Opinión / Columna
 
Jorge Gómez Naredo 
¿Ganando la guerra?
El Occidental
21 de diciembre de 2009

  Ahora resulta que Felipe Calderón es el salvador de todos los mexicanos. Que le debemos dar las gracias, que hasta una veladora le deberíamos prender. El asesinato de Arturo Beltrán Leyva por parte de la Marina Mexicana ha sido manejado (tanto por el gobierno como por buena parte de los medios de comunicación) como el gran logro de Calderón, como la evidencia que muestra, por fin, que la "guerra contra el narcotráfico" está funcionando, que va por buen camino, que pronto se ganará. Comunicadores afines al gobierno calderonista alaban la estrategia seguida en el actual sexenio en materia de delincuencia y reconocen los "méritos", "los indiscutibles méritos".

Pero fuera de los reflectores, alejados de esos operativos donde se acribilla a los narcotraficantes, ¿qué se ha erradicado del problema de fondo del narcotráfico? ¿Acaso se ha hecho más justa la sociedad?, ¿acaso se han aminorado los índices de pobreza que posibilitan que cientos de miles de personas se dediquen a alguna actividad relacionada con el narcotráfico? ¿Se han investigado las cuentas de los grandes capos de la droga? ¿Se ha castigado de manera clara, y ejemplarmente, los vínculos que muchos funcionarios públicos de alto nivel tienen con algunas organizaciones delictivas? No, nada de esto se ha hecho. Todo se ha enfocado a la confrontación, al balazo, a la granada... a la guerra.

Se ha hablado una y otra vez, que el problema del narcotráfico no es solamente una cuestión policiaca o militar. No es nada más cosa de ir a por ellos, de encarcelarlos, de matarlos, de meterles cientos de balazos a los cuerpos de los grandes capos de la droga. El problema del narcotráfico es más complejo. Y más difícil de solucionar. Tiene que ver con cuestiones de pobreza, de desigualdad social, de falta de empleo y empleos con sueldos míseros. Es un problema internacional, que no solamente compete a una nación, sino a varios países. Así pues, pensar que con la muerte de Arturo Beltrán Leyva se está "ganando" la guerra contra el narcotráfico, es una falacia. Pronto vendrán más y más narcos a sustituirlo.

Las declaraciones de Felipe Calderón, inmediatamente después de saber la muerte de Arturo Beltrán Leyva, indican que su estrategia para erradicar la delincuencia relacionada con el narcotráfico son las balaceras y las persecuciones. Y nada más. Dijo allá, en Europa: "Como he dicho en otros momentos, el Gobierno mexicano enfrenta con firmeza a la delincuencia organizada en todo el territorio. Nuestro objetivo es hacer que la justicia legítima del Estado de Derecho prevalezca sobre la acción violenta y arbitraria de los criminales". ¿Y es todo? ¿Solamente con la "justicia legítima del Estado de Derecho" se va a terminar el narcotráfico?

El narcotráfico, según cifras de la Secretaría de la Defensa Nacional, emplea a más de medio millón de personas, y genera, de acuerdo con la empresa de seguridad privada e inteligencia Kroll, ganancias de 40 mil millones de dólares al año. ¿Acaso un negocio tan rentable y que evade de la pobreza a cientos de miles de personas, se va a detener con operativos policiacos-militares? Seguramente no. Pero parece que allá, en el Gobierno federal, no lo entienden.

La violencia provocada por la "guerra contra el narcotráfico" ha sido mucha. Se ha hecho cotidiana. En muchas ciudades del país, la presencia de elementos castrenses es lo de todos los días. Al igual que las balaceras, los levantados, los asesinados, los cuerpos sin cabeza, las cabezas sin cuerpos y la intimidación a la población por parte de narcos y de elementos militares. ¿Acaso estamos condenados a vivir en estas circunstancias? Ojalá que no. Y ojalá que se busque, más allá de las acciones punitivas, una estrategia donde se miren, nítidamente, los graves problemas sociales y económicos que permiten la existencia del narcotráfico, y que posibilitan la entrada de cientos de miles de personas a ese negocio tan rentable, ese negocio que significa, para muchos, la única vía de vivir fuera de la pobreza y la marginación.

jgnaredo@hotmail.com
 
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