Opinión / Columna
|
Xavier Garabito
Al revés
El Occidental
4 de febrero de 2012
|
DOMINIO PÚBLICO
Decíamos ayer y si no lo decíamos lo pensábamos, que en los más recientes días, al despertar buscaba un acontecimiento no transformado en noticia, una cargo no catalogado por una institución, una habilidad que no fuera una profesión, una teoría no atiborrada y enaltecida como ideología. Buscaba pues, pero en todas partes me daban gato por liebre: pedía un libro y me daban una obra, requería una técnica y me enseñaban una metodología, buscaba un objeto y me ofrecían un diseño, quería un país y me encontraba en un Estado, yo deseaba una mujer pero me decían que eso eran cosas de mi libido y una verdadera irreflexión a mi edad.
Pero vamos a ver: la vida en las calles ofrece una primera paradoja. Nos movilizamos en ellas sin importar quién pase junto a nosotros. No existe en absoluto ningún reconocimiento a las prioridades de los otros. Los agobios sin fin y los sinsabores del trabajo, dibujan una ciudad con el rostro diferente. El cansancio y la desconfianza son el símbolo de nuestros tiempos. También el miedo.
Tiempos de paradojas, y también de cinismo. El Gobierno habla de preocuparse por "la gente" pero actúa absolutamente al revés.
Un análisis sociológico de las posibilidades de la democracia en México tiene como trasfondo necesario la figura de Tocqueville, y lo que él representa. Desde el punto de vista metodológico se limita a generalizaciones que no sean demasiado abstractas y filosóficas. Es necesario ver qué se entiende en sociología por democracia. Para ello hay distintos recursos y el primero es el de las definiciones tradicionales. Para Weber, la democracia incluye dos postulados: el primero habla de que al impedir que se desarrolle un grupo cerrado de funcionarios oficiales para que exista la posibilidad universal de acceder a los cargos públicos y, el segundo, se refiere a la reducción de la autoridad oficial para aumentar la esfera de influencia de la opinión pública en la medida de lo posible. Pero hay quienes resumen otras definiciones en una sola: la democracia -dice- es una sociedad compleja, un sistema que proporciona constitucionalmente y en forma regular la posibilidad de cambiar a los gobernantes, y como un mecanismo social que permite a la mayor parte posible de la población influir en las decisiones principales escogiendo a sus representantes de entre aquellos que luchan por los cargos públicos.
Pero es posible que estas definiciones se prestan -como es obvio- a interpretaciones equívocas. Muchas de las palabras que se incluyen en ellas exigen a su vez nuevas definiciones. Sirven para dar una idea aproximada; corresponden a conceptos intuitivos, que son útiles sólo en una primera etapa de la investigación.?"¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de democracia?", se pregunta M. Merino Huerta. Como tantas otras palabras que navegan los ríos de la política mexicana, ésta también va a la deriva. Cada quien le asigna un valor diferente según las circunstancias y, a veces, hasta una connotación propia. De tal forma que si -por ejemplo- ya la idea de la transición es ambigua, el puerto de arribo lo es aún más.
Es tiempo de poner un alto a la degradación política.
Columnas anteriores
Columnas anteriores