Opinión / Columna
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Sara S. Pozos
Del conflicto social al religioso
El Occidental
8 de febrero de 2012
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No acabo de entender en qué momento un cambio de sentido vial se convirtió en un problema de índole religioso. El tema que me ocupa es precisamente ese, el cambio de sentido de las calles Pablo Valdez y Esteban Alatorre, al oriente de la ciudad de Guadalajara. Como la información no llegó a quienes tenía que haber llegado en tiempo y forma, algunos vecinos inconformes, porque no se les tomó en cuenta, tomaron las calles para expresar su posición. Pero al hacerlo, incluyeron una variable que no debieron incluir en sus discursos: el tema religioso. Me han informado personas cercanas a quienes están en contra del cambio de sentido vial, que quien sugirió echarle fuego a la hoguera para quemar a los "hermanos de la Luz del Mundo", a su director general y a todo mundo, fue el cura de la parroquia de San Pablo, ubicada a unas cuantas cuadras de la colonia Hermosa Provincia. Los ánimos, en consecuencia, se han incrementado. Las agresiones también. Las amenazas no se han hecho esperar en contra de los miembros de la Luz del Mundo quienes reaccionaron, fueron las oficinas de Palacio Municipal en su calidad de vecinos de la colonia e invitaron a vecinos, ajenos a su fe, a manifestarse a favor del cambio de sentido vial.
Al día de hoy, las autoridades han sido incapaces de mediar en el conflicto social y religioso que en la zona se ha presentado. Se han visto, como siempre, incompetentes en este asunto. El silencio ha sido su mejor arma e ignorar a unos y a otros involucrados (a favor y en contra), ha sido su mejor estrategia. Error y grave de las autoridades estatales al no haber informado lo suficiente a los vecinos sobre el cambio de sentido. Error y grave de las autoridades estatales al haberse ausentado en el conflicto, mirándolo desde lejos. Los que más o menos intervinieron fueron las autoridades municipales pero su intervención no logró sino confundir a mucha gente al asegurar que el candidato del Revolucionario Institucional era creyente de la Luz del Mundo. Y al hacerlo, quien lo haya hecho, echó más fuego a la hoguera social de la intolerancia y la discriminación religiosa. Aristóteles es tan católico como Emilio, sólo que ha sabido separar su investidura de sus creencias, tal y como en un Estado laico deben separarse.
Los medios de comunicación también hicieron su papel, sacaron agua del pozo y en lugar de ayudar a "mediar" el conflicto, lo incrementaron. Su parcialidad ha sido una vez, tema de discusión. Su ausencia de interés, también. Debo decir que no todos los medios han actuado así pero sí algunos medios radiofónicos.
Lejos de resolverse, el conflicto parece aproximarse a un momento importante: la llegada de miles de visitantes a Hermosa Provincia este fin de semana y el que viene. Para nadie es desconocido que su visita obedece a festejar el cumpleaños del Director Internacional de la Iglesia La Luz del Mundo pero es, precisamente, ese motivo, el que han utilizado los vecinos inconformes para amenzar de todo y a todos los que, simplemente, no están con ellos. La desinformación corre a la velocidad de las redes sociales y la ausencia de las autoridades estatales sigue sorprendiendo a todos.
Quizá por eso, mi escrito tenga la intención de hacer una llamado a la opinión pública, a fin de que seamos capaces de separar lo estrictamente social del matiz religiosos que se ha querido dar al cambio de sentido vial. Es impensable e incomprensible que en este tercer milenio, la intolerancia religiosa vuelva a ser factor de conflictos sociales. Y los responsables directos de estos conflictos, esos que arrojan la piedra y se esconden detrás de las multitudes, esos que hacen ver el elemento religioso para crucificarlo en el pecho de los creyentes católicos, caminan por las calles como si nada hubieran provocado.
Y la Comisión Estatal de Derechos Humanos, un atento llamado. Necesita involucrarse en el tema, a pesar de la falta de legitimidad social que su presidente tenga. Y este acontecimiento sería un caso para reivindicarse con la sociedad. No sé qué esperan las autoridades estatales para hacer su trabajo.
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