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Opinión
![]() Experiencia China
Clemente Hernández Rodríguez
Los precios de los alimentos
El Occidental
8 de mayo de 2008
Hace unos días, Naciones Unidas anunció que estamos en una emergencia mundial por el precio de los granos. Y es que los precios no han dejado de subir, y la tendencia ya llegó a algunos que parecían tranquilos, como el arroz. En algunos países la escasez de granos se empieza a convertir en crisis política. Esta nueva variante de crisis se ha venido gestando poco a poco, llegando a proporciones tan grandes que se le está reconociendo como el "tsunami silencioso". Esta crisis es heterogénea en el sentido de que no es propia de todos los países del mundo, pero que sí los han afectado y sigue afectándolos en cuanto a aumentos entre 40-70 por ciento en los precios de productos básicos para la vida diaria (arroz, maíz, trigo, productos agropecuarios, entre otros) y, en particular, a las naciones.
Las causas de dicha situación adversa se atribuyen a varios factores como, un mayor consumo, los cambios climáticos aquí y allá en el mundo, la sequía en Australia, las bajas cosechas europeas en el año de 2005, la alta demanda de biocombustibles para hacer frente a los elevados precios del petróleo y la presencia de dos declarados "devoradores" de granos en los mercados mundiales: China e India. Además, hay otras dos razones adicionales en el alza de precios. La primera es la devaluación del dólar, que no es cosa menor. La segunda, el increíble crecimiento en el precio de los fertilizantes. En año y medio han subido 300 por ciento en promedio, aunque el fosfato supera 400 por ciento anual. Si, además de lo anterior, consideramos los usos alternativos de las materias primas, el asunto se complica. Así cuando Estados Unidos decide usar maíz, el efecto sobre el mercado es monumental. Primero, al subsidiar a los productores y al pagar un mayor precio (es decir, doble efecto), lo que ocurre es que producirán más maíz, y abandonarán otros cultivos, provocando un desajuste de todos los granos. Así, el uso del maíz como alimento de animales fue sustituido con sorgo, que también subió de precio. El maíz para humanos, por trigo, que no pudo producirse al ritmo necesario, y subió de precio. Puesto que el maíz da más rendimiento, por el precio y el subsidio, los productores dejaron de producir soya, que también subió de precio. Y así podemos seguir concatenando la reacción en los precios de otros granos. Para ejemplificar, Estados Unidos redujo su producción de soya de 86 a 79 millones de toneladas (es el primer productor mundial), con lo que la producción total del mundo bajó de 235 a 222 millones de toneladas, porque no hubo cómo compensarlo. En el maíz, la producción mundial sube, de 700 a 770 millones de toneladas, pero todo ese incremento no compensa lo que ahora se destina a etanol, que ronda los 80 millones de toneladas. Es decir, hay una pequeña caída en la oferta, y un inmenso crecimiento en la demanda (por el uso como combustible). El trigo cayó, el año pasado, por problemas de clima, de 622 a 594 millones de toneladas, y ahora sube a sólo 602 millones, provocando la caída en los inventarios al nivel más bajo desde 1960. En teoría estaríamos llegando al punto máximo en precios de alimentos, y para el verano deberían empezar a reducirse, aunque no a los niveles que teníamos hace unos años, sino al que promediamos en 2006 y 2007. Pronto sabremos si eso ocurrirá o no, pero desde hoy ya podemos ver lo que cuestan los errores de política económica. Columnas anteriores
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