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Opinión
![]() Todo lo Bueno
Edmundo Domínguez Aragonés
Huesos antiguos, su estudio ayudaría contra tuberculosis
Organización Editorial Mexicana
21 de agosto de 2008
Jean-Paul Sartre, el filósofo, novelista y luchador social francés, que rechazó el Premio Nobel de Literatura, declaró en los años 60 que su novela La Náusea, publicada en 1938 y que se convirtió en best-seller: "Nada vale ante un niño muerto por hambre o por enfermedad, por no recibir atención de la seguridad social".
Un siglo antes, el médico alemán Rudolf Virchow, declaró: "Más le temo a la pobreza que al Bacilo de Koch, y agregó: los médicos debemos ser los abogados de los pobres, la medicina es ciencia social y la política no es otra cosa que medicina en gran escala". La cita de Virchow la hizo el doctor Jesús Kumate, exsecretario de Salud, en la jugosa entrevista que le hizo Miguel Reyes Razo y que se publicó en El Sol de México el lunes 28 de julio pasado. Kumate agregó: "Hoy la tuberculosis se trata con diferentes y severos antibióticos, de administración simultánea. Rusia, China y la India tienen la tuberculosis. Aquí la tenemos controlada a la tuberculosis que convive con la pobreza, la desnutrición y el hambre". En estos Soles, la tuberculosis aquí, como lo afirma Kumate, está bajo control, no así en los países por él citados donde el mal se ha recuperado por no aplicar a su combate los recursos económicos que para ello les ha otorgado el Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, aquí la pobreza y la desnutrición, y no todavía el hambre, exponen a millones a contraer la tuberculosis, otras enfermedades y a deshilachar la capacidad intelectual y física de casi la mitad de la población del país. Ni el Gobierno federal, ni los gobiernos de los estados, ni del Distrito Federal han conseguido resolver el drama de la pobreza ni la desnutrición. Qué decir, andan ocupados en otras cosas. Así, entretanto esta realidad aquí se divulga permanentemente, un equipo de investigadores alemanes, israelíes y palestinos está estudiando huesos muy antiguos hallados en la ciudad bíblica de Jericó, en busca de indicios que ayuden a los científicos combatir la tuberculosis. Andreas Nerlich y sus colegas del equipo, han comenzado a estudiar huesos de hace seis mil años de antigüedad desenterrados en la década de los cincuenta del siglo pasado por la antropóloga británica Kathleen Kenyon en Jericó, actualmente una zona ocupada por Cisjordania. Kenyon confirmó la antigüedad de Jericó, y demostró que tal vez sea la ciudad conocida más antigua del mundo. Prevalece el mensaje espiritual de la caída de Jericó conseguida por el caudillo israelita Josué, aunque en aquel tiempo la ciudad era una población pequeña y que sus murallas habían sido hechas con ladrillos de lodo, y que fueron borradas en el transcurso de los siglos. Nerlich declaró a los medios: "Observamos un resurgimiento de la tuberculosis en todo el mundo y, quizás, aprender del pasado nos ayude a comprender el presente. Muchos de los huesos muestran signos de tuberculosis, lo que sugiere que la enfermedad afectó a una parte importante del mundo antiguo". Los sabios creen que la tuberculosis "podría haberse originado hace unos diez mil años en las primeras aldeas y pequeños pueblos de la zona del Golfo Pérsico y el delta del Nilo". Igualmente, los investigadores adelantaron que los trabajos preliminares sugieren que hay suficiente ADN en las muestras óseas para brindar indicios sobre cómo evoluciona la tuberculosis y ayudar a los expertos a encontrar nuevos modos de luchar contra el mal. Por su parte, Ziad Abdeen, un palestino líder del Instituto de Nutrición e Investigación en Salud de la Universidad de Al-Quds, cerca de Jerusalén, indicó que "el proyecto muestra cómo los académicos israelíes y palestinos aprendieron a cooperar, mientras los políticos aún no logran hacerlo". Valga. Columnas anteriores
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