Opinión
Hiram Abel Ángel Lara
¿Atentado, accidente, o infiltrados?

El Occidental
14 de noviembre de 2008

El avionazo de Reforma, como se le ha comenzado a conocer en el medio al accidente donde murieron más de 10 personas (una de las cuales era Juan Camilo Mouriño) y muchas más resultaron heridas, se está convirtiendo en una serie de declaraciones desafortunadas, especulaciones y lentitudes burocráticas que hacen más difícil la credibilidad de la versión oficial y avivan las opiniones que favorecen la creencia en el atentado contra dos de los hombres más importantes del actual gobierno. Esto se recrudeció aún más cuando desde la embajada estadounidense se adelantaron las conclusiones del grupo de expertos de los Estados Unidos que evaluaron las cajas negras, a las cuales encontraron libres de sabotaje.

En la consolidación de esta sospecha colectiva también han jugado un papel clave las declaraciones del Presidente ante su partido al recriminar a las corrientes internas ultraconservadoras del PAN sus "envidias y mezquindades" en contra del ex secretario de gobernación. En tal lógica, parecería que los regaños llevan como objetivo culpar a los críticos del accidente mismo. Obviamente, con ese tono del discurso lo que se aviva es la sospecha. Si las rivalidades ocasionadas por la presencia de los oponentes a Mouriño eran tan grandes como lo señaló en días pasados el mismo Calderón no debe resultarnos tan descabellado que la vox populi sume ahora al panismo recalcitrante, junto (o separados) con el narcotráfico, como uno de los principales sospechosos del accidente.

En lo personal y aún con el temor a equivocarme creo que se trató de un accidente, aunque me reservaré una probabilidad mínima a la posibilidad del "sabotaje". Si bien como se ha dicho la Learjet 45 era prácticamente nueva (un poco más de 1,500 horas de vuelo) en términos aeronáuticos y a su mando se encontraba un piloto don más de 30 años de servicios y más de 12 mil horas de vuelo, ello no es motivo de que no estuviera propensa a riesgos. También me resulta un poco iluso pensar que en los aviones donde viajan las grandes personalidades de la política nacional por ese sólo hecho tengan ya resuelto las adversidades de la vida. Es cierto que en muchos casos suponemos que los cuidados y revisiones sobre ese tipo naves debe "ser más exhaustivo" que sobre el común de los aviones, pero eso tampoco es cierto. El cuidado deber ser el mismo para todos, de lo contrario tendríamos las ciudades llenas de aviones en franca caída.

Lo que si me resulta más grave, y de ello poco se ha dicho, son dos o tres cosas. La primera tiene que ver no con las condiciones de las naves sino con las condiciones y órdenes bajo las que son piloteadas las mismas. Normalmente cuando se trata de ciertas personalidades es común que las naves, en el afán de lograr llegar a la próxima reunión en puerta, violen los códigos de seguridad. La segunda a los grandes riesgos que enfrenta la población de una ciudad donde el aeropuerto se encuentra a escasos 10 minutos del zócalo, como es el caso de la Ciudad de México. Ya en más de una ocasión se habían advertido los riesgos de que las aeronaves planearan durante más de 15 minutos sobre una de las ciudades más grandes y pobladas del mundo. Entre el argot de los pilotos se sabe -o al menos es una fama que se ha popularizado- que nadie con pocas horas de vuelo está autorizado para aterrizar en el Aeropuerto Benito Juárez por la complejidad de tal tarea.

Y finalmente, la vulnerabilidad que enfrenta el Estado mexicano y que propicia este tipo de supuestos en torno a algo que se pudo haber debido a una falla técnica y/o humana. El mero hecho de pensar que existe la posibilidad de que una infiltración en las más altas esferas haya provocado el accidente ya es grave. La misma tampoco ha sido descartada por el gobierno de Calderón, de allí de llevar las investigaciones hasta lo último. Si esto también es cierto entonces hay que ponernos nerviosos de cualquier forma, pues aunque no exista evidencia de que se tratara de un accidente provocado el mero temor de nuestras autoridades ya es indicativo de que ni ellas mismas conocen quienes son de su equipo.

E-mail: hiram.angel@gmail.com
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