Opinión / Columna
 
Todo lo Bueno 
Edmundo Domínguez Aragonés 
Giaquinto. Boceto suyo subastado
Organización Editorial Mexicana
25 de junio de 2009

  El rey Fernando VI de España necesitaba un pintor que ocupara el cargo de Primer Pintor de Cámara, ya que había muerto Jacobo Santiago Amigoni, y éste había dejado sin concluir la decoración pictórica de los Reales Sitios, así que se dirigió al italiano Corrado Giaquinto para terminar la tarea.

Era el año de 1753 y Giaquinto se había convertido en uno de los pintores de mayor prestigio, había sido nombrado académico de San Lucas y se le habían encargado las relaciones con la Corte Española, por lo que trató con el personal diplomático español y con los artistas españoles que se desplazaban hasta Roma para estancias de estudio y trabajo.

Elegido por el monarca, Corrado llegó a España junto con su segunda esposa, su hermano menor y dos de sus discípulos Nicola Porta, hijo de su primer maestro, y José Castillo para que le ayudaran en la tarea que le encomendó el rey.

Se hizo pintor desoyendo los deseos de su padre que le pedía ordenarse sacerdote y así ingresó en el taller pintura de Saverio Porta, a la edad de trece años.

De ahí marchó a Nápoles para trabajar con Nicola María Rossi y Solimena y conoció a José Bonito y de Mura, que le influiría en la elaboración de sus obras posteriores, y cuatro años después colaboró con Sebastián Conca en la decoración de la bóveda de Santa Cecilia en Roma, adquiriendo fama.

En su camino a Madrid, hizo un alto y se detuvo en Zaragoza para conocer el trabajo de Antonio González Velázquez, quien había sido su discípulo cuando éste estudiaba en Roma, en 1746, y estaba realizando una de las cúpulas de la capilla del Pilar.

Ya en Madrid se le otorgó el nombramiento y se le designó director general de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, concluyó la decoración pictórica de la sala de conversación, hoy comedor de gala, del palacio de Aranjuez, restauró el fresco de San Lucas del Buen Retiro, cuyas escenas bíblicas fueron copiadas después para los tapices de la Real Fábrica.

En 1756 pintó la media naranja del nuevo palacio de Aranjuez y cuatro años después se dedicó a suministrar oficialmente cartones para la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara.

En esas, el rey Fernando que padecía una enfermedad mental, perdió la razón y murió en 1759 y como no había sucesor, el rey de Nápoles fue llamado a ocupar el trono, así que renunció a su corona italiana a favor de su hijo Fernando y se coronó como Carlos III de España. Carlos era hermano de Fernando VI.

Al poco del ascenso de Carlos al trono, Giaquinto comenzó a tener severos problemas de salud y, en atención a estos y para bienestar del pintor, el rey le concedió licencia para residir en Nápoles durante seis meses.

La salud de Giaquinto empeoró, continuó pintando a pesar de haber sufrido un ataque de apoplejía que afectó la parte izquierda de su cabeza, no regresó a España, y murió tres años después en 1765.

Había nacido en Molffeta, Bari, Italia, en 1700.

En estos Soles, un boceto de la Alegoría de la Paz y la Justicia, que Corrado pintó en 1753, será subastado, en la galería londinense Matthiesen cifrado en unos 285 mil euros, 400 mil dólares.

El boceto mide 40 por 70 centímetros, figuró en la exposición "Pintura en España en la Edad de la Ilustración, que se llevó a cabo en el Spanish Institute de Nueva York y en el Museo de Indianápolis, Estados Unidos, en 1996 y 1997, y en la exposición "Goya en Italia", en Zaragoza, España, en el año 2008.

Entre otras obras de este pintor ahora recuperado y valorizado, está la decoración de las bóvedas de la escalinata del Palacio Real de Madrid, donde representó a La Monarquía Española, rindiendo honores a la religión, y decoró, asimismo, la capilla del mismo palacio. Así el talento de este artista del siglo VII.
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas