Tapachula
El Japonés Volador, un luchador tapachulteco
Jesús Ymatzu, luchador tapachulteco con sangre oriental. Foto: Diario del Sur.

Es una leyenda viviente
Diario del Sur
17 de noviembre de 2009

Rubén Zúñiga

* Compartió la arena con luchadores como El Rayo de Jalisco

Tapachula Chiaas.- A sus 82 años de edad, don Jesús Ymatzú Mendoza, recuerda con lucidez sus primeros años en los que aprendió los secretos del Judo: subió a un ring de lucha y comenzó a destacarse en diversos deportes, inclusive, daba charlas de superación personal.

Fue conocido en el ambiente del pancracio a nivel nacional con el sobrenombre de Ymatzú Matzura, el "Japonés Volador", único luchador mexicano que podía ejecutar las patadas voladoras y caer de pie.

Compartió los cuadriláteros con el Verdugo, Rayo de Jalisco, entre otros luchadores; luchó en las arenas de la ciudad de México, luego de haber participado en varios combates de judo.

Don Jesús, cigarro en mano, con marcados rasgos orientales en su rostro, expresó que su padre era propietario de unas hortalizas, que antes se encontraban en la 11ª poniente y 12ª avenida norte.

Don Jesús, es hijo de Hilario Ymatzú, migrante japonés que llegó a México para trabajar instalando las vías férreas, que van desde Suchiate hasta Arriaga.

Su padre se enamoró de Clarita Mendoza y contrajo nupcias en Pijijiapan; procrearon cinco hijos, entre ellos don Jesús Ymatzú.

Ymatzú Mendoza, ha sido reconocido por su trabajo en la lucha libre, y logró realizar giras al interior de la república mexicana, así como a Centroamérica e inclusive en los Estados Unidos.

"Luchaba en donde fuera, a donde me contrataban porque todos querían ver la patada voladora y ver que yo cayera parado", expresó.

La idea de realizar esa proeza luchistica, surgió luego que el gladiador con sangre japonesa, observa con detenimiento a los gatos, cuando saltan o caen, siempre lo hacen con sus cuatro patas.

"El gato da vueltas y cae bien, así que empecé a entrenar con un costal colgado, hasta que llegué a poner el costal a dos metros de altura, pude hacer la patada voladora y caer de pie, nadie lo ha podido igualar", relató.

Pero para que el japonés volador, llegara a ser luchador, tuvo que viajar a la Ciudad de México, donde trabajó la joyería, mientras practicaba judo.

Su agilidad y velocidad fueron las principales armas del luchador tapachulteco, originando que los maestros de Judo de la capital lo tomaran en cuenta.

Eso lo llevó a tener invitaciones para participar en la lucha libre, así comenzó a recorrer las arenas del Distrito Federal, hasta pisar la Coliseo.

A sus 25 años, ya luchaba contra consagrados gladiadores del pancracio nacional; a pesar que cada semana exponía el físico, el guerrero tapachulteco se casó a la edad de 28 años, con Gloria Romero.

La señora Gloria, es la que aún se acongoja cuando recuerda las peleas en las que participaba su marido: "a mi no me gustaba porque es peligroso, en la lucha se dan duro, se lastiman, pero es mi esposo y tenía que apoyarlo".

El veterano gladiador declaró que su propia familia había intervenido en alguna ocasión en la lucha, "una tía se quitó las zapatillas, y se levantó para ir pegarle a mis rivales".

A pesar de ser de provincia, el japonés volador, se ganó a la afición y su talento fue reconocido por varias revistas especializadas en deportes de aquella época.

Para ese momento, el peleador oriental con sangre soconusquense, se había ganado el respeto de sus compañeros y peleaba en las arenas más importantes del país, ganando alrededor de cinco mil pesos semanales por luchar.

Reconocido por su trabajo en el ambiente de la lucha, don Jesús regresó a Tapachula donde fundó uno de los primeros gimnasios de ese deporte y uno de sus cientos de alumnos fue el peleador "Gallo Sureño".

Además, Jesús Ymatzú no sólo practicó lucha libre, sino que también ocupó primeros lugares en futbol, atletismo, basquetbol, tiro con rifle y pistola.

En la actividad profesional, se destacó como uno de los principales vendedores de seguros de una empresa nacional; en su primer año logró obtener un galardón por el mayor número de pólizas vendidas.

Una pared de su casa, ha sido destinada para más de 70 reconocimientos por su participación como luchador y deportista, así como de empleado trabajador.

Don Jesús aún vive en la 11ª avenida norte, entre primera y tercera poniente, en compañía de su adorada esposa Gloria, su hija Clarita y su nieta Fátima.

Ahí, recibe a los curiosos como Diario del Sur, para contar sus proezas de luchador y también como orador en la lucha contra las drogas, labor reconocida por la Organización de las Naciones Unidas.

A sus años, el entrevistado reveló que se ha dedicado a escribir sus memorias, las cuales espera algún día conozcan la luz, y puedan ser leídas para motivar a jóvenes, niños, hombres y mujeres que busquen la excelencia en su labor.