Opinión / Columna
|
Juego de palabras
Gilberto D'Estrabau
Semana Azteca
Organización Editorial Mexicana
13 de junio de 2009
|
Política de silla de ruedas.- Que no se vayan con la finta quienes lo ven exhibir su sonrisa de teclado de piano, y creen que en cualquier momento se va a poner a comer sandías y devolverá el Gobierno a los güeros. Barack Obama es sin duda el modelo "Maquiavelo 2009" y tiene más trucos que Houdini. Su última aportación al arte de lo posible: la "política de la silla de ruedas".
Como sabe más o menos todo el mundo en esta época de la aldea global y de la hiperinformación, el presidente de los Estados Unidos está confrontando problemas para que el Senado le confirme a su candidata a magistrada de la Suprema Corte de Justicia, la juez hispana Sonia Sotomayor, a quien los republicacos acusan de practicar "racismo inverso", o sea, de discriminar a la mayoría WASP (White, Anglo Saxon, Protestant).
En vez de enredarla en ruedas de prensa y patrocinarle vehementes protestas de acrisolada imparcialidad, lo que hizo Obama fue más sencillo. Le organizó a Sotomayor una serie de visitas, en Washington, con los senadores más influyentes, y cuando doña Sonia llegó a La Guardia para tomar el shuttle al DC., la empujó y le fracturó un tobillo.
O al menos eso dijeron los medios, y Sonia Sotomayor apareció ante el tout Washington enyesada y ensillada. Y así, dando lástimas la pobrecita, cojeando como Talleyrand -e igual de astuta- visitó a los senadores y senadoras que no la rozaron ni con el pétalo de una crítica, y que, al contrario, prácticamente le garantizaron por escrito su aprobación cuando comparezca.
Porque ensañarse con una dama, especialmente sí la dama es una minusválida, bien que temporalmente, es de mal corazón, deficiente educación y, lo que más preocupa en Washington, de mala política.
Así que con tan boba cancamusa, Obama garantizó el paso del nombramiento de la Juez Sotomayor a toda la velocidad que de su silla de ruedas. Y su estrategia debe ser cuidadosamente estudiada en México.
Digo, porque en los próximos días, el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, va a reunirse con representantes de las tres agencias calificadoras más importantes del mundo, para asegurarles que las finanzas públicas mexicanas -aquellas que decían que estaban blindadas con acero inoxidable y que al final resultó que nada más estaban envueltas en papel higiénico- están sanas.
Yo digo que si Carstens finge un pequeño accidente al estilo Stotomayor, y se presenta ante la gente de Fitch, Moody, Standard y Poor en silla de ruedas, las calificadoras conservarán el grado de inversión de la deuda mexicana y le quitarán la etiqueta de perspectiva negativa con que han amenazado.
Le veo muchas posibilidades de éxito a esta estratagema, con dos posibles tropiezos: uno, que Carstens va a tratar con banqueros, no con políticos, y que si los políticos son como el alma de la pringada, ha mucho que los banqueros rompieron el hijodeputómetro. Y dos: que exista en el mercado una silla de ruedas que soporte a don Agustín. A lo mejor lo tienen que llevar en silla de manos, como a Moctezuma Xocoyotzin.
Esperanza Inútil.- "Alianza Cívica", que originalmente apoyó el "voto blanco", ahora llama a los ciudadanos a votar por la candidata virtual "Esperanza Marchita".
Es cierto que la partidocracia tiene secuestrada a la incipiente democracia mexicana, que el Instituto Federal Electoral (IFE) es una caricatura de autoridad electoral, sumisa y ninguneada y que hay que hacer algo para transparentar la cantidad y calidad de los votos de los mexicanos. Pero suponer que el autoritarismo de San Lázaro y las genuflexiones lacayunas de Viaducto Tlalpan van a desaparecer porque los ciudadanos voten en blanco, que van reducir el financiamiento a los partidos políticos y los salarios de los legisladores porque sufragen a "Esperanza Fallida", o que eliminen a los pluris porque lo pidan así en el reverso de las boletas, son puñetas mentales. No creo que exista una mexicana o un mexicano en su sano juicio que madrugue un domingo para ir a formarse en una cola y al final no hacer nada.
Quienes hayan decidido no votar, que serán millones, pues los más optimistas esperan un abstencionismo del 65 por ciento, pues se quedarán en su cama haciendo alguna de las cuales para las cuales se presta maravillosamente este mueble tan útil. Tan útil y tan comercial: millones se han hecho en la cama.
Columnas anteriores
Columnas anteriores