Opinión / Columna
 
Antonio Ochoa García de Quevedo  
El desafío del centenario y el bicentenario: construir un México más justo y más libre
El Occidental
3 de noviembre de 2009

  La consumación de la Independencia de los Estados Unidos en el año de 1776, aunado ello al inicio de la Edad Moderna, con el estallido de la Revolución Francesa, en 1789, en efecto, ambos acontecimientos influyeron notablemente en la consecución de la gesta de Independencia, la que tuvo la coyuntura histórica favorable de la invasión napoleónica a España, en 1808. El Padre de la Patria Miguel Hidalgo y Costilla convocó a un levantamiento en armas, la madrugada del 16 de septiembre de 1810, y posteriormente en ese mismo año decretó la abolición de la esclavitud en Guadalajara, a más de 50 años de que esto tuviera lugar en la Unión Americana, al triunfar en la Guerra Civil, de 1861, un norte libre e industrializado encabezado por el presidente Abraham Lincoln, sobre un sur agrícola y esclavista. De hecho el cura de Dolores libró varias batallas, entre las que sobresalen la del Monte de las Cruces que ganó, y la de Puente de Calderón que perdió ante el ejército realista. Mientras que en el Sur se había levantado en armas José María Morelos y Pavón, autor de los "Sentimientos de la Nación" en donde se resaltaba el ideario de la justicia social, lo cierto es que dichos sucesos fueron tomados en cuenta al redactar las Constituciones de Cádiz, España, en 1812, y la de Apatzingán, en 1814, mismas que sin embargo nunca entraron en vigor. Finalmente con el Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba se ratifica la Independencia por Agustín de Iturbide, con quien tuvo vigencia el I Imperio, y con Vicente Guerrero, en 1821.

Por su parte la Revolución Mexicana misma que según el destacado historiador Enrique Krauze pudo ser evitada si el general Porfirio Díaz hubiera cedido el poder a Bernardo Reyes, en efecto dicho movimiento iniciado por Francisco I. Madero, el 20 de noviembre de 1910, al convocar al Plan de San Luis Potosí se libró fundamentalmente por dos causas: el reclamo democratizador así como la formación de la justicia social, después de que privó, por varias décadas, el régimen semifeudal de las haciendas en las que los peones, campesinos y jornaleros agrícolas, laboraban en las haciendas de sol a sol, recibían una precaria o escasa retribución por su trabajo y se veían obligados a endeudarse de por vida a través de las alcabalas o tiendas de raya. No hay que olvidar, que en 1908, el octogenario dictador Díaz, en el marco del encuentro con el presidente de Estados Unidos: William Taft, concedió una entrevista al periodista norteamericano James Creelman de la revista Pearsons Magazine, en donde declaró que tras el auge económico el pueblo mexicano, estaba finalmente preparado para la democracia, por lo que en 1910 dejaría el poder. En ese sentido hay que destacar que si bien Madero consideraba que la celebración de elecciones limpias y transparentes resultaba el camino más cercano hacia la resolución de los grandes problemas nacionales, ideario que de alguna manera compartió don Venustiano Carranza, al convocar en 1916, a los trabajos del Congreso Constituyente de Querétaro, que el 5 de febrero de 1917 promulgó la Carta Magna que aun nos rige, primer documento jurídico y político a escala mundial, que por la iniciativa de algunos notables legisladores como Francisco J. Múgica y Heriberto Jara, incorpora en su texto los derechos sociales referidos el Artículo 3 a la educación, el 27 a los tres tipos de propiedad en el campo y al control por parte del Estado Mexicano de los recursos naturales prioritarios y estratégicos para el desarrollo del país y el 123 que norma el trabajo. Con todo hay que subrayar que el principal anhelo que contemplaron los constituyentes fue la construcción del México moderno, propósito que se hizo realidad durante la administración del presidente Miguel Alemán Valdés, con quien se consolidó la vida urbana y la industrialización.

En los umbrales del bicentenario del movimiento independentista y el centenario de la Revolución Mexicana debemos tener presente que el principal desafío que enfrenta nuestro país es la formación de la justicia social. Por esa razón creo hay que aprender de esos dos sucesos fundadores de nuestra historia y entender, que ahora por medio de un camino pacífico de concordia y reconciliación nacional, hay que aceptar que lo logrado en materia de desarrollo, educación, prestación de servicios de salud es ciertamente significativo más no suficiente habida cuenta que queda un largo sendero que recorrer para erradicar la extrema pobreza y la marginación que aún afecta a un número considerable de mexicanos. Desde mi punto de vista los principales logros con que cuenta nuestro país provienen de las obras forjadas por los gobiernos posrevolucionarios, de ahí que ante las tendencias actuales que auguran la vuelta al poder del PRI la más importante conclusión es que debemos seguir avanzando por el camino de la paz y la vigencia del Estado de Derecho, para hacer realidad asimismo el reclamo de una nación más justa, más democrática y más libre.

* Catedrático universitario de la UNIVA.
 
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