Opinión / Columna
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Juego de palabras
Gilberto D'Estrabau
Nunca hay tiempo para hacer las cosas bien, pero siempre hay tiempo para volver a hacerlas
Organización Editorial Mexicana
5 de noviembre de 2009
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Aplicar alguna teoría cognoscitiva tratando de entender cómo funcionan las mentes de los políticos, es tan productivo como colocar la cabeza dentro de un horno de microondas para estudiar la naturaleza de la electricidad.
Ofrezco a su ponderado juicio el tema de las leyes de Ingresos y Egresos. Desde que inició la LXI Legislatura, todos sus integrantes sabían que -habiendo el presidente manipulado o sobornado a la LX Legislatura para que le evitaran entregar el Informe en vivo y tener que soportar que le adivinaran antiguos oficios a la más vieja de su casa, y a él personalmente lo pusieran como Dios puso al perico- sabían que, decía, sin la pachanga del primero de septiembre, su casi única misión era encontrar lana dónde la hubiera, e inmediatamadremente proceder a gastarla como si cada uno de ellos fueran clones de Carlos Slim, Warren Buffet, Bill Gates o cualquier emir petrolero.
Lo sabían, repito. Desayunaban, comían y cenaban con tarea. Participaron en innumerables cónclaves partidarios.
Supuestamente escucharon a los teóricamente interesados externos -excepto a los causantes, no hay que exagerar- y cuando llegó la hora de actuar, armaron el mismo merequetengue e idéntico huelemelcalcetín que si hubieran llegado de la calle, no sólo sin haber tocado el tema ni con el pétalo de un sempasúchil, sino sin haber leído el periódico o visto la tele en una semana.
Gente de oído especialmente fino afirma que, en el fondo de la coprolalia inverecunda, se oía correr cantarina agua de Poncio Pilatos. También que buena parte de la manada llevaba un fierro que proclamaba "algunas gentes sólo pueden tener lo que otra gente les permite tener".
Posiblemente sea cierto, porque a toro pasado, por todas partes se escuchan ayes y crujires de dientes, lamentos de parches, acusaciones de doblez y hasta triplez, y en general esa frustración existencial que siempre acompaña los compromisos: la convicción íntima de que no chingamos lo suficiente a la otra parte, y que a nosotros nos contaminaron más de la cuenta con el deletéreo mal de merde.
* EL ÚNICO JUEGO DEL PUEBLO
No nos vamos a permitir la inocentada de preguntar que, si lo aprobado no sólo no es suficiente, sino que va a profundizar la crisis económica y aumentar la pobreza de los mexicanos, si nadie quedó conforme, si era otra visión la necesaria, por qué se hizo como se hizo. Y no lo vamos a preguntar porque ya sabemos la respuesta. Fue la misma que dio aquel paisano a quien le preguntaron por qué, si sabía que la ruleta estaba manipulada, los dados cargados y las cartas marcadas, seguía yendo al brinco detrás de la cantina.
-Es que es el único juego del pueblo- respondió.
Pues sí, es el único juego del pueblo, y por lo visto se va a volver a jugar. No dentro de un año, como pensamos quienes quedamos de leyes antipobreza, consolidaciones fiscales y exenciones al espectro -¿por qué no también al fantasma de la cantina "La Ópera"- hasta el ya ralo copete.
No, señor. Tan pronto como dentro de cincuentitantos días.
Nomás que debuta -o de lo que sea- la centenariza, y todos quienes aparentemente regaron el tepache, en un acto de contrición procederán a enjugarlo y que vuelvan a cerrar las puertas.
Así es, de María Grever. Continuando al parecer la moza tradición de inaugurar oficiosamente las campañas presidenciales con una Convención Nacional Fiscal, ya se está convocando la del año próximo. Lo mismo ocurrió a mediados del sexenio anterior, cuando en febrero de 2004 se inauguró la "Primera Convención Nacional Hacendaria".
¿Se acuerda usted de los acuerdos a que se llegaron en siete meses de trabajo? ¿Se salvó a la Matria, como fue el objetivo original? No a todo. Ahora sí dígame qué se le ofrece.
Juegodepalabras1@yahoo.com
gilbertodestrabau1.blogspot.com
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