Opinión / Columna
 
Guillermo Ojeda Preciado 
The new rich people
El Occidental
7 de noviembre de 2009

  EL ESPECTADOR

Bueno, mis tres solitarios e ínclitos lectores, los saludo con el afecto de cada ocho días y hasta ahorita, manteniéndonos fieles al propósito, de no hablar ni bien ni mal de nuestra devaluada y justamente vilipendiada clase política nacional. Por lo que hoy siguiendo con el socorrido deporte de hablar mal del prójimo, nos ocuparemos de esa nueva especie que gravita en nuestro mundillo social, y que desea fervientemente al contrario de la burguesía, ser tomado en cuenta y figurar en todos los eventos para que se les reconozcan sus méritos de haber alcanzado, un nivel económico que les permite cuando menos en teoría alternar, con "la gente bien", y que son los ricos nuevos.

Esta camada de exitosos hombres de negocios, que iniciaron sus actividades productivas, ejerciendo las mas modestas actividades laborales, que no por modestas son menos dignas, aunque más de alguno se empeñe en borrar su pasado humilde, así como olvidar la gran mayoría de sus recuerdos, lo que incluye por supuesto amistades de antaño, y hasta familiares, porque se sienten avergonzados de que los relacionen con gente que son de la barriada, del poblado o ranchería que los vio crecer con huaraches de tres tiras, los mocos de fuera y el ombligo al sol por la camiseta ya raída de tantas y tantas lavadas efectuadas con jabón de pan y con el lomo cansado, pero resignado, de la autora de sus días.

Por lo pronto y para que nadie dude de su poderío económico grandes residencias, lujosos vehículos, joyas que certifiquen la autenticidad de su status, son los síntomas iniciales de una nueva vida, posteriormente insisten generalmente sin resultados satisfactorios, inscribirse en el club de golf de más rancio abolengo y acaban por conformarse con un club "patito", donde empiezan a labrar su nuevo círculo de amistades, que aunque íntimamente no los satisface del todo, bueno pero siempre será mejor, el arquitecto Pérez, y el doctor Gonzáles, que don Cuco el de la birria de la esquina y don Lencho, el abarrotero de a la vuelta, que por cierto durante sus infancias y en las frecuentes vacas flacas, en el seno paterno, mas de una vez hubieron de comprar de fiado, al típico ahí me lo apunta "porfa" don Lencho.

Pero venturosamente para esta especie, todo eso quedó atrás y ahora sólo queda echarle toda la tierra posible a ese pasado menesteroso y darle así cristiana sepultura a familiares, cuates del barrio y ex compañeros de labores, y desde luego ponerse a la defensiva, ya que si por desgracia, algún viejo amigo o pariente, averigua su dirección, están ciertos de que vienen a pedirles prestado, y solamente entienden, cuando de plano ni la puerta les abren y se niegan sistemáticamente a contestar sus llamadas, con lo que como Hernán Cortés, queman las naves de sus raíces, para conquistar, según ellos, el mundo de la decencia el glamour y la opulencia, aunque sin darse cuenta les pasa un poco lo que a nuestros queridos paisanos que trabajan en los Estados Unidos, que allá los discriminan y los marginan, y aquí que es la tierra que los vio nacer les niega la oportunidad de crecer, tanto económica como culturalmente, y lo cierto es, que salvo honrosas excepciones, acaban siendo como la India María "ni de aquí ni de allá".

Es bueno acotar que tienen en común con la gente cool, (especímenes de los que hablamos la semana pasada) aunque éstos, los ricos nuevos dijera Ortega y Gasset, son víctimas de su circunstancia, ya que carecen de la más elemental cultura, y para subsanarla a su modo desde luego, van a las funciones de la ópera, ellas luciendo despampanantes y anti ecológicas pieles y todo tipo de atuendos ostentosos, como joyas de pésimo gusto, y ellos muy orondos en fracs, la mayoría de las veces alquilados y que terminan lastimosamente arrugados de tanto dormir en el transcurso de la velada, a la que por supuesto no le entendieron nada, pero que les sirvió para que los vieran los demás, a pesar de que la mayor parte del tiempo se la pasaron roncando bajo los acordes de la orquesta y coros que daban música de fondo al tenor en turno.

Éste, mi estimado lector, éste es parte del nuevo mundo que crean los alguna vez modestos comerciantes, labriegos, carniceros, talabarteros abarroteros, paneleros, paleteros, y todos los oficios terminados en eros, sin tener nada que ver con la deidad de la mitología griega, que invitaba a los deleites de la carne y la concupiscencia.

Para terminar, saludo desde esta modesta columna a mi amigo José Antonio Chacón Robles, originario de Guadalajara y actualmente radicado en la bella ciudad de Colima, quien me hizo el favor de enviarme una interesante reflexión, para conmemorar el 200 aniversario del inicio del movimiento independentista de nuestra nación, así como el primer siglo de la Revolución Mexicana, donde indica que bueno sería si los más de 100 millones de mexicanos sólo consumiéramos artículos hechos en México, y regresáramos a costumbres prácticamente erradicadas de nuestra cultura cotidiana, como por ejemplo, volver al mercado todo el año, asistir a las ferias y exposiciones nacionales, guardar el pasaporte, y que durante todo el año 2010, los destinos de los mexicanos sean sólo lugares dentro del territorio nacional, que cambiemos bolillo por baguette, taco por hamburguesa, tostada por pizza, tequila por whiskey, y señala que con moderación, cosa en la que desde ahora señalo categóricamente, que no estoy de acuerdo, y coincido totalmente con Pepe, en el sentido de que desafortunadamente nuestro país es ya más conocido en el mundo por los delitos que vivimos a diario, y que estamos acabando con el prestigio ganado en décadas anteriores.

Para cualquier comentario o mentada a esta nueva y rica columna dirigirse a:

elespectador_guillermo@hotmail.com
 
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