Opinión / Columna
Minuto 45 
Teodoro Cano 
15 de mayo de 2012

  NO podía ser de otra forma, llegaron a la gran final los dos mejores conjuntos de la temporada regular del Clausura 2012, el superlíder Santos y el sublíder general Monterrey, que lograron salir adelante de la doble confrontación que tuvieron en semifinales ante dos conjuntos que no eran "peritas en dulce", como fue el caso de Tigres y América respectivamente; el primero con algunos problemas, y en el partido de vuelta en su casa, a base de esa garra y ese coraje de verdaderos guerreros, lograron dar sensacional voltereta al partido que a sólo dos minutos del final, en los momentos en que los felinos ya se daban por calificados en la gran final, pero los dirigidos por el Tuca no supieron redondear su actuación y de las manos se les escapó la posibilidad de poder defender esta semana su título conquistado en el torneo anterior.

Por su parte, el Monterrey, muy bien dirigido por Víctor Manuel Vucetich, que es un especialista en esta clase de partidos y un coleccionista de campeonatos, supo manejar la ronda de semifinales al empatar sin goles ante el América en el Azteca y liquidar a las Águilas con marcador de 2-0, a pesar de las condiciones de la cancha por el tremendo aguacero que cayó el sábado en la Sultana del Norte, en la que los rayados se adaptaron mejor frente a un América que nunca logró superar su debilidad ofensiva; prueba de ello es que en los últimos tres partidos no anotó un gol, y en esas condiciones, y menos ante un rival con grandes delanteros como Humberto Suazo, Cesar Delgado y Aldo de Nigris y sólida defensa, no se podía esperar que pudieran llegar lejos en el Clausura 2012.

Pero, mientras el Monterrey tuvo un trámite tranquilo para llegar a la gran final, su rival, el Santos, tuvo un partido electrizante el domingo pasado, y todo señalaba a que iba a quedar eliminado ante unos Tigres que comenzaron a imponer condiciones desde muy temprano, con una jugada futbolera en la que brilló el talento de Carlos Salcido que, a tres cuartos de cancha por la derecha, recibió un balón sin tener enemigos al frente, y decidió sorprender con un centro largo y pasado hacia la izquierda, para que aprovechara Héctor Mancilla y rematara de cabeza cruzado a la derecha para el 1-0.

Fue un gol que puso nerviosos a los jugadores del Santos, que comenzaron a realizar jugadas precipitadas y a olvidarse del juego del conjunto al querer ganar la guerra individualmente, principalmente Darwin Quintero, que intentó varias veces penetrar por el centro con su habilidad y velocidad, pero siempre se encontró con dos y hasta tres enemigos para frenarlo, lo mismo sucedía con Ludueña y Suárez, en tanto que Juan Pablo Rodríguez y Rodolfo Salinas trataban de frenar las embestidas de Lucas Lobos por el centro, mientras, Iván Estrada por la derecha se las veía difíciles frente a Elías Hernández, pero se daba tiempo para ir al ataque, y Osmar Mares que tuvo más trabajo por la izquierda con Damián Álvarez.

Otro de los que lució tremendo fue Felipe Baloy, que al ver que su equipo no penetraba la defensiva rival, decidió ir al ataque para contagiar a sus compañeros y buscar la forma de enviar balones a Oribe Peralta, que navegaba sin parque ante una defensiva sólida. En esas condiciones, todo indicaba que la balanza se iba a inclinar hacia los Tigres, que se pusieron arriba 2-0 luego de que Mancilla con habilidad se quitó la marca de Baloy para disparar raso y cruzado y aumentar la confianza de su equipo para llegar a la final. Los felinos del norte pudieron amarrar la calificación, pero en una oportunidad, Damián Álvarez, y en otra, Lucas Lobos, fallaron dos oportunidades de oro para anotar, principalmente en la segunda, en la que Lobos remató a medio metro y estrelló el balón en el poste, y la pelota quedó cerca para que Oswaldo Sánchez se revolviera como fiera para quedarse con el balón y evitar el gol que hubiera sido la puntilla.

Benjamín Galindo buscó cambiar las cosas en la recta final, para meter casi al arrancar la segunda parte a Hérculez Gómez por Christian Suárez, y en plena recta final, a Cándido Ramírez por Osmar Mares, y en plena desesperación del "Tuca", para meter al central José Rivas, a dos minutos del final, llegó una jugada por el lado izquierdo, por donde Darwin Quintero, que se olvidó de ir por el centro y querer ganar la guerra solo, jugó para el equipo y mandó un gran centro a Oribe Peralta, que con gran salto se acomodó en el aire para rematar de cabeza a la derecha y dar vida a su equipo en algo que parecía imposible.

Por fin entró Rivas por Damián Álvarez y Carlos Morales por Juan Pablo Rodríguez, pero nuevamente por el lado izquierdo, Darwin tocó el balón bombeado hacia la izquierda, por donde llegó Oribe Peralta, y con un remate de botepronto y con todo el coraje de un triunfador, le pegó con rencor al balón y sacudió las redes y a los aficionados, no sólo los que estaban en el estadio, sino en todo Torreón, al ver cómo el milagro se consumaba para conseguir el gol de la calificación, el gol que tiene al Santos Laguna nuevamente en otra final y la que no pueden perder de ninguna manera; pero, cuidado, pues tendrán enfrente a un Monterrey que hace unas semanas ganó la final de la Copa de CONCACAF al vencer a los laguneros 3-0 en su casa y llevarse el trofeo y el boleto para participar en la Copa Mundial de Clubes Campeones en Japón del 6 al 16 de diciembre del presente año.
 
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