Opinión / Columna
|
Ramiro Díaz Valadez
Desde el Poder Legislativo se tejen calamidades
El Occidental
18 de noviembre de 2009
|
Diputados y senadores del PRI, PAN, Verdes y otras expresiones de la inmundicia legislativa, han autorizado el Paquete Fiscal propuesto por Felipe Calderón, con adiciones pensadas para festines políticos de renovaciones de gubernaturas, diputaciones locales y alcaldías, en gran parte del territorio nacional donde se lapidan enormes cantidades de dineros del pueblo contribuyente de manera inútil; más bien para desgracia de la gente.
El crecido número de diputados y senadores con sueldos y canonjías de lujo se han vuelto un tumor para el pueblo que los lleva con su voto a las Cámaras, donde en cuanto asumen el puesto se vuelven pandilla, que responde a la manipulación e intereses de personajes contrarios al pueblo mayoritario, que participa en los procesos de votar. Parece que siempre ha sucedido lo que estamos viviendo: siniestros personajes salidos de un partido que jamás consulta la voluntad ciudadana para lanzar candidatos, donde la población, por inercia, se involucra con imaginación torcida para ir a votar por quien hace mucho, defrauda y vuelve a defraudar el significado del voto, hasta el descaro que viene moviendo sentimientos de desmoralización y desprecio, que no es para menos.
Entre panistas y priístas legisladores han tejido una conjura que aplasta todo intento de una minoría, que finalmente viene a ser la legitimación de acuerdos criminales que se traducen en mayor pobreza y dolor de la mayor parte de la población que a fuerza de tallones queda con la carne viva en momentos que el egoísmo de enfermos espirituales se empeñan en llevar al pueblo a la ira que tiene como medida la miseria que invariablemente se vuelve estallido violento.
No se advierten señales de cambios. La voracidad de las mafias del dinero y la opulencia que mandan a Felipe y todo el sistema federal, el Judicial y el Legislativo no tienen llena ni remota conciencia de sentido humanitario. Con los medios informativos de mayor penetración e influencia justifican atrocidades a coro con púlpitos y centros de enseñanza donde se ha adormecido y oscurecido la conciencia del pueblo, que a fuerza de ayunos, fríos, enfermedades y trastocamiento familiar se despierta y se vuelve flama que sólo se calma con comida y con satisfactores y luego disparar cambios para sepultar a los tiranos. Son absoluta mayoría los que repudian a los panistas con rencor acumulado desde las locuras de Vicente Fox, complementado con el fraude de Felipe Calderón y cada una de sus acciones como presidente espurio.
Corren rumores entre el pueblo bajo y despolitizado de expectativas de cambios para bien ante un regreso al poder de la nación de los priístas, cuando el PRI en lugar de evidencia de rectificación sigue bajo el dominio de personajes satánicos de la política, como Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa, tenebrosos como los gobernadores de Puebla, Oaxaca, Estado de México, Coahuila o Tamaulipas o gentes seguramente de gran influencia como Elba Esther Gordillo y enjambres de malvivientes que constituyen las reservas de los gobiernos para robar tan generosamente que "todos puedan hacerlo", como si fuera una virtud.
La verdad es que los tan escasos personajes del priísmo, movidos moralmente a la trinchera de la pobrería como Manuel Bartlett Díaz o Camacho Solís, entran perfectamente en las vanguardias revolucionarias. Son reservas del pueblo bajo, que bien pudieran ocupar los mandos priístas en caso de que el pueblo decidiera tomarlos y utilizarlos contra las larvas incrustadas, que seguramente deben ser debidamente fumigadas.
¿Pero habrán tenido la osadía, nuestros legisladores congruentes con la pobrería nacional, de renunciar al parlamento minoritario, aplastado y anulado por la mayoría malévola, con todo y canonjías para acudir con el pueblo y promover la organización, los movimientos y las acciones para el cambio de gobierno y de sistema? Permanecer como legisladores anulados, haciendo el papel de legitimadores de eventos criminales se vuelve complicidad. Es un engaño creer que los panistas, priístas y cuantos los mueven desde los centros patronales, empresariales y las guaridas de vendepatrias permitirán iniciativa digna de respeto. Es tiempo de marcar claramente las diferencias para que el pueblo no confunda la gestión de las inconformidades temerarias con alcahueterías simuladas.
Columnas anteriores
Columnas anteriores