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Toros
9 de noviembre de 2009
Así es la Fiesta Brava
Por: Jardinero de San Mateo
Hace más de 60 años, de la mano de mi padre fui a una corrida de toros, en la recién inaugurada Plaza México. Luego me dijeron que había toreado Silverio y al siguiente domingo "El Soldado". De allí nació mi afición, que ha visitado casi todas las plazas del viejo y el nuevo Continente. Ahora cumplo, como periodista confeso y profeso, mi voluntad de mostrar el ingenio para expresar lo que en el ruedo se vio. Ayer se inauguró la temporada como acontecía antaño, al inicio de noviembre. El ganado de San José, sangre española, ha dado excelente juego en Insurgentes. En el último encierro, a Notario, le cortó todos los trofeos Enrique Ponce. Dos reses fueron sobresalientes, Huasteco, para Spínola, y Cafetero para él mismo, que merecieron el arrastre lento. No desmerecieron Dulce de Coco, primero de Arruza, y Cañero, para Ponce. Venía a despedirse el hijo de "El Ciclón", ahijado de Cavazos, Manuel Ruiz, Manolo Arruza, que después de su padre, Armillita y Gaona, es el diestro nuestro que más ha toreado en España. No tuvo las virtudes de su padre, pero sí dignidad y eso exhibió en la México, algo frío en la ejecución de las suertes pero profesional en el oficio a sus 54 años. Con la muleta se vio distante, pero alcanzó a lograr varios derechazos, dos de pecho enormes y, como su padre, emocionó con los molinetes de rodillas. Colocó delantera la espada, pero por el ayer, el cariño y su nombre, se llevó una oreja. Llegó Enrique Ponce, cuya maestría al paso de 21 años de alternativa parece incombustible. Si bien en el primero no se acomodó del todo con el percal, destiló arte y con la muleta inició con doblones y luego derechazos y naturales toreando cada vez más despacio con la mano abajo y mostrando por qué es todavía un as de la baraja y el consentido de la afición capitalina. Se oyó ese único "olé" profundo de la Plaza que siempre lo reconoce y con dos tercios de estocada se llevó otro apéndice. El más joven de los alternantes, ahijado de Curro Rivera, mostró que indiscutiblemente tiene sitio, valor y arte. Le tocó un berrendo de nombre Huasteco que banderilleó con maestría y aunque la res tenía para más, Spínola dio soberbios derechazos y redondos que sacudieron los tendidos casi llenos. Mató de estocada, hasta la mano, y el Juez fue generoso al darle la segunda oreja. Arruza, en el de la despedida, poco pudo hacer con un toro, agotado con la vara y se vio apático, hasta que llegaron Las Golondrinas, y después de un bajonazo le cortaron el añadido. Poco pudo hacer Ponce con el segundo, mansurrón, al que despachó con una estocada tendida. Regaló otro, sin trapío, que fue cambiado por Jarocho, al que le recetó cuatro verónicas enormes, pero el buen toro se acabó en varas. Sin embargo, Ponce le dio muletazos de enormes quilates. Mejor toro que el primero, para Spínola, fue Cafetero, al que toreó bien con la capa con chicuelinas antiguas, puso un excelente par y profesó su toreo artista que bien llega a la gente, algunos pases en redondo, excelentes, pinchó al matar y se le concedió una oreja. ¡Tarde de toros completa! |
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