Opinión / Columna
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Rodolfo Aceves Jiménez
Un cuestionado procedimiento y una sonada leyenda
El Occidental
11 de octubre de 2009
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BRÚJULA PÚBLICA
Cuando el 3 de agosto de 2001, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) autorizó la venta del Grupo Financiero Banamex a Citigroup, por un monto de 12,447 millones de dólares (mdd), esta operación quedó exenta de impuestos, bajo el siguiente procedimiento: primero, el 50% mediante el intercambio de acciones de Citigroup por las de Banamex, y segundo, el restante se liquidó en efectivo, bajo tres modalidades a elección del tenedor de las acciones.
Entre los bienes vendidos, se encuentra la casa donde vivió Agustín de Iturbide, en el Centro Histórico de la Ciudad de México: una barbaridad.
Ahora, el Senado de la República acordó interponer una controversia constitucional ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) contra el Ejecutivo Federal, por la participación económica del gobierno norteamericano en Citigroup, ilegal en nuestro país.
Mientras tanto, en la Cámara Baja se instalaba la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública, que preside el diputado Luis Videgaray, ex secretario de Finanzas del Gobierno del Estado de México, quien advierte que es poco el tiempo que hay para elaborar el dictamen del Presupuesto para el año 2010, y propone un procedimiento de trabajo: legalidad, apertura y orden.
En el Bosque de Chapultepec existe un personaje sin igual. Se trata de un árbol ahuehuete, que dice la leyenda que fue plantado por Netzahualcóyotl en el año 1460, a petición de Moctezuma. Este árbol estuvo bajo el cuidado de sus guardianes -indígenas- con la misión de conservar la sacralidad del lugar. Se dice que el árbol -como máxima autoridad del bosque-, era una puerta dimensional, en donde los sacerdotes toltecas, lograban transportarse a otros mundos: un lugar místico. Cuando Moctezuma se enteró de la llegada de los españoles, se dirige al árbol, tratando de transportarse -como los sacerdotes toltecas-: pide permiso al árbol, se lo niega y le dice que vaya a enfrentar su destino de emperador, sea cual fuere.
A mediados del siglo XIX, este árbol fue bautizado por los cadetes del Colegio Militar como "El Sargento". Los Niños Héroes, encabezados por el teniente Juan de la Barrera y entusiasmados por los guardianes de "El Sargento" -una pareja de cocineros del Colegio Militar- se dirigen a pedirle permiso y solicitarle las claves para combatir al enemigo invasor de 1847 de Chapultepec.
Los guardianes consideraban a los menores como aspirantes a guerreros sagrados, pero a Juan de la Barrera, quien encabezó el contingente, lo consideraban como el más espiritual. Habían adquirido un nivel de conciencia.
Los menores frente al árbol, le argumentaron que esa batalla debía ser ejercida, no como una simple lucha militar, sino como una lucha sagrada - como la que sostuvo Cuauhtémoc o Juana de Arco- de la cual dependía el futuro de la patria.
Se dice que el árbol, inicialmente, se negó a darles información, pero al ver la resistencia del ahuehuete y en un acto de inocencia, lo amenazaron con fusilarlo y colocarle un anuncio: "este árbol es un traidor". Conmovido con el noble y glorioso gesto de los menores, "El Sargento" les otorgó el procedimiento: las claves de la lucha ritual, así como la letra de lo que posteriormente sería el himno del Colegio Militar.
Los generales Nicolás Bravo y Mariano Monterde, el último director del Colegio Militar, se convencen de que Santa Anna no les enviará refuerzos. El 13 de septiembre, los 800 soldados y 40 cadetes que defendían el Castillo de Chapultepec, sucumben ante la fuerza de más de 10 mil soldados invasores.
El primero en morir fue Juan de la Barrera; el segundo fue el cadete jalisciense Francisco Márquez, cuando bajó del castillo a enfrentar a los invasores, cerca de "El Sargento", éstos le disparan, cayendo muerto, y en un acto de reconocimiento y respeto, los soldados norteamericanos guardan silencio, interrumpen sus cantos y rodean el cadáver. El resto se hallaban en el Castillo en espera del enemigo.
La Historia reconoce a Juan Escutia como el que se arrojó con la Bandera antes de que el enemigo la tomara como trofeo de guerra, lo mismo hicieron Santiago Xicoténcatl y Margarito Zuazuo.
Un factor fundamental de reconocimiento, fue el decreto del 3 marzo de 1884, que establecía que en el Colegio Militar se pasara lista de presentes a los cadetes muertos en 1847, en que se debía responder con un convincente ''¡Murió por la patria!''
* Politólogo y asesor parlamentario.
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