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Opinión
![]() Hiram Abel Ángel Lara
Una grave recesión económica
El Occidental
24 de octubre de 2008
La única certeza que hoy en día tiene la economía mundial es la de la incertidumbre. Incertidumbre en el futuro laboral, en la inflación, en el nivel salarial adecuado para sobrevivir, en el crecimiento económico, en las variaciones en torno al precio del petróleo, en la fortaleza de las reservas económicas de los países (y sus blindajes), en los mercados financieros, en la movilidad cambiaria, en la fuga de capitales, en la duración de esta recesión, en el número de empresas que habrán de cerrar sus operaciones, en los créditos, en las tasas de interés, en el valor del dinero y su liquidez y, finalmente, en las predicciones futuras.
Y aunque se especula que las consecuencias más graves están por venir, ya comienzan a resentirse algunos problemas en la economía estadounidense. Por ejemplo, ya hay un aceleramiento en la pérdida de empleos en empresas como: Merck, National City, Pepsi Co., General Motors y Yahoo. Sólo en agosto del presente año el sector empresarial estadounidense ofreció 214 mil empleos menos de lo que lo habían hecho un mes antes, mientras que en septiembre aumentó la búsqueda de trabajo por candidatos cada vez mejor calificados. Esto se ha manifestado con mayor impacto en algunas regiones industriales de California y Arizona, donde los trabajadores están dispuestos a conservar su trabajo con un menor salario o contratarse por menos paga. Esto también indica que esta crisis vendrá golpeando por etapas, la primera abarcará a todo el sector secundario, es decir al sector industrial y de ahí se generarán los efectos sobre el resto de los sectores de la economía. En México los efectos aun no están completamente señalados, es más, podría decirse que el silencio que ha mantenido el gobierno en torno a las primeras cifras de impacto obedece a una actitud de prudencia. No obstante ya se perciben cuatro grandes problemas: el primero es la acelerada depreciación de la moneda respecto al dólar que ha obligado a la subasta de fuertes cantidades de dinero por parte del Banco de México (con impactos aún no informados sobre las reservas internacionales); un segundo elemento es el incremento de la inflación en gasolina, gas doméstico, electricidad, frutas y verduras; el tercero es la baja de remesas como consecuencia de la desaceleración económica en Estados Unidos y finalmente, el consabido incremento en el desempleo (sólo en Estados Unidos se espera alcance el 7% para fin de este año) con repercusiones insospechadas sobre la estabilidad política del país. Esta recesión tendrá sus impactos más fuertes sobre la escasa clase media mexicana que aún mantenía denodados esfuerzos por no se "jalada" hacia los niveles más bajos de percepción económica. Seguramente alguno que otro empresario que adquirió deuda en dólares para proveer de insumos a su empresa también se encontrará ya en la bancarrota, no así los especuladores de los mercados financieros, ellos son precisamente lo que están haciendo el gran negocio de su vida, al vaciar los mercados emergentes y trasladar los recursos hacia mercados más seguros o más bien convertirlos a la moneda más fuerte: el dólar. Estos señores son los que están provocando es "tsunami financiero" como lo llamó Allan Greespan, en su comparecencia ante el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Sin duda resulta más que curioso (realmente preocupante) que Greespan, el encargado de la Reserva Federal de aquel país, se sienta sorprendido por la magnitud de la crisis y que haya detectado un "defecto" en la forma en que los mercados (de créditos) funcionan y, además, revelado que desde hace algún tiempo se multiplicaron "novedosos" instrumentos de especulación que nunca fueron regulados (o más bien fueron desregulados). Esos mismos instrumentos funcionaron para todos los mercados financieros y han sido los que han puesto de cabeza al mundo, incluido México (recordemos el ataque al peso mexicano de la semana pasada por empresas como Comercial Mexicana, Cemex, Bimbo con fines especulativos). Esto que descubrió Greespan (apenas) el día de ayer, y que nunca lo hizo desde su posición privilegiada, obliga a pensar en la necesidad de establecer reglas claras y duras sobre las empresas y capitales financieros golondrinos o dedicadas a la especulación ¿Ello se hace hasta que se desarrolle una cumbre financiera como la convocada para noviembre por Bush o cada país debe tomar las mejores decisiones para su interés nacional y/o regional? Confiar en el actual presidente de los Estados Unidos no es lo más recomendable para nadie. A final de cuentas tal vez él sea uno de los beneficiarios de la especulación. Ante la nueva forma que ha adquirido la obtención de beneficios, el cual está muy alejado de los preceptos clásicos que llevaban a la "riqueza y desarrollo de las naciones", es necesario regresar a decisiones contundentes que pongan por delante el interés de los países. hiram.angel@gmail.com Columnas anteriores
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