Opinión / Columna
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A doble espacio
Enrique A. García Cuéllar
18 de noviembre de 2010
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Enrique García Cuellar
Fueron mil 230 ejemplares de Diario del Sur que aparecieron bajo mi dirección, lo cual me deja lleno de satisfacción y de experiencias de las más diversas, como las que siempre enfrenta el director de un periódico, eterno responsable de lo que aparece y de lo que no aparece en el informativo a su cargo.
Ha concluido una etapa más en la carrera que abracé con decisión hace más de 45 años, cuando la vocación segura me empujó a ser comunicador, ya de la publicidad, de la información, de la opinión y hasta del diseño si nos ponemos generosos.
Agradezco al Presidente y Director General de Organización Editorial Mexicana, Don Mario Vázquez Raña, la confianza irrestricta, jamás quebrantada por las fallas que indudablemente tuve, pero que siempre fueron benignamente ignoradas voluntariamente por nuestra máxima autoridad. Jamás experimenté restricción alguna para publicar lo que me pareció oportuno, periodístico. Deseo dejar el testimonio claro y firme de que nunca, en casi cuatro años, recibí una censura o alguna observación siquiera, de quien lleva el timón de esta enorme nave de la información y de la opinión. Ello me alentó día a día a cumplir con el objetivo encomendado, que no es otro que la crítica fundamentada y el profesionalismo, metas exigidas cotidianamente en este quehacer grato y siempre recompensador.
Hoy agradezco al poderoso equipo de Diario del Sur su apoyo y su decisión firme de encabezar el esfuerzo de la información en la Costa de Chiapas, región altamente vulnerada y vulnerable por flagelos ancestrales, oportunamente señalados en las páginas de este rotativo.
Gracias, desde luego, a los lectores, fin último de las letras que escribimos, del trabajo de una enorme cadena de producción diaria, titánica, destinada exclusivamente a servirles, para reflejar su pensamiento y sus anhelos.
Habré de iniciar un nuevo peldaño en esta carrera profesional asumida con pasión y con las neuronas que me tocaron en la siempre inicua repartición. Ya sabremos cómo se define el futuro de quien siempre ha creído en sus propios valores, en su tabla personal como principal impulsor de las acciones que definen la vida personal y profesional.
Gracias a Tapachula y la región, donde nada más encontré manos fraternas, cálidas en más de un sentido y, desde luego, la generosa amistad, la carcajada festiva y la preocupación compartida por nuestros problemas comunes. Hasta la vista.
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