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Opinión
![]() Los Grandes Días
Manuel Mejido
Corrupción, impunidad y cinismo
Organización Editorial Mexicana
4 de septiembre de 2008
* Detenciones, renuncias y declaraciones insuficientes
* México no teme la "colombianización", sino al revés * La historia debería servir a los funcionarios públicos Los primeros resultados de las marchas, además de los cientos de declaraciones inútiles, fueron la renuncia de Roberto Campa Cifrián a la Secretaría Ejecutiva del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en un acto de vergüenza o de oportunismo, así como la detención de una banda de secuestradores y las declaraciones del subsecretario de Seguridad Pública. En ninguno de los tres casos hay nada sustancial ni que genere un cambio en el desorden en que se debate México. La renuncia de Campa Cifrián puede considerarse como un acto de vergüenza política, en el caso de que públicamente se considere incompetente para frenar la inseguridad en México. Pero Campa llegó a ese cargo impuesto por Elba Esther Gordillo, y la secretaría que ocupaba, desde el 22 de enero del año pasado, debía desaparecer de acuerdo con las reformas promulgadas por Felipe Calderón el 20 de agosto pasado. La detención de 20 plagiarios no remedió nada de fondo, ni calmó los ánimos del pueblo, menos aún, porque, según los ciudadanos más resentidos con el Gobierno por lo que ocurre dijeron que la Policía Federal Preventiva se equivocó en sus operativos. En lugar de presentar cuatro secuestradores muertos y 20 detenidos, las cifras debieron ser a la inversa. Cuatro detenidos y 20 muertos que es por lo que la ciudadanía clama. Se ha llegado en México a tal cinismo que los miembros del crimen organizado y del narcotráfico cometen sus delitos, los agentes del Ministerio Público, mañosamente (vendidos al mejor postor), los consignan mal y los jueces tienen que dejarlos en libertad. Así se produce el triste tránsito de los criminales entre la puerta de entrada a las cárceles y la de salida. Durante una entrevista al término de la ceremonia del XXIII Congreso Latinoamericana de Seguridad Bancaria, el subsecretario de Seguridad Pública Federal, Monte Alejandro Rubido García, concedió una entrevista de prensa y sus declaraciones fueron un compendio de ignorancia y de cinismo. Dijo que "México está lejisímos de una colombianización", porque en ese país de Sudamérica "había zonas en poder de los grupos delincuenciales, narcotráfico, guerrilla y paramilitares, situación que no ocurre aquí." El desconocimiento de Rubido García es digno de un monumento a la ignorancia, porque desconoce o es lo suficientemente sucio para omitir que en México hay dos guerrillas con territorios ocupados. La que encabezó el subcomandante Marcos desde el 1 de enero de 1994, en Chiapas, y la del Ejército Popular Revolucionario, en Guerrero. ¿O acaso Monte Alejandro Rubido hablaba de otro país y no de México? Y, para que esté bien enterado este funcionario público desinformado, los colombianos temen la mexicanización de Colombia. Las medidas que se están tomando falsamente para acabar con el crimen organizado y el narcotráfico son una engañifa más de las autoridades. En 1799, Napoleón Bonaparte nombró ministro de la policía a José Fouché, quien de inmediato rindió los frutos para acabar con el hampa, no sólo en París, sino en toda Francia. La técnica empleada por Fouché, que era un hombre inteligente, cualidad que no se aprecia en ninguna de las autoridades mexicanas, se informó perfectamente quiénes eran los grandes jefes de la delincuencia en Francia. Los más prominentes eran seis. Fouché los reunió en su oficina, teniendo a su derecha tres cerros de expedientes y a su izquierda otros tantos. Los rufianes estaban de pie frente al ministro de policía. A cada uno de ellos Fouche les fue diciendo: -Señor Dubois, a mi izquierda, en el primer lugar, tengo los suficientes documentos para mandarlo a la guillotina ahora mismo. El habilidoso Fouché siguió en el mismo tono con el resto de los rufianes para los que tenía lista el hacha del verdugo. Finalmente, los sentenció ordenándoles que cesaran en sus actividades delictivas en ese momento o todos pasarían de inmediato al patíbulo y sus cabezas rodarían. Fouché limpió a Francia del crimen y, por lo mismo, fue ministro de policía de 1799 a 1802 y, más tarde, de 1804 a 1809. Por desgracia, en México no hay ningún Napoleón Bonaparte al frente del gobierno ni un José Fouché en la policía. Pero tampoco hay personas cultas y preparadas que conozcan la historia y puedan sacar lecciones favorables de ella. En el país, las autoridades se pierden entre la corrupción, la impunidad y el cinismo, mientras la ciudadanía, cada vez más reclamante, eleva su grado de irritación. El resentimiento social se ha salido de control. Aunque parezca una perogrullada, México marcha al revés y sus gobernantes siempre tiene problemas para las soluciones. mejido@elsoldemexico.com.mx Columnas anteriores
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