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Opinión
![]() José Dolores Mártir Velázquez
Y sin embargo, no todo se ha descompuesto
El Occidental
10 de mayo de 2008
El día 4 de mayo, se cumplieron 6 años de estar colaborando en las páginas editoriales de nuestro diario EL OCCIDENTAL, pero también se cumplieron 100 años del nacimiento de uno de mis más grandes maestros: el licenciado Fernando Peraza Medina, abogado de origen, matemático por gusto y un magnífico maestro de filosofía y especialmente en el área de la Teoría del Conocimiento.
Recibí la invitación para asistir a los actos familiares para conmemorar su fecha de nacimiento y la obra de este intelectual mexicano que decidió jamás perder en sus expresiones su acento yucateco, festinando de este modo su origen. El evento se llevó a cabo en el rancho "La Serpentina", situado a 17 kilómetros de la ciudad de Querétaro, por el libramiento carretero a San Luis Potosí. En este rancho de Carlos Peraza, se produce el mejor queso de cabra de México, con una técnica que ha hecho escuela en el país. Comenzó a trabajar sin energía eléctrica y sin agua, apoyando en un tractorcito ruso que servía para todo. Le daba usos tan múltiples que hasta los rusos venían de la URSS para ver los rendimientos del tractor de su propia manufactura. Lo mismo servía para abrir los surcos, acarrear el agua, mover la trituradora de alimentos con su motor o proporcionar luz a la casa del rancho (diseñada por Carlos). Luego la relación con Fernando Peraza se hizo más cercana, cuando él vio mi entusiasmo intelectual y mi desarrollo en las tareas de educación política. No podía ser de otro modo, todos ellos, como Alejandro Gascón Mercado, Antonio García Moreno, etcétera, eran parte del Estado Mayor intelectual y político del maestro Vicente Lombardo Toledano, el intelectual más completo en la teoría y la práctica, la cultura más universal del siglo XX en México. Fernando Peraza Medina, usaba el método dialéctico para analizar e interpretar la Historia, en particular la Historia de México. Su reclamo permanente era que, si estudiábamos Materialismo Histórico, deberíamos por ello estudiar concienzudamente la Historia, porque no puede haber método que sirva si no tenemos materia en qué aplicarlo. Bien, pues en el evento del rancho "La Serpentina", una vez reunida su familia, algunos pronunciamos algunas palabras en honor del homenajeado. Por la noche nos alojó Carlos en una bellísima hacienda del siglo XVI de nombre "Chichimequilla", situada a 15 minutos del rancho, por la carretera que va a San Miguel de Allende. Al otro día por la mañana, Carlos me preguntó si podíamos retrasar un poco el retorno a La Serpentina, para llevarnos a un rancho que prácticamente quedaba en el camino de regreso. Como yo no tuve inconveniente, me animó diciéndome que iríamos a conocer la única cava de quesos de leche de oveja, que existe en el país. "Es un loco igual que yo, que se alimenta de sueños, que alienta proyectos mil y que produce cosas exóticas para su venta, que luego no se venden". Entramos al Rancho "Santa Marina", en la zona de "El Marqués". El primer impacto lo recibe el visitante por la impecable limpieza de sus instalaciones. Los empleados, rigurosamente uniformados que recibieron a Carlos muy cariñosamente e inmediatamente fueron a informar al dueño de las visitas, que nos habíamos congregado en un largo salón en cuyo centro se ubicaba una larga mesa de lo más rústico, compuesta por tablas rudas sobre burros de madera, donde se ofrecen las degustaciones de queso y requesón de oveja. Mientras desayunábamos en la hacienda, Carlos y Javier se retiraron a conversar a una de las bancas de la entrada al rancho. Hasta allá fui a interrumpirlos para decirles: "Conocerlos y tratarlos a ustedes me reivindica con la vida de este país. Yo escribo todos los sábados en el diario EL OCCIDENTAL de Guadalajara. Justamente ayer cumplí seis años de estar colaborando por invitación del licenciado Rodolfo González Reyes, director general del diario, mismo que me ha dado la libertad necesaria para escribir sin limitaciones o censuras. Escribo generalmente de política, pero algunas veces me ocupo de cosas agradables. Verlos a ustedes dos en actividad tan productiva y tan dinámica, me dice que no todo se ha descompuesto en este país. Que la simulación, la incapacidad, el derroche, la irresponsabilidad y la codicia que se ven en nuestro entorno social, es un reflejo de la podredumbre que se da en el medio empresarial, en la clase política y en todos los sectores parasitarios de esta sociedad nuestra. Me felicito por esta oportunidad y prometo ocuparme de todo esto en mi artículo de la próxima semana. De alguna manera les haré llegar un ejemplar del artículo, tanto del rancho "La Serpentina", como al "Santa Marina", con mi profundo agradecimiento por la bocanada de oxígeno que renueva mi fe, pero también mi convicción, de que, llegado el momento, podremos rescatar este país, de las manos de los predadores que hoy lo están saqueando, a través del gobierno, de los partidos políticos y de los empresarios desnacionalizados que han olvidado los conceptos de honestidad, lealtad y patriotismo que en otros tiempos animaron por lo menos a una parte del empresariado mexicano (Cámara Nacional de la Industria de Transformación). Este país da la impresión de que se esta deshaciendo en las manos de los políticos improvisados, o por mejor decirlo, de los empresarios metidos a políticos; pero pasando de la superficie al fondo del entorno social, encontramos a los mexicanos que, con mucho esfuerzo, insisten en mantenerse en el camino de la producción sin detrimento de sus preocupaciones por la sociedad, y especialmente por aquella parte más vulnerable, más débil hoy por hoy, los trabajadores de la ciudad y del campo. * Profesor e investigador de la Universidad de Guadalajara. Comentarios al teléfono: 36-17-07-24 dolmart16@gmail.com Columnas anteriores
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