Pero hay una veta factible de explotarse independientemente de las sequías culturales de la federación: Las Casas de Cultura. Instituciones capaces de generar procesos para el desarrollo cultural de la ciudad, espacios naturales para abordar temas de interés general como la descentralización, la participación ciudadana, el trabajo concertado y la gestión interinstitucional. Sí, algo más decisivo que los cursos de macramé.

Y es que desde su creación, en la década de los sesenta en Europa, y en la década de los setenta en México, las Casas de la Cultura se perfilaban como espacios para promover y fomentar la creatividad y el desarrollo artístico, pero también como espacios posibles para la convivencia, la diversidad y el reconocimiento. Fue en la década de los ochenta cuando la influencia nacional de casas destacadas, como la de Juchitán en Oaxaca, o la de Aguascalientes, en el Centro del país, hicieron ver al Estado Mexicano que las Casas de la Cultura podían llevar demasiada conciencia educativa y cultural a una población, de la cual se espera que solamente el pan y el circo les sean gratos.

El papel de liderazgo de las Casas de Cultura, en el marco de los procesos de organización y participación del sector cultural, es todavía posible, si se recuperan objetivos fundacionales de las Casas de Cultura, como el de promover la integración de la comunidad a las distintas manifestaciones culturales, a través de la participación activa de todos los sectores, contribuyendo así al aprovechamiento del tiempo libre de acuerdo con los intereses comunitarios, edades y preferencias. Servir como núcleo coordinador para respaldar y conjugar los esfuerzos de otras organizaciones existentes en la comunidad que están relacionadas con el área cultural y apoyar los nuevos valores artísticos mediante estímulos y acciones concretas. Propiciar entre la comunidad la preparación de un publico potencial capaz de reconocer y apreciar los diversos elementos que conforman las manifestaciones artísticas.

Y es que sin pretender convertir a las Casa de Cultura en tertulias de conspiradores, como lo hizo doña Josefa Ortiz de Domínguez en la casa del Dr. Parra, mucho se recuperaría si se redefiniera que las Casas de la Cultura son espacios con el objetivo de contribuir a la conservación de las tradiciones, fomentar el gusto por el arte y ayudar al descubrimiento de vocaciones artísticas, ofreciendo alternativas culturales y de oficio para el desarrollo del individuo, reconociéndolas como el principal centro de promoción cultural y artístico de la comunidad, tomando en cuenta las características propias de la población, respetando sus costumbres y tradiciones.

El apoyo que requeriría la Mtra. Aguado, sería la dotación de espacios suficientes y bien acondicionados para el desarrollo de las actividades, contando con los recursos humanos capacitados y bien remunerados, para sí propiciar un intercambio fructífero entre las Casas de la Cultura, que redunde en la superación cultural que como queretanos nos merecemos.

armandoariaslopez@yahoo.com.mx