Opinión / Columna
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Jesús Rodríguez Gurrola
El priísmo cayó en la trampa
El Occidental
14 de diciembre de 2009
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LA COLUMNA DE EN MEDIO
No obstante que la abstención ciudadana fue la triunfadora en los pasados comicios, en virtud de la falta de aceptación de las propuestas de los diversos partidos políticos, lo que en otras latitudes hubiera sido motivo para iniciar un análisis profunda de las causas que habían desterrado materialmente a la ciudadanía de las urnas, en nuestro país, tanto el priísmo como el panismo y la pedacera de los partidos llamados de izquierda, apenas se había declarado por sus instituciones comparsas la validez del proceso electoral, sin más se dieron a la tarea de repartirse los jugosos puestos que se derivan de estas contiendas.
Atrás habían quedado ya las propuestas partidistas, los que en el proceso electorero se decían acérrimos enemigos ideológicos e históricos, se hermanaban en el momento del reparto, se llegaba incluso a coincidir en los programas y mutuamente se brindaron elogios por las propuestas en los diversos renglones de la actividad política.
El morador de Los Pinos, por su parte había cumplido su papel, le lanzó a los pies de los priístas el señuelo de grandes salarios y portentosas comisiones y les ofreció hacer efectivo el sueño dorado de casi todos los que se dicen pertenecer o formar la "clase política"; la reelección en sus cargos de diputados y ediles de sus municipios.
Así en la más pequeña aldea que cuente con un presidente municipal, comienza a escucharse el canto de las sirenas en los entornos de su respectiva férula de poder, Nacen los panegiristas de oficio, los lisonjeros y los infaltables oportunistas que ya sienten eternizarse en el cargo a la sombra de la bendita reelección, "que tanta falta le hace al pueblo de México".
Es casi un hecho que no existe un ente investido con el ropaje de diputado o de presidente municipal, que se resista a escuchar los mágicos acentos de estos mitológicos seres que en la leyenda de Homero tentaron a Ulises, no lo hay, porque para pertenecer a esa "casta divina" se debe en principio ser totalmente ególatra, sentirse carismático, bonito o bonita, poseedor de dotes ilimitados para comprender todo tipo de cuestiones, sea del orden político, cultural, filosófico o deportivo.
"Los sabios deben gobernar" decían los griegos. Por eso nos gobiernan los eruditos, los intelectuales, los que han alcanzado los máximos honores de la cultura, los artistas, los sabios humanistas, los científicos, en fin los que de alguna manera han demostrado que los cargos públicos que ostentan, se deben precisamente a sus virtudes como pensadores en cualquiera o en varios campos del intelecto humano.
La reelección al parecer es una constante en los gobiernos de América Latina, la Revolución de 1910 se generó precisamente para evitar que un sátrapa como Porfirio Díaz, siguiera mancillando en cada reelección sus propios principios, que enarboló en el Plan de Tuxtepec, el 10 de enero de 1876, contra la reelección de Sebastián Lerdo de Tejada a la Presidencia de la República.
Es también una constante en los gobiernos de derecha, aliados del clero católico, la Historia está llena de ejemplos: Franco en España, Somoza en Nicaragua, Pinochet en Chile, Batista en Cuba, y tantos otros que no caben en el espacio de esta columna.
Pero al priísmo ya se le olvidó su origen, ya se le borraron sus principios, no se acuerda que surgió de la no reelección, de una lucha que ensombreció al país por la obstinación de los terratenientes y hacendados, conjuntamente con el clero católico, a seguir conservando a Díaz en el poder y con ello sus privilegios.
Ahora son los propios priístas los que apoyan esta iniciativa del licenciado Calderón, al menos hasta el momento no ha habido declaración que la refute, por el contrario su dirigente nacional Beatriz Paredes, ya parece despachar en Los Pinos, obviamente dándole su bendición a los pronunciamientos, planes e iniciativas del inquilino de esa mansión, pero sobre todo, otorgándole el espaldarazo a sus proyectos políticos, en una inédita alianza con el panismo de la República.
El cebo lanzado por Calderón al centro de la pista, ha sido tragado por todos los partidos, y ya se saborean con los suculentos manjares del poder, multiplicado una y otra vez y entregado quizá a sus hijos y a sus nietos como legado patrimonial que la República "Calderoniana" les otorga. Ojalá y el cobro de esa factura no sea la reelección de la Presidencia de la República, porque entonces el costo en esta ocasión, no se podrá cubrir en muchas generaciones.
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