Cultura Local
El Niño de las Palomitas, veinte años de un santo despojo
Este día 7 de enero, en la celebración del Niño de Las Palomitas en Tacoaleche decenas de peregrinaciones con miles de fieles como todo el año, acudirán a dar gracias. Foto: El Sol de Zacatecas
El Sol de Zacatecas
7 de enero de 2010

San Carlos, Guadalupe, Zacatecas.- /Ya amigos pastores ya es tiempo de ver, a la Virgen Madre con su hijo en Belén...a la Virgen Madre con su hijo en Belén... Vamos a mirar con gozo y placer, nace de una vara la flor de José; nace de una vara la flor de José/, dulcemente canta la alabanza.

Sentada luego de haber dejado a un lado su andadera, se coloca cerca de su telcel fijo.

Allí atiende su pequeño puesto de dulces en donde hace tres décadas fue una exhibición interminable en que cientos de devotos del Niño Jesús, Santo Niño de Atocha y denominado aquí: Niño de las Palomitas, adquirían infinidad de recuerditos.

Hoy para que uno que otro mayor o niño se acerque y si no traen dinero porque no lo hay, reciban un dulce.

A sus espaldas un retrato muy especial, el de su esposo y fiel compañero: don Salvador, quien a los cinco días de haber posado para el retrato falleció un 25 de junio del año 2004.

A tan sólo diez metros se encuentra la pequeña iglesita que en su honor se erigió; muy limpia y cuidada con una imagen del santito con su vestido azul, bien sonriente posa y reflejando una paz, como la de la familia que lo custodia.

La Sra. Catalina Neri Loera, ya cubrió los 75 años de edad, de mente lúcida a pesar de que hace no menos de 42 años se le detectó diabetes, una de las razones por las cuales evita hablar acerca del cómo nació aquí la veneración al Santo Niño: "no tiene caso, es como cuando se tiene una herida y se les está rascando".

Sin embargo para miles de católicos no pasa desapercibida esta fecha, ni sus antecedentes.

Como el que la hermana de su madre, es decir su tía María Magdalena Loera Trancoso, religiosa de la congregación de las Madres Clarisas y que se ubica en la calle Miguel Alemán de la colonia Sierra de Alica en la ciudad de Zacatecas, conociéndola que era muy devota del Niño Jesús, le llamó en varias ocasiones para entregarle la imagen que el "padre Clemente" había traído de España.

Igual número se negaron a recibirla, pero ante la insistencia de que lo tuvieran para que fuera el patrón del rancho, y que además era muy milagroso, es que aceptaron.

No sin dejar pasar por alto que allí era el último rancho de la región y en consecuencia: ¿quién lo iba a visitar?

Una y otra vez, nuevamente se les mandó llamar y se les dijo que: "este niño es para ustedes; es un regalo".

-"Pues el niño quiere irse con ustedes así que le hacen un pesebre".

¿Qué hacemos? -le pregunto Don Salvador a su esposa.

Pues el niño querrá irse con nosotros. Tanto que le rezo todos los días -respondió doña Catalina.

Fue así como llegó al lugar y de inmediato se mostró; Jesús Manuel, uno de sus cinco hijos (Francisco, María Lucía, Salvador y María de Jesús), que le sobreviven de quince que tuvo fue arrollado por un tractor y se salvó de milagro.

Así vinieron uno tras otro y la voz se comenzó a correr por las poblaciones cercanas, en el interior del estado, el país y el extranjero.

Don Salvador Villalobos González, al ver que creía el número de visitantes y se debía tener un lugarcito digno para que lo veneraran comenzó a levantarle una capilla, y para el efecto así vendía sus borregas, sus vacas lo que tenía para dedicárselo al templo.

No sin pasar apuros como en cierta ocasión le refirió a doña Catalina: "mija, ya no vamos a ocupar a los albañiles, ya no voy a tener con que pagarles; vamos a dejarlo sin piso, nomas la obra negra; no tengo dinero"

Ella triste le pide al Niño que los socorriera para seguir adelante, y mas pronto que tarde llegaron unos rancheros de San Jerónimo a comprar seis borregos grandes y con eso se continuó.

A los visitantes se les ofrecía gorditas de cuajada, tortas, chiles curtidos, cajeta de leche, todo lo que se podía a base de sacrificios para seguirle con su pequeña obra de fe.

Pero lo que se juntaba de dinero era para el clero, que para los seminaristas, la Iglesia, y ellos mismos así como ponían las alcancías las abrían y se llevaban el contenido; al frente un sacerdote primo del padre Conrado Puente. Lo que se recolectaba de misas y de limosnitas como de las peregrinaciones de Michoacán, del Edo. de México, Estados Unidos, Guanajuato, Jalisco, todo conducía al mismo camino.

Si bien el padre encargado de la capillita lo fue el padre José Rodríguez, igual oficiaron los sacerdotes: Luna, Zarazúa, Medina, Goyito, y muchos otros.

La veneración creció a tal grado que la Iglesia Católica y el Obispado de Zacatecas creyó conveniente apropiarse del manejo administrativo y religioso del Santo Niño, en virtud de que ese tipo de funciones no se les permitía a los laicos, en ningún lugar del mundo.

La familia Villalobos le ofreció al Obispado más terreno para ampliar las instalaciones y que ellos se hicieran cargo en el lugar de todo, pero se les pidió que se fueran de allí para hacer un santuario, ¿pero era de su propiedad en la parte del ejido, cómo irse, y a dónde?

Comenzó una serie de desavenencias y pequeños conflictos que dejó muy lastimada a la familia y a muchos feligreses.

Hubo infinidad de malos ratos y advertencias de que se iría a retirar la imagen para trasladarla a otro lugar, independientemente de donde había nacido la veneración.

El día 8 de septiembre del año 1989 se realiza una manifestación que tendría destino el Obispado de Zacatecas encabezada por el luchador social y empresario Sergio Picaso, así como decenas de feligreses provenientes de San Luís Potosí, Aguascalientes y Michoacán, para buscar una entrevista con Javier Lozano Barragán, sin embargo esta fue impedida a la altura de la SEC en el boulevard "José López Portillo". El gobernador era Genaro Borrego Estrada y el Presidente de la República Carlos Salinas de Gortari.

Interviniendo por parte del Gobierno del Estado el Licenciado José Félix Frías Reyes, es que se acuerda que una comisión de cuatro personas puedan pasar a platicar el conflictivo asunto, pero no hay cambio de tono, y no se llega a ningún arreglo para evitar que el Niño sea retirado del lugar.

El 14 de septiembre del mismo año se consuma el hecho, y el notario público Tarcicio Félix Serrano da fe de cómo acompañados de la fuerza pública el clero se lleva la imagen y arrasa con más elementos propiedad de la familia, como candiles, retablos y "milagros". Aunque algo del historial se guardó, pero luego se destruyó.

De esa manera se le traslada a San Jerónimo en donde se encontraba el antiguo campo de aviación y ahora la Universidad Tecnológica temporalmente, para luego llevarlo a Tacoaleche al lugar en donde ahora se sigue manifestando la adoración.

Todo lo que allí se hizo por la familia Villalobos fue por fe, y con mucho sacrificio, en ese mismo sentido fue que se le informó a través de una misiva al mismo Juan Pablo II en su visita a Zacatecas del día 12 de mayo de 1990, sin embargo las cosas se quedaron como lo había dispuesto Javier Lozano Barragán, y quien más tarde sería su Ministro de Salud en el Vaticano.

De lo que les quedó luego de la expropiación del santo, la mayor parte de lo cuadros, rosarios y estampitas se echaron a perder en cierta ocasión en que los bomberos acudieron a retirar un "panal", mojaron todo en lugar de utilizar hielo.

Concientes de lo sucedido hace ya tanto tiempo, la familia se encuentra en paz, no desean mortificaciones y le huyen al constante acecho de quienes pretendan remover las cenizas de aquellos lamentables episodios, no obstante le agradecen a Dios por todas sus bendiciones.

Este día 7 de enero, en la celebración del Niño de Las Palomitas en Tacoaleche decenas de peregrinaciones con miles de fieles como todo el año, acudirán a dar gracias o en busca de un milagro, en cambio aquí en el rancho San Carlos la familia Villalobos contará con unas cuantas amistades pero igual con la misma devoción desde que les nació la fe: lo venerarán. Fin.

Nota .- Este trabajo periodístico no cuenta -como ningún otro del mismo autor-, con la autorización de alguno de los aludidos.