Opinión / Columna
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Juego de palabras
Gilberto D'Estrabau
Información de pared a pared
Organización Editorial Mexicana
19 de junio de 2009
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Para medir con exactitud hasta que punto tienen ignorada, embobecida e imperita a la que en algún momento anunciaron pomposamente como "jefa de las campañas de los diputados federales del Partido de Acción Nacional (PAN)" -la tienen tan ninguneada que sus hormigas ya le dicen "la Silvia Solís del oficialismo"- o sea, a la señora licenciada Josefina Eugenia Vázquez Mota de Ocampo, baste saber que ha hecho una propuesta de esas que normalmente habrían desatado 97 diferentes clases de escaramuzas vituperantes y por lo menos una novena de rosarios robles, digo, de Amozoc. Sin embargo, doña Jose dijo lo que dijo, y como quien oye llover.
(Me imagino que definitivamente la mejor política del PAN decidió dar un puntazo -como decimos en la Carrera de San Jerónimo- tratando de salir del rincón donde la tiene escondida el dúo demónico Martínez-Nava, que la quiere dejar con la carabina al hombro en el asunto de la coordinación de la facción en la Quincuagésima Primera, según se entra a mano derecha.
Pero se quedó con las ganas de que alguien la vea, la pobre muñeca fea [una licencia poética: la señora de Ocampo es de lo más grato al paladar visual que aparece en el menú de la clase política mexicana].
Pero volviendo al tema toros. Vázquez Mota retomó una de las pencas más espinosas del maguey grillo autóctono.
Este columnista obtuvo una especie de primicia alguna sobre el asunto, y en los meros Pinos, de boca del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari. Lo publiqué inmediatamadremente, y me hicieron el mismo caso que a la Vázquez Mota. Parecería que el asunto es tan tabú, que le pasa por encima sin el menor estremecimiento, aun la información de pared a pared que ¿disfrutamos? ¿Padecemos? En éste último tercio de siglo.
O sea, que el asunto ya tiene tiempo en el aire, pero penetra tan profundamente en lo más sagrado de la democracia mexicana, el salario político, que con todo y ser reputadamente el Último Emperador y todo lo demás, también en su momento ignoraron olímpicamente al vocho con las puertas abiertas.
* Agripina
Por supuesto que el enterado y astuto lector ya sabe a estas alturas que el tema intocable que tocó Salinas y que ahora toca Vázquez Mota, es el de los legisladores plurinominales. Esos 200 parásitos del diputofederalismo -perdón- que no representan en las Cámaras a nadie, más que a sus partidos y a sí mismos.
Reliquias de la prehistoria de una democracia a la mexicana que en algún momento necesitó legitimarse con la pluralidad artificial de los membretes, y que no tuvo más remedio que regalarle a una bola de vivales lo que, por supuesto, estaban muy lejos de poder ganar por sí mismos.
Pero esa fue la línea en aquel momento y así se hizo.
Y si el objetivo era estimular una oposición auténtica y poderosa -aunque sospecho que sus creadores sufrieron la misma experiencia que el doctor Frankestein- ese objetivo se logró. Tanto, que 12 años después de ser inventado, el plurinominalismo ya no tenía razón de ser.
Pero era tarde. La democracia mexicana, como Agripina, tenía ya su verdugo en el vientre.
* Alejandro Magno
El plurinominalismo es un vicio que, en lo que toca al Poder Legislativo, despoja de todo significado a la democracia.
A la democracia representativa, que es que se supone practicamos, porque los plurinominales no representan a nadie, y la institución se ha convertido en un lujo: es la manera menos vergonzante de dar salario político a militantes consentidos, y de colocar dirigentes partidarios a donde quieren estar. Un lujo caro, por cierto. Para que se de usted una idea, este año gastaremos 200 millones de pesos nada más que en librarnos de los pluris de la LX Legislatura. Y los de la LXI costarán más.
Son ya varias las organizaciones e individuos que se han pronunciado por erradicar a los plurinominales. Pero no es fácil.
Por eso la protodiputada Vázquez Mota, en esa proposición de la que nadie se enteró, se porta más magnánima que magna. No cercena gordianamente a los 200 de un jalón: sugiere que la próxima legislatura elimine los primeros 100, y que el proceso se siga revisando hasta eliminar a los 200. Ojalá lo consiga, pero que esté preparada, porque va a volar pelo.
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