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Opinión
![]() José Dolores Mártir Velázquez
¿De qué mártires hablan?
El Occidental
19 de abril de 2008
El polvo que ha levantado el proyecto del ya famoso (por lo repudiado) "Santuario de los Mártires", se debe más a las preguntas que provoca sobre la legitimidad de su denominación, y la soberbia que subyace en sus dimensiones, que las respuestas que sus promotores ofrecen para justificarlo. Se dice que el proyecto pretende superar la imagen de magnificencia que el santuario principal de la Iglesia La Luz del Mundo ha logrado con su edificación central y los centenares de miles de fieles que anualmente se reúnen en la colonia Hermosa Provincia, para celebrar su "santa cena" y otros rituales evangélicos.
Otros comentan que ese centro ceremonial católico a todas luces pretende demostrar que la Iglesia católica ha llegado ¡por fin! Al poder material y político en México, pero especialmente en Jalisco, con "Emilio el católico", (que en realidad debería señalársele como Emilio el sinarquista), y que por ello la gubernatura es atendida por Emilio como gente, porque el verdadero dueño del changarro es el cardenal Juan Sandoval Iñiguez, ese culto y refinado clérigo que se distingue por su delicada pronunciación y su entonada voz, como la tenían los antiguos locutores de la XEW. Los observadores más sensatos arguyen que un santuario surge poco a poco, en el lugar en el que supuestamente se aparece la imagen de alguna divinidad mayor o menor, y cuyos primeros visitantes o testimonios van pasando la voz sobre maravillas y milagros en el lugar, hasta convertir el sitio en punto de reunión y de culto de una vigorosa corriente de fieles por devoción o simple curiosidad. Así es como se habla de "La Virgen del Periférico", "de la carretera" o "de la piedra". La Iglesia católica no es muy diligente en reconocer la santidad de tales lugares, porque todos esos nuevos centros de adoración terminan por dispersar la derrama de limosnas y donativos de toda índole, ya que en cada sitio aparecen de la noche a la mañana urnas y alcancías para que los peregrinos depositen sus óbolos, y tales fondos van en detrimento de los centros parroquiales. Pero, quiérase o no, es así como se construye el proceso de aparición y crecimiento de un santuario: desde abajo en la voluntad y devoción de los fieles, y no desde arriba, por decisión de una cúpula clérigo-gubernamental y por añadidura, con dinero ajeno que es propiedad pública. Por eso se cae sola esa argumentación del ventrílocuo Juan Sandoval y su Titino Emilio, cuando afirman que el santuario dizque de los mártires se convertirá en polo vigoroso de atracción turística para miles y miles de personas y peregrinos que, de México y del extranjero, harán camino para concurrir a rendirle pleitesía a los líderes cristeros que hoy por hoy, están librando una batalla artificial, anacrónica, que pretende regresarnos al siglo XIX, a las polémicas discusiones ya obsoletas entre jesuitas y masones porque, ¿de qué mártires habla la Iglesia católica? ¿De los que cayeron con las armas en la mano, azuzados por los curas en cada púlpito del Bajío y Los Altos de Jalisco, para combatir los preceptos constitucionales con que la jerarquía católica veía agredidos sus intereses, que nada tenían de espirituales? ¿Aquellos ignorantes campesinos que eran conducidos a la hoguera contrarrevolucionaria con un escapulario al pecho que decía: "bala, detente, el Sagrado Corazón me acompaña? ¿Esa carne de cañón espiritualmente inocente, que ignoraba cómo se le manipulaba para defender los privilegios de hacendados y cúpulas plutocráticas nacionales y regionales que habían sido sostén del porfiriato y que ahora la Revolución Mexicana iba triturando? Ellos dentro de su inconsciencia e ignorancia, disparaban de buena fe a los abnegados soldados del nuevo Ejército Mexicano que defendía la nueva vida institucional revolucionaria. Creían estar defendiendo sus derechos a la fe que sustentaban. No alcanzaban a divisar el entramado de intereses de la jerarquía católica con el imperialismo norteamericano y las compañías petroleras bajo su control en México. Si a esta grey engañada se trata de reivindicar con el famoso santuario del Cerro del Tesoro, algo de respeto podría merecernos su decisión de lucha. Pero la Iglesia católica no habla de otros cristeros de esa misma grey que violentaron contra la Revolución Mexicana; nos referimos a esos cristeros de buena fe que iniciaron el retorno a sus hogares, cuando el presidente Lázaro Cárdenas, apretó las clavijas a la cúpula de ese clero político ambicioso y reaccionario y no tuvieron más opción que desmovilizar a sus guerrillas entregando sus armas al Ejército Nacional. Luego vino lo peor. Los mismos curas que desde los púlpitos arengaron a los feligreses a tomar las armas contra el gobierno, una vez terminadas las acciones de guerra, cuando muchos de los cristeros intentaron regresar a sus hogares, esos mismos curas, en alianza ahora con el Ejército que habían combatido, denunciaron a los cristeros y en no pocas ocasiones propiciaron su asesinato. ¿A esos mártires cristeros es a quienes les están levantando el famoso santuario? Eso sería comprensible, porque es la Iglesia como institución la que está en deuda con los que serían "sus mártires", pues fueron sus víctimas, enviados a morir en una guerra que en realidad les era ajena, por los intereses que turbiamente manejaba esa Iglesia que para nada representaba los intereses reales de aquella carne de cañón campesina agobiada por las arengas de la clerigalla grilla que a toda costa quería obtener ganancias de pescadores a río resuelto. Si a estos mártires, enviados irresponsablemente a la guerra y luego traicionados por el mismo clero que los empujó a la aventura, es a quienes la Iglesia católica está levantando ese santuario, pues que lo diga con claridad y no ande con eufemismos o justificaciones periféricas. Que el sinarquista (fascista de huarache) quiere donar su casa particular o la casa que tiene en la costa sur de Nayarit, que lo haga y nadie se alterará. Saliendo de su bolsa puede donar hasta sus calzones, por "balaceados" que estén, y nadie lo condenará por ello. Pero esos 180 millones de pesos que no son suyos, sino de propiedad social, no tiene derecho de regalarlos a nombre de su fe personal, como tampoco tuvo derecho a usar la Casa Jalisco para dizque estudiar la Biblia con el pretexto de que así formaría mejores funcionarios públicos, porque esa casa no es propiedad del gobernador en turno sino del pueblo de Jalisco y su derecho de uso es limitado a las actividades de la función pública para lo que fue electo. Emilio. El Partido Conservador, fue derrotado con las armas en los campos de Calpulalpan, en el siglo XIX, y al Emperador austriaco que trajeron para apuntalar la causa conservadora, lo fusiló el Ejército Liberal triunfador en el Cerro de las Campañas, en Querétaro. Tú quieres regresarnos al siglo antepasado, Emilio, para recuperar privilegios y fueros de tu Iglesia, pero si resucitas el pasado mencionado, también revivirán los liberales que derrotaron a tu causa, que anacrónicamente te empeñas en resucitar aunque hoy esos liberales estén tan anulados por el corporativismo priísta de más de medio siglo. Comentario al teléfono: 36-17-07-24. * Profesor e investigador de la UdeG. dolmart16@gmail.com Columnas anteriores
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