Opinión
Sara S. Pozos
El soldado, el cura y la internet

El Occidental
7 de enero de 2009

El soldado raso gana menos de siete mil pesos al mes. Es poco más que el ingreso promedio del mexicano, cada vez más pobre y más envilecido por su propio gobierno. El soldado es mandado a cualquier zona o lugar del país y en Michoacán, por ejemplo, se les ve en todos lados y en todas las calles. Armados hasta los dientes, los soldados fueron involucrados en una lucha que se convierte en la peor de las decisiones políticas modernas: la lucha contra el narcotráfico.

En un contexto político sumamente vapuleado, la crisis económica que nuestros sinvergüenzas gobernantes creían ajena y lejana, está terminando lo que Acción Nacional empezó hace más de ocho años: producir más pobres cada día. Las decisiones y programas del Gobierno federal no terminan por ayudar a quien realmente lo necesita y, en cambio, siguen beneficiando a un puñado de ricos, amigos y conocidos de los gobiernos.

Bajo este contexto, la Iglesia católica, por conducto de Víctor René Rodríguez Gómez, obispo auxiliar de Texcoco, pretende evangelizar a las Fuerzas Armadas porque, según él, la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado ha planteado una situación difícil para la vida de las personas y familiares de los militares. El cura, confundido por una extraña sensación "castrense", olvida que un Estado laico con reconocimiento explícito de la libertad religiosa, no se limita a que el individuo pueda decidir o no sobre la religión que desea profesar; no. El Estado laico exige, requiere de instituciones laicas -ajenas a toda forma de religión- y de políticas públicas y programas de gobierno cuyo valor o principio primordial sea la laicidad.

El jerarca plantea su hipótesis que deja de ser una meramente personal al darse a conocer a través de órgano oficial de comunicación de la Arquidiócesis Primada de México, por lo que se convierte entonces en un planteamiento institucional aunque no reconocido de manera formal. En su planteamiento, el jerarca confunde la preocupación esencial y la naturaleza de la institución religiosa a la que pertenece, con una aspiración decimonónica y antagónica del México moderno; es decir, una cosa es el proselitismo religioso al que tienen derecho las Iglesias, y otra muy distinta la terquedad de la jerarquía católica por instaurar la república católica en nuestro país.

Precisamente como consecuencia de esta visión errónea de lo que es la laicidad y de su interpretación muy personal sobre el derecho a la libertad religiosa, Acción Nacional nos está llevando a un abismo del que difícilmente podremos salir. La simbiosis entre Acción Nacional y la jerarquía católica no sólo carece de rumbo en temas políticos o económicos, sino lo que es peor, atenta contra los derechos fundamentales de los seres humanos, contra la laicidad del Estado mexicano y contra nuestras propias instituciones. Si la "evangelización de las Fuerzas Armadas" constituye un claro atentado contra el Estado laico, es seguro que el infractor quedará impune, debido a la corrupción imperante en el país.

Ni el Ejército Mexicano ni las Fuerzas Armadas del país necesitan ser evangelizados; lo que hay que hacer y con carácter de urgente, es sacarlos de una lucha que no sólo es infructuosa sino que, por sí sola, generará trueque y corrupción en todos los niveles de nuestras instituciones.

A propósito de notificaciones, también la Arquidiócesis dio a conocer esta semana su estrategia para modernizar la evangelización. Se trata de una red social denominada: Catolink, creada por ingenieros mexicanos al estilo Facebook. El sitio es parte del concepto iglesia 2.0 que, entre otras cosas, pretende facilitar información en la red para vincularse con comunidades y grupos de acción católicos.

La incursión de las Iglesias en internet no es nueva, aunque no necesariamente la red se haya utilizado para "modernizar la evangelización". Internet se ha convertido en un instrumento que facilita la evangelización pero no la moderniza. Otras denominaciones religiosas distintas al catolicismo, utilizan la red como medios de comunicación y difusión de actividades, así como para realizar transmisiones en tiempo real de audio y video.

Así las cosas, la Iglesia católica aprovecha el encantamiento mediático de la crisis para seguir golpeando y atentando contra el Estado laico.

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