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Opinión
![]() Hiram Abel Ángel Lara
Elecciones en Estados Unidos y la crisis económica
El Occidental
26 de septiembre de 2008
Tan grande como la cantidad de dinero que parece aprobará el Congreso para salir de la crisis financiera será la debacle del candidato republicano John McCain. Las consecuencias las han comenzado a sentir y en un afán de detener su caída en las preferencias electorales suspendió su campaña para regresar a su asiento en el Senado y posponer la fecha del primer debate (difícil de lograr), programado para el viernes 26. Todo ello a menos de siete semanas de que los estadounidenses elijan a su próximo presidente.
La decisión parecería ser descabellada y un tanto irracional pero el movimiento obedeció a dos cosas: la primera su incapacidad para responder qué hacer ante tremenda crisis y, segundo, demostrar que su responsabilidad como congresista es mayor que su interés como candidato, es decir, una especie de patriotismo ramplón. Más sensato ha sido Obama, quien ante la crisis ha llamado a republicanos y demócratas para unir fuerza. Ambos candidatos están a favor de cargar al erario público la inimaginable cantidad de 700 mil dólares y en consecuencia serán responsables del comportamiento económico de los próximos años: recortes en gasto gubernamental, aumento de impuestos y restricciones crediticias, ello con el fin de hacer manejable esa cantidad y el déficit público ocasionado por los más de 800 mil dólares que han costado las guerras de Irak y Afganistán. Tal vez la tremenda deuda no sólo haga imposible administración para el próximo presidente, también obligará a tomar decisiones que hoy en día son muy costosas: fin a las guerras en Medio Oriente y al apoyo a la lucha contra el narco en países como México y Colombia, así como un crecimiento del proteccionismo económico a costa de los ingresos de sus socios comerciales. Medidas, en la visión estadounidense, necesarias para salvar las finanzas públicas del próximo gobierno y alargar un poco los años de la hegemonía norteamericana, la que difícilmente llegará más allá del fin de la primera mitad del siglo XXI. De alguna manera el temor por esta pérdida de hegemonía es notoria entre el electorado norteamericano y se manifiesta en un rechazo por las políticas de la actual administración y todo lo que pueda relacionarse con el "horror republicano", como es el caso de McCain. Los cambios en las intenciones del voto son el ejemplo más claro de ello. De acuerdo con la última encuesta nacional realizada por The Washington Post y la cadena ABC News, el 52% de los encuestados creen que la economía se mueve irremediablemente hacia un declive de larga duración, 8 de cada 10 estadounidenses están altamente preocupados por la forma en que se ha dirigido la economía, tres de cuatro sienten que las repercusiones se resentirán en los stocks de mercancías y el 60% sienten que esta crisis tendrá una repercusión en las finanzas familiares. Esto ha provocado que las preferencias que antes apostaban a favor de McCain pasen ahora del lado de Obama, el resultado es una diferencia de 9 puntos porcentuales; hace algunas semanas (después del fin de la convención republicana) se auguraba una elección cerrada, imposible de definir al ganador. La encuesta pone por encima a Obama cuando se pregunta respecto al manejo adecuado de la economía y refleja ya unos avances en el flanco débil del demócrata: la seguridad nacional. Con la crisis en puerta, a McCain ya no le sirve de nada ser el veterano prisionero de guerra, el paladín armado de la libertad. Tampoco le ayuda mucho que le acompañe una mujer en la formula. El efecto Palin también ha entrado en recesión, ello se manifiesta en el entusiasmo que tienen los republicanos respecto a sus candidatos, el cual es mucho más moderado que el de los demócratas. La actual crisis económica ha cambiado los matices de una elección que era vista como la primera que abría las puertas a las minorías raciales y de género. Eso parece que con conforme se acerque noviembre será el tema menor, lo que ahora se busca es un líder que logré salvaguardar la libertad económica por la que tanto pugnan los norteamericanos (y por la que hacen sus despreciables guerras). La batalla futura la tienen en casa y el mundo está a la expectativa. * Analista político e internacionalista. hiram.angel@gmail.com Columnas anteriores
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