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Opinión
![]() Magdiel Gómez Muñiz
Charlas de sobremesa
El Occidental
25 de octubre de 2008
La reunión en casa de Julieta (y Armando para no herir susceptibilidades) fue el marco perfecto para debatir sobre política y cosas peores; mientras degustábamos ricas viandas, Tomás -excelso abogado-; Polo -activo empresario- y Anna Bertha -brillante catedrática- no lograban ponerse de acuerdo sobre la validez y eficacia de meter un "catcher zurdo" en la Serie Mundial de Beisbol. Las Grandes Ligas también ocuparon silla en aquella tertulia sabatina.
Paty, la psicóloga del grupo (y no es que estuvieran locos o en terapia grupal) con toda razón decía a los amigos "lo que le falta a México es educación, mientras agitaba su vaso seguía en su discurso; a los mexicanos nos falta mucho por aprender, estar convencidos que para salir de la mediocridad y la parsimonia no hay otro camino más efectivo que estudiar". No se equivocó nuestra experta de la personalidad cuando también brindaba un aplauso al Gobierno de Emilio por la militarización de las policías, que esa es otra historia. La reunión terminó relativamente temprano, pero la filosofía continuó camino a casa. Resulta entonces impostergable la lucha en pro de una buena calidad educativa. Debemos exigir como ciudadanos que se redimensione la relación entre el Estado y sus políticas a favor de la educación, por ejemplo, si la memoria histórica no nos falla preguntemos: ¿Dónde está la retabulación salarial para el magisterio?; ¿qué hay de la profesionalización de los docentes?; ¿qué hay sobre los espacios dignos -infraestructura- para estudiar?; ¿dónde están las bibliotecas públicas?; y, ¿el civismo en los programas educativos?; ¿sabemos el índice de eficiencia terminal?; ¿cómo se otorgan las becas y a quién?; ¿la Enciclomedia?; ¿la prueba enlace? Tener educación de calidad no es una utopía. Debe ser un reclamo ciudadano, un grito de guerra esencial en nuestro país, la injusta y antidemocrática asignación de los recursos para el rubro educativo obedece al control monopólico de un gremio sindical anquilosado en procesos feudales de dominación dictatorial. La mentira se vuelve práctica cotidiana. Se intenta interpretar y escribir la historia educativa desde la óptica de los líderes sindicales. El docente es el primer eslabón en esta cadena antropofágica. Es notorio que se padecen reflejos condicionados a través de las complicidades con los gobernantes y líderes magisteriales, ejemplo "las Hummer como preseas para los representantes de intereses docentes" (mismas que se mimetizaron en una rifa sin boleto ¿quién gano el premio? Y ¿dónde paró el recurso obtenido de este sorteo?) Digno de una o muchas mentadas de madre. ¿A poco no? Sólo aquí se puede contemplar que una Secretaría de Estado tenga que negociar sus políticas de acción y legitimarlas con la aprobación y visto bueno de "la maestra". El tema es rico para debatir pero, se nos olvida algo: ¿Qué hay del educando? ¿Dónde quedaron estos insumos tan importantes para la educación? Creo que nos queda claro que lo primordial es promover paros magisteriales y hacer plantones en las principales plazas de las ciudades del país. La construcción de un orden constitucional legítimamente establecido y refrendado por el pueblo mexicano queda durmiendo el sueño de los justos. Ahora bien, ¿cómo alcanzar el objetivo de una sociedad educada, participativa e incluyente; si en los países en vías de desarrollo (México incluido) casi 800 millones de personas son analfabetas y en un umbral de 90 millones es la cifra de niños que no asisten a la escuela primaria a recibir la educación que la ley obliga? magdielgomez@gmail.com Columnas anteriores
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