Opinión / Columna
 
Feng Shui 
CARREREANDO LA CHULETA
Diario del Sur
21 de junio de 2016

 

Por Ronay González

HASTA LAS PIEDRAS CAMBIAN



En este mismo momento podrías estar donde fuera haciendo lo que se te ocurriera, sin embargo, muy probablemente estés sentado solo, y con los ojos sumidos en una pantalla, ya sea de TV, de teléfono, de computadora o frente al periódico. ¿Qué es lo que te impide hacer lo que quieres o estar donde quieres? Porque de hecho todos los días te despiertas en la misma habitación y sigues la misma rutina, básicamente repites lo que hiciste el día anterior.

Sin embargo, hubo un tiempo en el que cada día era una nueva aventura, las horas eran pocas para todo lo que se te ocurría, pero en algún momento eso cambió: ahora todo es rutinario.

¿Eso es crecer, ser libre? Los alimentos, la tierra, el agua... pareciera (¿o así será?) que todo aquello que necesitamos para sobrevivir es propiedad de las corporaciones, ya no hay frutas en los árboles de los caminos (de hecho ya ni siquiera hay árboles en los caminos), ni agua limpia los arroyos, ni terrenos donde se pueda construir libremente una casa, si intentas tomar lo que provee el planeta, irás preso, no hay más.

Nos dedicamos entonces a obedecer reglas, descubrimos el mundo a través de un libro de texto, pasamos años sentados repitiendo lo que nos dicen. Nos ponen a prueba, nos clasifican como ratones de laboratorio, nos educan no para hacer la diferencia en este mundo, sino para ser igual que el resto, nos permiten ser lo suficientemente inteligentes como para hacer nuestro trabajo, pero no para cuestionar el por qué lo hacemos.

Trabajamos tanto que no nos queda tiempo para nada, nos dedicamos a hacer lo que sea necesario para encajar en el molde que nos ha impuesto esta sociedad y nada más. Los niños a obedecer sin preguntar, los jóvenes a estudiar de manera ordenada, sin pensar, o a trabajar para producir, educados en la enseñanza del aprendizaje lineal; los adultos a continuar con el esquema y los ancianos a ser ignorados.

Somos dos sociedades las que nos desenvolvemos en tiempos muy cercanos pero al parecer distantes, la primera en donde se mueven los que quieren un cambio (o eso dicen) pero le gusta estar en la protección gubernamental, quieren cambiar pero que no los dejen de "apoyar", no se atreven a renunciar a aquello que a la larga les hace más daño que bien, no sé si porque es más cómodo o porque de verdad les han metido en la cabeza que no hay otra forma.

Y por el otro lado tenemos a los que quieren algo distinto, pero son tantas cosas las que hay que mejorar que no se ponen de acuerdo con cuál empezar, entonces están en constante lucha pero poco avanzan.

La verdad es que nos hemos hecho comodinos, opinamos a favor y seguimos a quien dice las cosas más incendiarias, aunque después se contradiga, o como dicen en mi rancho recule.

Decimos que los políticos ideales son las personas capaces, propositivas, honestas, pero si sale uno "bonito" (como los chuchos), que regala harto dinero, con la camisa arremangada y nos dice que es el "salvador de México": gana.

Nuestro individualismo nos está acabando y si no comenzamos a plantearnos las mejores estrategias para salir adelante como sociedad y nos unimos por el bien del país -no de unos cuantos o sólo de nosotros mismos- seguiremos exactamente igual, lo cual no es nada bueno, nomás mire a su alrededor y dígame qué ve: vandalismo, pobreza, analfabetismo, tristeza, en fin, los cambios no son fáciles, pero tampoco tan difíciles como nos quieren hacer creer.

Cuidar el ambiente, no contribuir a la corrupción, no verle la cara al otro, ayudar al vecino discapacitado, enseñar al compadre que no sabe leer, son pequeños pasos que podríamos empezar a dar, y tal vez nos demos cuenta que somos muchos y que vale la pena. Ni siquiera las piedras son las mismas, todos los días son una milimicra más grande o de repente pueden romperse y volverse muchas. La diferencia es que no depende de ellas en qué se conviertan.


 
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