Suplemento
Y entonces, se llamó Muhammad Alí
En su segunda pelea contra Liston, la "mano fantasma" hizo su aparición. Foto: Archivo ESTO
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ESTO
1 de noviembre de 2009

La siguiente pelea fue contra el ex campeón Floyd Patterson, a quien el monarca de los pesados admiraba. Patterson, no obstante, desafió a Alí y declaró que era indigno del título, lo que se sumó a la que el campeón consideró el mayor insulto: continuó llamándole por su "nombre de esclavo", despreciando su fe musulmana.

El día de la pelea, 22 de noviembre, Alí subió al ring dispuesto a hacer que Patterson lo respetara. Así, calculó los golpes y los fue subiendo de intensidad a lo largo de 12 rounds, en los que no dejó de preguntarle a gritos a su oponente: "¿Cuál es mi nombre?".

Finalmente, el árbitro paró el combate para evitar una masacre. Alí retenía el título, y Muhammad Alí se inscribía con letras de oro en la historia.

ALÍ, PAFICISTA

Unos meses más tarde, el campeón fue llamado a enlistarse en el ejército estadounidense para la guerra de Vietnam. Alegando crisis de conciencia por su religión, Alí se negó a enrolarse: "Yo no voy a pelear con el Vietcong ese", fue la frase que se publicó en todo el mundo y que, además, le valió el ser despojado de su título de campeón del mundo.

"Me quitaron lo más bello", recordó años después Alí, que en junio de 1970 fue exonerado de todos los cargos en su contra.

Un año más tarde, Muhammad se dispuso a reconquistar lo que era suyo. El 8 de marzo de 1971, en Nueva York, se enfrentó a Joe Frazier por el cetro de los pesados, en un combate tras el cual los dos requirieron atención hospitalaria.

En el último minuto del decimoquinto asalto, Frazier alcanzó a Alí y lo tumbó... contrario a toda lógica, el ex campeón se levantó y resistió hasta el final, en un acto que el escritor Norman Mailer relató así: "fue entonces como si el espíritu de Harlem y los fantasmas de los muertos del Vietnam acudieran en su ayuda, manteniéndolo en pie frente al desorbitado Frazier. Demostraba, así, lo que algunos intuíamos en secreto: que es un hombre capaz de soportar la tortura moral y física, y seguir en pie".

El propio Alí, escribió en sus memorias, que "Joe fue el hombre más duro con el que peleé y fue un gran campeón, un modelo para todos los campeones. Joe Frazier fue un guerrero silencioso a quien admiré, porque uno no hubiera podido levantarse sin el otro".

Tres años más tarde, el 30 de octubre de 1974, Muhammad Alí se enfrentó a George Foreman, el campeón mundial en turno, en Zaire.

Ahí, frente a 60 mil espectadores, Alí estrenó lo que sería su nueva estrategia: el "rope a dope", que consiste en apoyarse en las cuerdas y dejarse golpear con estrategia, pues anticipaba los golpes del oponente, y movía el cuerpo acompañando el golpe para minimizar los efectos, hasta cansar al otro para, entonces, lanzar un contraataque.

Éste llegó en el octavo round, cuando logró colocar a Foreman en una de las esquinas y le propinó dos golpes a la mandíbula y otro en la frente, que hicieron girar al campeón. Entonces Alí disparó un golpe con la izquierda que ladeó completamente el rostro de Foreman, que aún resistió un derechazo más, antes de caer a la lona, vencido...

Después de superar a Foreman se enfrentó a Chuck Wepner, Ron Lyle, Joe Bugner y Frazier en Manila. Luego de cinco defensas más, el 29 de septiembre de 1977, Ernie Shavers hizo que su intención de abandonar el boxeo cobrara visos de hacerse realidad... No fue así, y en febrero del 78, Leon Spinks le arrebataba el cinturón de campeón del mundo en un combate que se decidió por puntos. Seis meses más tarde, en la revancha, lo conquistó por tercera vez.

EL EPÍLOGO

Para 1980, el campeón mostraba ya signos de cansancio. En octubre de ese año, por primera y única vez, Alí no pudo terminar una pelea. Fue un combate ante su ex sparring, Larry Holmes, que terminó a favor de éste, por KO técnico en el undécimo asalto.

En 1981, ante Trevor Berbick, llegó el final de una carrera insuperable, cargada de éxitos y marcada por un profundo orgullo y determinación.

El rey se retiró de los rings.

Cinco años después, Alí comenzó la pelea más dura de su vida, contra el mal de Parkinson, que ha ido limitando sus capacidades físicas poco a poco, pero que no ha evitado que emprenda una decidida carrera a favor de los menos favorecidos.

Hoy, 55 años después de que el mundo conoció al más grande de los grandes, Alí asegura que "he ganado más de lo que he perdido, y nunca tuve una voz tan poderosa como ahora". Y sabemos que tiene razón.