Internacional
Protagoniza Sarkozy su primer escándalo político
El viaje lo hizo a bordo de un Falcon 900 XE, propiedad de un magnate de los medios, en un vuelo que costaría aproximadamente 32 mil 500 dólares. Foto: AFP
Organización Editorial Mexicana
9 de mayo de 2007

Carlos Siula / Corresponsal

Paris, Francia.- El primer escándalo de la "era Sarkozy" amenaza con estallar en Francia aun antes de que el presidente electo asuma el poder, el 16 de mayo, mientras la clase política multiplicaba sus llamamientos para evitar que degenere la ola de violencia que estremece desde hace dos días el país.

El malestar sobre el inesperado viaje de Nicolas Sarkozy a la isla de Malta comenzó el lunes al trascender que había abandonado el país pocas horas después de ser plebiscitado por 53 por ciento de los votos contra 47 por ciento de su rival socialista Ségolène Royal. Pero la inquietud se multiplicó, cuando se supo que el avión que utilizó para volar hasta La Valetta -la capital de Malta- y el yate de 60 metros en el cual embarcó pertenecen al millonario Vincent Bolloré, uno de los empresarios más agresivos de Francia.

Sarkozy, que había anunciado su intención de retirarse después del triunfo a un monasterio benedictino del sur de Francia para "compenetrarse" de la importancia de sus nuevas funciones, decidió ir finalmente a la isla de Malta con su esposa Cecilia, su hijo Louis, de diez años, y un grupo de amigos.

El viaje lo hizo a bordo de un Falcon 900 XE, propiedad de Bolloré.

Un vuelo de mil 750 kilómetros -como ése- cuesta 32 mil 500 dólares.

Luego de aterrizar en La Valetta, se dirigió en una limusina Mercedes hasta la marina Manoel Island, principal puerto deportivo de Malta. Allí embarcó en "Paloma", un yate de 60 metros de eslora también propiedad de Bolloré. El yate que utiliza Sarkozy fue construido en 1965 por un astillero japonés y comprado en 2003 por Bolloré a la familia de armadores griegos Gulandris por 3.5 millones de dólares.

El industrial invirtió otros 6.5 millones de dólares para convertirlo en un auténtico palacio flotante, que comprende siete cabinas y puede recibir 12 invitados, además de los 17 miembros de la tripulación. En el puente superior tiene un jacuzzi y el salón principal está equipado con pantallas de plasma gigantes.

Normalmente, ese barco está en alquiler en una agencia especializada a 225 mil dólares por semana.

En Francia, los políticos suelen ser muy prudentes sobre sus vínculos con los medios financieros para evitar conjeturas susceptibles de empañar su honorabilidad y no crear compromisos que puedan hipotecar su libertad de maniobra.

Las primeras reacciones políticas mostraron el impacto negativo que puede tener ese crucero por el Mediterráneo.

"Es otro mundo. Ya lo sabíamos. Sarkozy nunca ha dicho que sería el presidente de los pobres. Los franceses ahora comenzarán a comprender que eligieron como presidente al representante de los intereses de la Bolsa", comentó el senador socialista Jean-Luc Melenchon.

A su vez, el líder anti-globalización José Bové, que sacó 1.32 por ciento de los votos en la primera vuelta, declaró: "El despertar de los franceses va a ser muy doloroso".

Un miembro del equipo íntimo de Sarkozy, Christian Estrosi, explicó por su parte que ese crucero era "el único medio para aislarse de la prensa y de la presión".

Un vocero de su partido, por otra parte, indicó estaba dedicado a elegir al futuro primer ministro y preparar la composición de su futuro gabinete.

Haber aceptado una invitación de uno de los hombres más ricos de Francia comienza a suscitar comentarios suspicaces, inclusive entre sus amigos y aliados políticos.

Bolloré, de 55 años, posee la 451a. fortuna del mundo con un patrimonio evaluado en mil 700 millones de dólares, según la revista Forbes.

Entre otras cosas, controla un grupo industrial que produce papel, plástico, baterías eléctricas, transporte terrestre y marítimo. En los últimos años realizó una serie de inversiones en el sector prensa y comunicación. Actualmente es propietario de los diarios gratuitos Direct Soir y Paris Matin, el canal de television Direct-8, una radio, el grupo publicitario Havas, varias empresas de producción de televisión, el instituto de sondeos CSA y la agencia de compra de espacios publicitarios Aegis.

Ante la magnitud que empieza a tener ese escándalo, uno de los más estrechos colaboradores de Sarkozy, Claude Guéant, indicó que Sarkozy volverá a París hoy por la noche.

Ese crucero por el Mediterráneo en un yate de lujo amenaza con agravar la tensión que creó su elección en medios políticos de ultra-izquierda en algunos sectores juvenil y -sobre todo- en las periferias de las grandes ciudades, donde residen inmigrantes de bajos recursos, procedentes de los países árabes y de las antiguas colonias africanas de Francia.

El lunes, por segunda noche consecutiva, hubo protestas anti-Sarkozy y enfrentamientos con la policía en todo el país, durante las cuales los manifestantes quemaron 365 vehículos, según la policía.

El domingo por la noche se habían contabilizado 70 coches incendiados.

Alarmados por el peligroso cariz que tomaban los acontecimientos, los dirigentes políticos se apresuraron a formular declaraciones destinadas a apaciguar los ánimos para evitar que la actual ola de protesta degenera en disturbios de mayor gravedad.

"Quienes apelan a la violencia, le hacen un favor quienes quieren más orden (...) y más represión", comentó François Hollande, líder del Partido Socialista (PS). Hollande apeló a los protagonistas de los disturbios a "protestar con su voto" en las próximas elecciones legislativas del 10 y 17 de junio.

El alcalde socialista de París, Bertrand Delanoë, también apeló a renunciar a toda forma de brutalidad.

Desde el domingo por la noche, apenas se anunciaron los resultados de la elección presidencial, estallaron disturbios y violentas manifestaciones en la capital francesa, que se repitieron el lunes, con incendios de vehículos y negocios. También hubo ataques contra comercios y pillajes de supermercados.

El apresurado regreso de Sarkozy, después de apenas 48 horas de descanso, parece indicar su intención de poner límites a una polémica susceptible de salpicar su crédito político antes de que comience a gobernar.