Comunidad y cultura
República Checa, un recorrido con historia
(Segunda y última parte)
Organización Editorial Mexicana
18 de noviembre de 2008

María Esther Estrada / Corresponsal

Praga, República Checa.- Dejando atrás la zona del castillo, nos encaminaremos hacia Malá Strana, que significa "Distrito Menor". Desde la plaza de Hradcany, si se acerca al mirador, verá una calle que sale hacia su derecha y que al poco hace un giro de 180 grados. Esa es la vía Nerudova, por la que le sugiero bajar al río. Es divertido fijarse que cada casa tiene alguna identificación sobre su portal, ya sea un león rojo, una langosta o cualquier otra figura. Como antes no existían las numeraciones para las casas, esa era la manera de identificarlas. Seguramente usted diría a sus amigos: "Vivo en la casa del barco"... y nadie tendría problema en llegar a visitarlo. Pero bueno, esa calle en lo particular se llama así porque en ella se encuentra la casa del escritor checo Jan Neruda. ¿Le suena el apellido? ¿El nombre de Pablo Neruda le viene a la cabeza? Pues resulta que el poeta chileno tomó su seudónimo en homenaje al famoso novelista checo que vivió en la casa de los dos soles. ¡Cada día se aprende algo!.

Calle abajo se abre una plaza a su derecha donde además de la Columna de la Peste con la representación de la Santísima Trinidad, encontrará usted la iglesia de San Nicolás, cuyo interior barroco está decorado básicamente con mármol rosa y que todas las noches de verano es el marco de conciertos de órgano a los que asisten tanto turistas como locales. A un paso de aquí, desviándose por la avenida Karmelitská, llegará a la iglesia de Santa María de la Victoria, donde se venera al Santo Niño de Praga, que muchos católicos consideran muy milagroso y al que se supone responsable de haber salvado a Praga de la peste y de la destrucción durante la Guerra de los Treinta años. Siempre llena de gente que acude a encomendarle alguna causa, las paredes que rodean al altar están llenas de pequeñas placas, en todos los idiomas, dando gracias por algún favor recibido. Y ahí, en otro altar, también nuestra Virgen de Guadalupe escucha las oraciones de los fieles.

Después de este desvío, regresamos a la calle Mostecká que, dejando atrás la iglesia de San Nicolás, nos deja a los pies del famosísimo puente de Carlos, que en cada uno de sus extremos tiene unas torres desde la que anteriormente los soldados mantenían guardias para evitar cualquier daño al mismo. Éste fue el primer puente de piedra, es decir, permanente, que se construyó para unir los dos lados de la ciudad. A lo largo de los años se le llenó de estatuas (30), todas con motivos religiosos. Hoy es un paso peatonal lleno de turistas y de puestos de artistas que ofrecen sus fotografías, acuarelas, artesanías o incluso su música a todo aquel que pasa por ahí. Ya imaginará usted que es uno de los lugares en que conviene mantener un contacto cercano con sus bolsas, porque los carteristas hacen de las suyas entre tanto turista despistado.

Más o menos a la mitad del puente, del lado izquierdo, está una estatua de San Juan Nepomuceno. Dice la leyenda que quien la toca, volverá a Praga. Hace un año pasé por ahí, la toqué... ¡y volví! Nada se pierde con intentarlo, ¿no cree? A las pruebas me remito.

STARÉ MESTO

Saliendo del puente, estamos en el barrio de Staré Mesto, o "Ciudad Vieja", la zona céntrica de Praga.

Aquí no se requiere de un plano. Con seguir al mar de gente que tendrá enfrente llegará sin problema a la plaza principal, si es que en el camino no se queda en alguna de las miles de tiendecillas que venden cristal de Bohemia, las típicas marionetas, u otros souvenirs para recordar el viaje a esta ciudad. Pero resista la tentación y llegue hasta el Ayuntamiento. Lo reconocerá porque seguramente estará estacionado afuera un auto de novios (es donde se celebran todas las bodas) o porque si llega cerca de la hora, será imposible caminar debido a que todo turista que se precie estará esperando a ver funcionar el famosísimo Reloj Astronómico.

RELOJ ASTRONÓMICO

La originalidad de este reloj estriba en su complicada esfera astronómica que indica la posición y el movimiento de los cuerpos celestes con relación a Praga. Es el único del mundo capaz de medir la hora babilónica, importante para la magia y la alquimia. El día babilónico abarca el período de tiempo que va de la salida a la puesta del sol, lo que significa que en verano la hora babilónica es más corta que en invierno. Además, en el círculo interior del reloj se encuentra identificado el signo del zodíaco que rige en la fecha.

A la vista se encuentran cuatro figuras flanqueando el reloj. Un hombre que sostiene un espejo representa la vanidad. Un comerciante con su bolsa representa la avaricia. Un esqueleto con un reloj de arena y una guadaña representa la muerte. Y finalmente, un hombre con vestimenta oriental y una mandolina representa la lujuria.

Cada hora, entre las nueve de la mañana y las nueve de la noche, se abren un par de ventanas que están arriba del reloj, donde desfilan los apóstoles. En la de la izquierda aparece San Pablo sosteniendo una espada y un libro, le sigue Santo Tomás con un arpón, San Judas Tadeo con un libro en su mano izquierda, San Simón mostrando una sierra, pues es el patrón de los leñadores; San Bartolomé con un libro y San Bernabé con un papiro. Simultáneamente, en la de la derecha se puede ver a San Pedro con una llave, seguido por San Mateo con un hacha, pues es el patrón de constructores; San Juan, San Andrés con una cruz, y Santiago. Cuando las ventanas se cierran, un gallo añadido en 1882 aletea y canta. Después suenan las campanas.

Mientras todo esto sucede en las ventanas, las cuatro alegorías se ponen en movimiento: el vanidoso se mira en el espejo, el avaro mueve su bolsa, el esqueleto blande su guadaña y el lujurioso mueve la cabeza para mostrar que acecha siempre.

Según la leyenda, este prodigioso reloj fue construido por el maestro Hanus en 1490 y los ediles lo mandaron cegar una vez que lo terminó para que no pudiera construir ninguna réplica, de lo que Hanus se vengó introduciendo una mano en el mecanismo, por lo que el reloj se detuvo. Por otro lado, los historiadores afirman que lo construyó Nicolás de Kadan a principios del siglo XV. Digamos que la primera versión, aunque menos fundamentada, tiene más seguidores.

El responsable de darle mantenimiento a esta obra de arte, Otakar Zámecník, dice que se quita el sombrero ante la destreza de los artesanos del siglo XV que confeccionaron piezas tan complicadas disponiendo apenas de un martillo y un cincel. Para que el mecanismo medieval del reloj siga funcionando, el relojero lo limpia por lo menos una vez a la semana. En los últimos años en Praga hay tanto polvo que si no se limpiara el mecanismo con regularidad, el reloj se pararía a los dos meses.

...VOLVAMOS A STARÉ MESTO

Una vez visto el espectáculo del reloj dando la hora, que dura sólo un minuto, siga unos pasos adelante y ya se encontrará usted en plena Plaza de la Ciudad Vieja. Ahí verá las torres de la iglesia de Nuestra Señora enfrente de Týn, que destacan detrás de un edificio (se entra a esta iglesia por un pasillo entre dos restaurantes). Que me perdonen quienes la diseñaron, pero más parecen las torres de un castillo de brujas que otra cosa, pero eso sí, es imposible no identificarlas.

Dos de los costados de esa plaza están llenos de restaurantes y terrazas que durante el verano, y aun cuando apenas empieza a bajar la temperatura, son animado punto de encuentro mañana, tarde o noche. Una cervecita a cualquier hora no cae mal mientras toma fuerzas para continuar su caminata por Praga.

Desde aquí tiene usted dos opciones. Una es dirigirse al barrio judío, o Josevof, como también se le conoce. Esta zona que nació en el transcurso del siglo XII fue reconstruida casi totalmente a fines del siglo XIX porque las construcciones no cumplían las condiciones de salud e higiene mínimas, por lo que ahora grandes edificios de estilos neorrenacentista y art noveau se erigen donde antes había un ghetto sobrepoblado. De épocas anteriores sólo quedan los edificios más preciados de la comunidad judía, como la Sinagoga Vieja-Nueva de los años 1270-80 que es la más antigua de las conservadas en Europa, la Sinagoga Española, el Museo Judío y el Cementerio. Este último ocupa un espacio no muy grande en extensión, el mismo desde 1439, pero alberga a más de 100 mil difuntos. Como cuando los judíos vivían aquí en un gueto no había manera de ampliar este lugar, lo que hicieron, muy prácticos, fue levantar bardas en los costados y, una vez que ya no quedaban fosas, poner una capa de tierra sobre las anteriores y tener un nuevo "nivel" para enterrar a sus muertos... y así durante generaciones, hasta 1787 en que se cerró.

NOVÉ MESTO

Otra opción es dejar atrás la Plaza de la Ciudad Vieja y dirigirse hacia el Teatro Nacional, caminar por la Plaza de Wenceslao (que mide 750 metros de largo por 60 de ancho) que va de la Ciudad Vieja a la Ciudad Nueva, en dirección al Museo Nacional, que alberga una colección muy extensa relacionada con la paleontología y la antropología en un edificio neo-renacentista creado expresamente para este fin en 1880. Cerca de ahí también se encuentra la Torre de la Pólvora y la Casa Municipal de estilo art nouveau y que actualmente funge como un importante centro cultural con salas de concierto, de exposiciones y de baile, además de cafés y restaurantes.

ACTIVIDADES CULTURALES

Praga es una ciudad donde la vida cultural juega un papel muy importante. En ella se celebran cada año varios festivales, como el de cine, el de jazz, el de música clásica, el de música folclórica, el del libro, el de órgano, el de danza, el de Verdi, el de Mozart, el de teatro, el de música judía, etcétera... sin dejar de mencionar el de primavera, el de verano y el de otoño. Como pueden ver, siempre hay algo nuevo que ver y escuchar.

Praga goza también de una honda tradición operística. Las sedes principales son el Teatro Nacional y el Teatro de la Ópera Estatal. Sólo debe tomar en cuenta que la mayor parte de las óperas se suelen cantar en checo.

Para salvar la barrera del idioma, nada mejor que el teatro de mimos, de marionetas o el famosísimo teatro negro, que mediante pantomima y efectos especiales relatan historias que todos podemos comprender.

Si visita esta ciudad con tiempo y le gustan los museos, aquí tiene para dar y regalar. Permítame recomendarle el Museo Mucha, dedicado exclusivamente a la obra de este diseñador y publicista, que hizo del art nouveau su insignia. No es muy grande, pero le sugeriría que empezara por ver el documental con su vida (que está al final de la segunda sala) para que después pueda apreciar mejor su obra. ¡Vale la pena!

Si le interesa la vida de Franz Kafka, uno de los principales escritores del siglo XX, no deje de visitar el museo dedicado a él en esta ciudad. O si lo suyo es la música, recorrer el Museo Checo de la Música será un placer.

ANTES DE TERMINAR

Si me permiten compartir mi impresión de Praga, independientemente de todos los monumentos y lugares que les he mencionado, la ciudad en sí es una belleza. Sus casas antiguas sorprenden por su armonía, sus colores y su elegancia. Sus construcciones modernas, como el "Edificio que Baila", no rompen con la estética de la ciudad. Una casa tiene estatuas flanqueando su entrada; la otra una pintura en su fachada; otra más está diseñada con el más puro estilo art nouveau y se encuentra junto a otra sencilla y estilizada.

Las callejuelas que rodean la Plaza de la Ciudad Vieja, además de la gran cantidad de comercios y restaurantes que albergan, mantienen un sabor de antaño con sus aceras y pasaje empedrados donde se escucha el eco de las pisadas de sus habitantes como desde hace muchos siglos.

La próxima semana les hablaré de otra ciudad mágica en la República Checa, Karlovy Vary, y de la gastronomía de este país.

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