Opinión
Los Grandes Días
Manuel Mejido
El México bronco

Organización Editorial Mexicana
2 de septiembre de 2008

* Demandan esperanzas. Recibirán mentiras como respuesta

* ¿Cómo frenar la delincuencia mientras aumenta el desempleo?

* Con jueces corruptos, la pena de muerte no solucionará nada

La cuarta manifestación del pueblo, ahora mal llamado sociedad civil, tuvo las mismas demandas que las efectuadas en 1997, 1998 y 2004, aunque esta vez con más coraje. Ahora fue una auténtica marcha de mesa redonda, porque no tuvo cabezas que buscaran protagonismos ni publicidad personal.

Los mexicanos hicieron demandas de esperanza y, seguramente, obtendrán respuestas de mentiras. Como ocurre desde los estallidos pacíficos de la ciudadanía de 1997, los gobernantes, acusados de ineptos y corruptos, sólo harán declaraciones, mesas de diálogo, presentarán proyectos y más proyectos, mientras la delincuencia y los cárteles de la droga se fortalecen.

Por encima de las promesas y las mentiras de los gobernantes, siempre estarán los hechos. Hasta el domingo pasado, a 21 meses de gobierno calderonista, se han producido en la república 5 mil 511 asesinatos relacionados con el narcotráfico y la delincuencia organizada. Esa es una realidad que nadie puede negar.

Haga usted la cuenta y verá que los asesinatos en México son más numerosos que los dejados por la guerra de rapiña de Estados Unidos en Irak en el mismo periodo.

Después de las tres anteriores marchas por la paz, la justicia y contra la delincuencia, los gobernantes dieron respuesta inmediata. Se soltó la verborrea desde Los Pinos hasta el último municipio de la república, surgieron organizaciones no gubernamentales (en apariencia pero manipuladas desde el poder) y el país se cubrió con una ola de promesas no cumplidas ni por Ernesto Zedillo ni por Vicente Fox.

Ahora le toca el turno de resbalarse todo y argumentar que de lo dicho no hay nada, al gobierno de Felipe Calderón, aunque se está encontrando con un pueblo más reclamante y beligerante.

Ya empezaron a hacerse los ofrecimientos de siempre, modernización de las policías y sistemas de justicia, especialización y capacitación a los cuerpos policíacos, una red de registro de delincuentes dentro y fuera de las corporaciones, mayor presupuesto para la lucha contra el crimen y las mismas zarandajas que todos conocemos.

Pero siguen en grande la corrupción y la impunidad que son los padrastros de la mayor parte de los males que aquejan al país. ¿Cómo frenar la delincuencia si cada día entran más mexicanos a los estratos de pobreza, y se han perdido hasta el momento un millón 220 mil plazas laborales en dos años, cuando Felipe Calderón se proclamó el Presidente del Empelo y obtuvo muchos votos por esa frase de campaña?

Se propuso ahora, como ocurrió hace muchos años, que haya un consejo ciudadano para vigilar de cerca las acciones que las autoridades emprendan contra la delincuencia. Bella utopía que jamás servirá para nada. Mientras las decisiones se tomen desde el poder, ningún ciudadano tiene nada que hacer incrustado en el perverso mundo de la corrupción gubernamental.

En tanto que los altos mandos del Ejército, la Marina, la aviación y de las policías de todo el país permanezcan intocables no habrá cambio posible. Nunca las infanterías han dado órdenes a los generales.

Una gran medida que exige grandes tamaños de los gobernantes es despedir a todos los altos mandos, sustituirlos de inmediato e iniciar una auténtica refundación de las fuerzas armadas y las policías, con la energía suficiente para encarcelar a las centenas de rufianes que se refugian en esas instituciones para cometer delitos impunemente.

En Estados Unidos existen 44 grandes fábricas de armas que exportan vía legal (al través de los gobiernos) e ilegal (con el contrabando) todo tipo de ametralladoras, explosivos, granadas, bazucas, etcétera. La Casa Blanca hace ojos ciegos y oídos sordos a esa situación que está en su mano controlar.

Un gobierno nacional con vergüenza y energía tiene que hablar directamente con el Presidente de los Estados Unido y hacerle ver que México dejará pasar hacia ese país todas las drogas habidas y por haber, si se sigue teniendo la misma laxitud con que se contrabandean armas del norte al sur.

Todos quisiéramos que se impusiera la pena de muerte a los asesinos, violadores, asaltantes en despoblado y secuestradores, pero México es un país tan penetrado por la corrupción que nadie está dispuesto a poner la vida de una persona en manos de jueces, que por dinero dejan libres a los culpables y mandan a la horca a los inocentes.

Las grandes marchas en donde el pueblo se expresa libremente en contra de sus gobiernos, por su falta de efectividad, lo único que hacen es aumentar el número de desencantados, desilusionados e inconformes con la realidad que vive el país y que cada día aflora por encima de las manipulaciones mediáticas, de las campañas publicitarias en televisión y de las simulaciones de los gobiernos.

Ojalá y esta vez sea diferente. Pero el análisis de lo ocurrido anteriormente no es más que un panorama repetitivamente desconsolador. Es la crónica dolorosa de un país sin rumbo y muy cerca de la ingobernabilidad.

Quienes hablan de que los focos se encendieron, por supuesto con la maravillosa habilidad mexicana para encubrir la realidad, omitieron señalar que el peligro está más cercano de lo que se supone.

Como decía Jesús Reyes Heroles: hay que tener mucho cuidado de no despertar al México Bronco.

mejido@elsoldemexico.com.mx
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