Opinión / Columna
 
Juego de palabras 
Gilberto D'Estrabau 
Semana Azteca
Organización Editorial Mexicana
20 de junio de 2009

  Usted disculpe.- Existió en la corte inglesa hasta el siglo XIX, para beneficio del príncipe de Gales en turno, la figura del whipping boy o "chico de los azotes". El desafortunado chavo -no se conoce a ninguno que trascendiera su condición y obtuviera rango y fortuna, ni siquiera como agradecimiento de su alter ego- crecía y se educaba con el futuro monarca, y en caso de que éste se portara mal, el WP recibía la tunda ganada por HRH.

En la actualidad no existen chicos de los azotes en ninguna de las escasas cortes que en el mundo son -no al menos oficialmente-, pero la condición ha quedado inmortalizada para señalar aquellos que pagan, o a quienes se les hace pagar, la culpa de los demás. No religiosamente, no en el sentido de redentor: en la vida cotidiana, especialmente en los lugares de trabajo, en los negocios y en la política.

Parece ser que alguna de las personas que se sientan en los asientos de adentro en la casa presidencial, calculó por curiosidad la superficie de las espaldas de don Agustín Carstens Carstens, y realizó que en ese metraje impresionante cabían más varas que todas las se toman en la Plaza México en una docena de temporadas. Y hala, que por tener donde recibirlos, el secretario de Hacienda parece haber sido nombrado chico de los azotes de la administración Calderón.

En lo económico, eso es, pero cuando la crisis nos tiene más agarrados que un chotís bien bailado, lo económico es todo, y lo que sobra limosna de la Providencia. Y cuando las cifras propinan una cachetada virtual, pos ahí está Tin Cartín para recibirla en su redonda faz.

Así, al hablar el jueves ante la Asociación Hipotecaria Mexicana, el doctor Carstens se despojó del cetro de cascabeles que acostumbra sonar en público, y por esta vez no dijo que lo peor de la crisis ya pasó y que en el segundo semestre o en el Cuarto Milenio volveremos a crecer. Por primera vez se asumió como whipping boy de la pinocracia y reconoció que el Gobierno federal se quedó "corto" al calcular los efectos destructivos de esta inusitada crisis económica.

(Entrecomillo "corto" porque fue el adjetivo usado por ACC. Pero ya conocemos las tendencias minimalistas -quizá como compensación por su personal maximalismo- del jefe de las finanzas nacionales. El catarrito por la neumonía, el suave céfiro por la tormenta perfecta. Es de la clase de gente que tiene archivado el Diluvio Universal como "aquel crucero de placer que terminó en el Monte Ararat").

Ignoramos si el papá del doctor Carstens, como aquel sufrido estudiante de Chava Flores, fue comandante de alguna corporación policíaca. Si lo fue, a él le copió la fórmula del "usted disculpe". Pues sí, señor Pueblo Mexicano, nos quedamos cortos, y le hemos endilgado la peor tinga de su historia. Usted disculpe.

Usted disculpe, parte II.- Ya están adentro, uniformados de caqui y tocados con gorras de beisbolista, los 20 gabinetos de Leonel Godoy y los siete alcaldes surtido rico que fueron detenidos por el Ejército en Morelia y cercanías el pasado 29 de mayo, acusados de estar inscritos en el registro civil particular de la familia michoacana.

Afortunadamente no van a cantar durante mucho aquello de preso me encuentro tras de las rejas, porque su internado dejará de tener razón de ser de mañana en 15. Inmediatamadremente después, sus aventuras en Río Frío serán olvidadas, les devolverán sus casimires ingleses, y al pie de la bartolina los despedirán con un electoral "usted disculpe".

Demasiados cantineros.- Advierte añejo refrán que demasiados cocineros echan a perder el caldo. Una paráfrasis válida podría ser que demasiados cantineros echan a perder el trago.

Porque detrás de la barra que estoy trabajando, el TEPJF desbrugadariza la candidatura del PRD en Iztapalapa, Alejandra Barrales renuncia para no registrar a la exseñora de Arce, Jesús Ortega se viste de mensajero y lleva los papeles al IEDF y AMLO inventa un gambito que ni Capablanca.

Y pese a todo ello, la oliva todavía no cae en el martini.

Por lo que usted guste y mande, todavía no hay candidato del PRD en la delegación más poblada de la capital. Y probablemente ya no lo va a haber. Apunte entonces un primer motivo para broncas, reformazos, marchas y plantones, sin las cuales una poselección mexicana es como un delegado de migración sin su corte de madames.
 
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