Opinión / Columna
Notas taurinas 
Francisco Lazo 
10 de noviembre de 2009

  AMIGOS, el torero mexiquense Fermín Spínola Cruz tiene en este momento a la afición en un puño luego de su lucida actuación el pasado domingo 8 del corriente mes en la Monumental Plaza México, que inauguraba su Temporada Grande 2009-2010. Nació el 11 de octubre de 1977 y comenzó a torear a los 16 años y desde sus inicios dejó ver características que le auguraban éxitos prontos y luego de tomar la alternativa el 27 de agosto del 2000 en la plaza El Paseo de San Luis Potosí y confirmarla el 9 de diciembre del 2001, se acentuaron los comentarios favorables que señalaban la aparición de una posible figura del toreo pues su calidad en la lidia decía que no tardaría en encumbrarse. En los 9 años que tiene de doctorado ha sumado 160 corridas, 16 de ellas en la Gran Plaza Capitalina y a lo largo de su ejecutoria ha cortado un total de 195 orejas, 8 rabos y le han indultado dos toros. No sería explicable entonces la tardanza en abrirse camino y lograr ese historial realmente extraordinario en casi una década de matador de toros. Se le hicieron muchos elogios que no fueron motor suficiente para impulsarle prontamente, es más pasó casi un año en el destierro pero lo bien aprendido no se olvida y fue rescatado para que hiciera nuevamente sonar su nombre y ahora mismo está calificado como una nueva figura que aparece en el firmamento en el arte de la lidia. ¿Qué hizo para lograr tal designación?: dar escape a la alegría y emoción que le produce el torear y disfrutar abiertamente sus mejores momento frente al toro, sus faenas variadas templando y mandando al combinar los lances y sus remates que brotan de su imaginación lo que aunado a su clase resultan realmente sensacionales. Y el público le responde con admiración coreándole, aplaudiéndole y gritándole ¡torero, torero!, estremeciéndose cuando se regocija al clavar banderillas y transmitir esa sensación inigualable de dominar a un ser formidable, peligroso, para ir tejiendo emociones sin cuenta al pasarse al toro por la faja muy cerca. Parecía otro pero sin duda era el mismo que toreaba de una manera impresionante y cortó 3 orejas a dos toros bravos de San José y a cuyos restos les dieron arrastre lento, encierro en el que hubo de todo hasta devolverse uno por falta de trapío. Ojalá repitan a Fermín Spínola en breve y que como en tiempos antiguos toree sin descanso hasta que llegue a la cumbre como sucedió una vez con Silverio Pérez. Por su parte se despidió como estaba anunciado Manolo Arruza acompañado del cariño de la afición y obteniendo una oreja de su primero, en tanto que Enrique Ponce ganó otra y quien no fue el mismo de otras tardes pareciendo cansado de su largo trajinar en los ruedos del mundo con 20 años sacrificando toros. Fue pues un festejo triunfal de apasionado partidarismo que registró una entrada que llegó a la media plaza, es decir unos 20 mil espectadores de los 42 mil que le caben al gigantesco coso. Y fue una tarde soleada, clima apropiado para la fiesta de toros.

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