Opinión
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Trinidad Terrazas Gastélum
Ley Lindbergh ¿para México?

El Occidental
28 de febrero de 2009

Escribo este artículo con la indignación e impotencia que prevalece en todo nuestro país. La atrocidad y crudeza de los delitos cometidos en las últimas fechas han rebasado los límites de tolerancia para toda la sociedad mexicana. Estoy segura que todos y cada uno de los mexicanos hemos sufrido en carne propia una agresión: llámese robo, secuestro, asalto a mano armada, amenazas, extorsiones, chantajes y otros delitos que se convierten en el pan nuestro de cada día.

Da pavor salir a la calle. Nuestros hijos no están seguros en ninguna parte. No vivimos tranquilos, salimos a la calle con angustia y miedo de no volver a nuestras casas. Nos acecha el peligro aún dentro de nuestros propios hogares.

Puedo encerrar en una palabra la causa de lo que estamos padeciendo: Impunidad.

La impunidad en las leyes débiles que no castigan a quienes delinquen provoca que los delincuentes se rían de la autoridad. Al no haber castigo para sus delitos, delinquen una y otra vez con un cinismo brutal.

El colmo fue ver en las noticias a la fiscal autosecuestros de la Procuraduría General de la Republica (PGR), Nicandra Castro, ofreciendo una entrevista sobre el plagio del joven Martí... dando la espalda a las cámaras de televisión. Con ese lenguaje corporal, estamos diciendo el pavor que las autoridades tienen a la delincuencia. Una situación inédita que asombró a todos lo que vimos el noticiero.

¿Por qué en Estados Unidos no hay secuestros? Por una sencilla razón: Porque se castiga con la pena de muerte.

En el año de 1932 secuestraron al hijo de Charles Lindbergh, famoso en todo el mundo por protagonizar en 1927, el primer vuelo trasatlántico a bordo de un avioncito llamado "El Espíritu de San Luis", lo que provocó que en Estados Unidos se promulgara una nueva norma llamada Ley Lindbergh, donde se aplicaba la pena de muerte a los secuestradores.

Un hombre llamado Bruno Hauptmann secuestró al bebé de Lindbergh, de un año ocho meses y, al llevarlo consigo, se le cayó de la escalera y se desnucó. Aún así, Hauptmann cobró un rescate por el bebé muerto. Fue tanta la indignación de todo el país, que se obligó a las autoridades a promulgar dicha ley contra los secuestradores.

Esa es la razón por la que en el vecino país no existen los secuestros. ¿Pero en nuestro país, donde es más delito robarse una vaca que violar a un niño, qué podemos esperar?

En estos momentos se encuentra "secuestrada" en el Senado de la República una reforma antiplagio desde hace año y medio por iniciativa del presidente Felipe Calderón Hinojosa, para castigar con cadena perpetua a los secuestradores que, formando parte de una corporación policiaca, cometan el delito de plagio en contra de un menor de edad.

Esta propuesta fue entregada desde el 9 de marzo de 2007, esperando a que nuestros ilustres legisladores se pongan a trabajar en bien de la sociedad. Esta propuesta tiene varias modalidades y una de ellas es aplicarla si el sujeto activo es o fue integrante de alguna institución de seguridad pública, si la víctima es mujer, menor de 18 años o mayor de 60 años, sea incapaz o se encuentre en inferioridad física o mental.

¿Qué esperan los legisladores? No tengo la menor idea. Pero tardarse significa vidas, significa estar presenciando estos hechos sangrientos en menores de edad.

Ojalá que esta indignación que nos causa esta situación que ya rebasa nuestra paciencia y tolerancia, sirva para que el Senado de la República apruebe leyes severas contra este tipo de delincuentes que no se tocan el corazón ni con los niños. Y peor aún, cuando estos delincuentes son policías en los que confiamos para que nos protejan de estos delitos sin nombre.

¿O por qué no una Ley Martí? Que la muerte de este jovencito sirva para que se detengan tantos asesinatos.

Señores legisladores: ¡Ya basta! ¡Exigimos leyes severas contra el secuestro!

* Empresaria y analista

analisis@notiemp.com
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