Opinión / Columna
 
José de Jesús Covarrubias Dueñas 
Política, eje de la vida social
El Occidental
1 de enero de 2010

  A través de un ejecutivo fuerte y una representación que incluya a todas las fuerzas y grupos sociales del país, plural, homogéneo respecto a México y en la armonización de los valores comunes o en los intereses que nos afecten, entonces podemos trabajar en torno al proyecto. De aquí la necesidad de dar su peso específico político a los diversos grupos que conforman la sociedad mexicana, desde huicholes y tzeltales hasta empresarios e intelectuales, pasando por obreros y campesinos, estudiantes y mujeres; religiosos y políticos y demás géneros y especies que tenemos en el conglomerado mexicano, para ir integrando a la nación, consolidar una incipiente identidad, fuente de un nacionalismo que no sea cerrado a las manifestaciones exteriores ni donde seamos "entreguistas" con los extranjeros, prefiriendo nuestros recursos humanos y materiales.

Con nuestra representación perfeccionada de cara hacia los intereses nacionales y grupos que integran nuestro pueblo, habrá más canales de comunicación que nos permitan la armonización entre el iusnaturalismo y el iuspositivismo, las leyes serán producto de un sano equilibrio entre poderes y resultados de la construcción de consensos del ejecutivo con sectores sociales y de un legislativo con representación verticales y horizontales de toda la sociedad y en torno a los intereses de todos.

Sólo las necesidades nos pueden poner cadenas, las normas, obligaciones, las convenciones no deben de ir contra la naturaleza, los derechos deben ser impuestos por los poderosos o débiles encumbrados. Las leyes, entonces, deben ser una resultante de un proceso social, la soberanía sobre el hombre debe ser por una dominación pactada, con compromisos bilaterales, porque el hombre nace libre y por doquier se encuentra atado. Es sabido que somos diferentes y nuestras diferencias nos hacen desiguales por cualidades y características que nos distinguen y diferencian, virtudes o defectos, accidentes naturales que afectan directa e indirectamente la esencia o influyen en las diferencias sociales. Entonces las diferencias naturales entre los hombres tienen consecuencias culturales, económicas, de educación, de valores, en la ciencia y en la tecnología y en un conjunto de procesos culturales que conforman el bagaje de cada sociedad.

La desgracia es que el hombre tiene una parte animal, la cual depende de manera total y absoluta de sus instintos y quien controle y fomente los instintos humanos, pueden influir en su persona, sentimientos, actividades, decisiones y en su vida; aunque el proceso de educación y domesticación sociales van encausados hacia la eliminación de la animalidad, a través de la creación de valores y la formación de procesos culturales, lo cierto es que dicho proceso está siendo desmantelado por otro proceso contrario de información que fomenta el hedonismo capitalista y que está despertando al inconsciente colectivo primitivo con fines mercenarios, de piratas tecnocratizados, con instintos animales (que se aprecian en los crímenes, delitos y formas de ir corrompiendo a la niñez, a la juventud, a la sociedad y por ende, a las administraciones del país).

Así, la verdad está en la peor condición posible, la política es el eje de la vida social, si se rompe o corrompe, el pueblo se hace pedazos. Existe una identificación estrecha entre poder y dinero y capital y política, se dice que el Tlatoani mexicano es impersonal, sacerdotal e institucional y que ha sido un freno como el sindicalismo, el corporativismo, los empresarios, los latifundistas, la prensa y demás poderes, para hacer patria, la cual se edifica leyendo, escribiendo y luchando por la libertad, concebida como un bien precioso sólo concedido a los pueblos dignos de disputarlas; así se debe luchar con resolución y serenidad para demostrar la excelencia de las prácticas democráticas, asegurar la libertad y consolidar de manera definitiva la paz, paz de los libres en base a la ley, porque estar atentos a las necesidades y afanes de las grandes mayorías y de todos los mexicanos fue la esencia de la revolución mexicana, principio que se puede proyectar hacia el futuro ya que la vida es una obligación por los hijos y un tributo para la patria.

Por lo anterior, la nación no sólo será lenguas, etnias, pasado, sino la construcción de una identidad, una personalidad y un alma comunitaria resultante de habernos apropiado de grandes hechos pasados con la voluntad de hacer otros en el futuro. De ahí la creación del poder como una expresión sintética de la sociedad a través de principios y valores pactados en compromiso y proyectos de largo alcance que queden incrustados en el cerebro colectivo, como efecto de haber visualizado y priorizado las necesidades de la raza, con la finalidad de afrontarlas con una organización serena e inteligente, una reingeniería social que sea capaz de eficientar lo que hacemos en beneficio de todos para que los servicios públicos y los que hacemos los particulares para la sociedad, tengan una calidad total con los costos menores para el pueblo. Entonces el pueblo podrá proponer y disponer de los mejores hombres, prestados y listos para obedecer a la paz, a la razón y a la justicia, creadas por todos en armonía, porque han sido supeditados los intereses particulares a los de todos y se mira en torno al beneficio general, así, hombres y pueblos seremos hijos de nuestras obras y conforme esos hechos seremos calificados por las nuevas obras y conforme esos hechos seremos calificados por las nuevas generaciones, el mundo es una gran puerta de múltiples oportunidades, si queremos paz, velemos las armas, si queremos beneficios, trabajemos, si queremos democracia, votemos por ella; ¡hechos, no palabras!
 
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