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Opinión
![]() Hiram Abel Ángel Lara
Repensando 1968, cuarenta años después
El Occidental
3 de octubre de 2008
A cuarenta años de lo que unos califican como el movimiento social más importante de la segunda mitad del siglo XX, aún hay un debate importante que bien nos serviría para poner en su justa dimensión los logros y alcances de 1968. ¿Generación revolucionaria (y más "comprometida" que la actual)? ¿Movimiento que hace surgir la conciencia social del cambio político? ¿Inicio de la larga y añorada transición democrática? ¿Fin del régimen de partido único? ¿Cambio en las relaciones familiares, universitarias y entre gobierno y sociedad? Son sólo algunas de las preguntas que mueven a las reflexiones más inmediatas en torno a lo que, más bien, deberíamos llamar el primer movimiento urbano organizado de la época posrevolucionaria.
Los antecedentes de lo que fue 1968 tienen más de un origen. Si bien el inicio se localiza en el enfrentamiento entre estudiantes (algunos de ellos porros), de la Preparatoria Issac Ochotorena y la Vocacional 2 del IPN, es hasta el bazucazo y posterior ingreso del ejército a la Preparatoria Número 1 a punta de culatazos lo que impulsara el movimiento. Es precisamente ese hecho -sobre un movimiento para entonces aún fragmentado- el argumento ideal para que los estudiantes (en su mayoría pertenecientes a la clase media baja mexicana) logren organizarse en torno a una demanda muy específica: detener la represión inusual y excesiva en su contra. La efervescencia juvenil de la época también cuenta: los Beatles, la píldora anticonceptiva, la minifalda, las noticias del Mayo Francés, la Primavera de Praga, la Revolución Cubana, Vietnam y todo lo que estaba presente en torno al enfrentamiento ideológico de la "Guerra Fría" (la CIA, la KGB, etc.) impulsa a los jóvenes a tomar las calles, en una especie de "fiesta" o "carnaval" multitudinario. Argumento que en más de una ocasión he escuchado ya en algunos líderes y testigos de la época; memorables fueron las discusiones de Marcelino Perelló y Salvador Martínez de la Roca (El Pino) en 1998, durante los programas conmemorativos de tercer aniversario del movimiento. También es importante señalar que la movilización de 1968 tiene actores muy específicos: la Ciudad de México, los estudiantes de la UNAM, del Politécnico Nacional, de Chapingo, de la Iberoamericana, La Salle y de las Normales del DF. De lado contrario se ubicaba un gobierno autoritario y paranoico pero eficiente en el manejo de la economía. Sin embargo, poco conocida es la pugna interna de la época entre las distintas corrientes políticas dentro del PRI. En este sentido el movimiento refleja dos cosas; la primera, que es extremadamente centralista y urbano (y por tanto alejado del resto de la realidad nacional) y, la segunda, que sirve de escenario para que en la carrera y la pugna sexenal entre los precandidatos presidenciales se llevarán a cabo acciones de extrema rudeza. Si ambas hipótesis fueran ciertas se complica el argumento de que se trató de un movimiento con implicaciones nacionales. Bajo tal idea sería un error seguir sosteniendo que 1968 es el inicio de la transición del país hacia un régimen democrático y que el movimiento reunió en torno asimismo una conciencia colectiva del cambio. Tal cosa es una excesiva carga para un movimiento que sigue siendo mitificado. Más bien, hace falta repensar los factores del rompimiento de la continuidad de un proceso político que no logro "cuajar" sino algunas décadas después en otro tipo de movimientos (1988 y 1994 por ejemplo) totalmente independientes. La represión del Plaza de las Tres Culturas fue un acto de barbarie sin duda. Lo que nunca ha quedado claro es el papel jugado entre el Ejército, el Batallón Olimpia y los Francotiradores apostados en los puntos estratégicos de la plaza. Del ejército los estudiantes ya sabían que estaría presente en todos los actos convocados y la amenaza era evidente. Del Batallón Olimpia que su tarea era apresar a los líderes del Consejo Nacional de Huelga ese mismo día pero de los francotiradores poco se sabe y muy posiblemente allí se encuentre la clave de los que pasó ese 2 de octubre de 1968. Como dicen los que allí estuvieron, al día siguiente del 2 de octubre el sentimiento de derrota era (lo imaginaban) similar al que sintieron los Aztecas cuando cayó finalmente Tenochtitlán. Esa desolación -creo- acabo con la esperanza de cambio, de allí que la apertura, la libertad y eso que conocemos como democracia tardara varios lustros en llegar y se nos descomponga tan fácil. FE DE ERRATAS Ahora que comprobado que algunos lectores leen cuidadosamente lo que escribo, debo agradecer a uno de ellos el error aparecido en mi columna de la semana pasada. En las cifras mencionadas dice 700 mil dólares, cuando lo correcto es 700 mil millones de dólares, lo mismo sucede con la cifra de 800 mil millones de dólares. Columnas anteriores
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