Opinión / Columna
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Carlos Orozco Santillán
Guadalajara: la seguridad anhelada
El Occidental
3 de junio de 2009
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La gran diferencia que ha marcado al debate en materia de seguridad pública en nuestro país, es la realidad concreta de las víctimas del delito y la percepción ciudadana que han pretendido imponer los gobiernos al publicitar a ultranza logros en la persecución del crimen organizado y el narcotráfico mientras en la cotidianeidad los delitos comunes como el asalto a mano armada, a casas-habitación, y robo de vehículos sigue estando a la alza.
La falsa disyuntiva entre Un presidente que persigue a la delincuencia más armada -aún cuando el origen de estas mafias esté en otras naciones-, y un Jefe de Estado que se preocupa verdaderamente por acabar con la impunidad, no permite a los ciudadanos distinguir una política de Estado que lleve a los habitantes de una ciudad como Guadalajara a una auténtica seguridad integral, que incluya todo el proceso en la búsqueda de esta variable de calidad de vida. Es decir, la verdadera prevención, reacción y persecución de los delitos dentro del ámbito de la inteligencia policial y todos los factores que inciden en la conformación de mejores cuerpos policiacos.
Dar respuesta puntual a los problemas de inseguridad es muy necesario a través de la implementación de políticas públicas coherentes y articuladas que garanticen que nuestra ciudad sea un espacio ordenado, pacífico y armónico para sus habitantes y visitantes.
Que además de proteger la integridad física de las personas y sus bienes, permitan la colaboración eficaz en la persecución e investigación de los delitos, y establezcan orden y control de la circulación vehicular y peatonal.
Para el mejor desempeño de las funciones de los cuerpos policiacos se requiere la creación de un Consejo Metropolitano de Seguridad Pública, cuyo titular sea nombrado por mayoría calificada del cabildo y sea ratificado o removido de su cargo a los 18 meses por un observatorio ciudadano que evalúe su capacidad. Crear también un Centro de Estudios e Investigación de la Seguridad Pública, la Unidad Anticorrupción, Unidad de Supervisión Interna y el Instituto Superior de Policía y Seguridad Pública (con bachillerato técnico y licenciatura).
Sin embargo, no tenemos que ser especialistas en la materia para saber que la corrupción, la falta de compromiso social, ineficiencia, la trasgresión de los derechos humanos, así como los resultados negativos, son características que han llevado a la ciudadanía a la desconfianza y el temor hacia quienes se supone deben velar por nuestra seguridad.
Situación que podría cambiar si los policías reciben salarios más dignos conforme al rango y desempeño, y reciben preparación profesional. Se impulsan programas de vivienda, becas de estudio para sus hijos, se incrementa el monto de su seguro de vida y se jubilan al cumplir 30 años de servicio. Si pudiésemos lograr todo lo anterior, sin duda Guadalajara tendría la seguridad anhelada.
* Diputado de la fracción parlamentaria del PRD al Congreso de Jalisco.
carlos.orozco@congresojal.gob.mx