Opinión
José Dolores Mártir Velázquez
Referéndum y revocación de mandato, contrarios a la partidocracia

El Occidental
12 de abril de 2008

Habíamos dicho ya en trabajos anteriores, que la democracia fue sojuzgada en nuestro país por la partidocracia, es decir, por la cúpula de burócratas y políticos bribones que manosean la política mexicana a nombre de las siglas que supuestamente representan electoralmente a la sociedad mexicana, y de las cuales las más importantes son el PAN, el PRI y el PRD.

Ha quedado claro en demasía que los intereses de la patria y de la parte mayoritaria de la sociedad, que son los trabajadores manuales e intelectuales de la ciudad y del campo: que la soberanía nacional, su independencia y autodeterminación, no forman parte de las preocupaciones de esas rémoras parasitarias que acaparan las páginas y el tiempo publicitario de los medios masivos de comunicación.

El PAN y sus burócratas a menudo exhiben sus tendencias apátridas subordinados a las grandes decisiones de sus yunques, Legionarios de Cristo y huestes opusdeístas, amén de la institución clerical que pone un agitador en cada púlpito cada que es necesario, como lo presumió el cínico de Emilio González Márquez, en el consulado de USA, cuando era promotor de su campaña para gobernador: "¡Tres mil curas me apoyan!"... Y lo probó el cardenal Juan Sandoval Iñiguez, al ordenar la organización de los famosos "talleres para la democracia" en las sacristías, para mover a su gente en contra de Andrés Manuel López obrador, y en particular a favor de la candidatura de Emilio.

No se trata de dimes y diretes. Los hechos prueban lo dicho por el consulado americano. El PRI, que nunca aprendió a ser oposición, se convirtió en simple cómplice de la ultraderecha en el poder, siguiendo la costumbre secular de subordinarse al presidente en turno, cualesquiera que sea su color político.

En el caso del PRD, que algunos mal llaman "la izquierda", esos señores participan ayudando a la ultraderecha de la forma más peculiar: destruyéndose a sí mismos. La bolsa parasitaria que se nutre de los billetes que reparte tan generosamente el IFE, no está para ocuparse de cosas tan triviales como es el patriotismo y la defensa de los intereses de los trabajadores. Ellos simplemente ayudan a Felipe Calderón suicidándose, para dejar pasar las contrarreformas legislativas, contrarias al interés patriótico.

Sí, así como dejó pasar Pablo Gómez (ex comunista) la Ley Televisa, simplemente no leyéndola. Porque no quería ser vetado como futuro senador. Y es que las cosas se complicaron en el PRD porque los chuchos no dieron el ancho para secuestrar al PRD. Entonces el plan "B" es dividirlo y conducirlo al suicidio. De la chiquillada mejor ni hablar.

Pero a este tipo de dirigentes no les interesa discutir nada que se relacione con la democracia, como son las formas jurídicas y políticas del referéndum y la revocación de mandato.

El referéndum es un mecanismo de democracia directa por antonomasia (Wikipedia, la enciclopedia libre) y en la actualidad complementa el régimen de democracia representativa, potenciando la intervención directa del cuerpo electoral, es decir, de la masa ciudadana para decidir algo de interés público.

Por eso la FEU, los estudiantes de la UdeG, están intentando realizar un referéndum para involucrar a la población en torno al aumento de tarifas de un transporte pésimo, sucio, mal educado, y caro, cuyos dueños de los camiones se están robando los 21 centavos de cada cinco pesos que cobran, disfrazados de redondeo, a favor de las bolsas pero ni siquiera de los choferes, sino de los dueños de los camiones.

Hay quienes consideran sinónimos al referéndum y al plebiscito, pero algunos doctrinarios establecen sus diferencias, pero aún así sus vínculos necesarios. Lo que pasa es que el plebiscito se utiliza para objetivos de carácter político, como fue el caso del desafuero de López Obrador, en cambio, el referéndum se utiliza para cuestiones de tipo legislativo, constitucional y asuntos administrativos.

Pero su vínculo y parentesco esencial reside en que en ambos casos es el pueblo movilizado el que hace sentir su opinión y su presencia física en la calle. Es pues, en ambos casos la ley de la correlación de las fuerzas sociales la que determina el destino de lo que se pretende aprobar o rechazar.

Por eso se dice que algunos referéndums suelen ser plebiscitos encubiertos. Pero hay otra figura jurídica y política sobre la cual se opina pero pocas veces se ejecuta, a pesar de que en este caso sí hay formas jurídicas de implementarla: es el caso de la revocación de mandato, para aplicarla a los gobernantes que, como Hitler, le prometieron todo a todos, pero luego en el ejercicio del poder su conducta fue selectiva para beneficiar exclusivamente a los que financiaron su campaña y desplegaron un apoyo no siempre legal para lograr la victoria electoral.

En México se llama Juicio de Procedencia, y la Cámara de Diputados, sea local o federal declara la procedencia del juicio político y se priva del fuero al funcionario para ponerlo a disposición de las autoridades correspondientes, caso de haber elementos evidentes para ello. Se lo aplicaron en la Cámara Federal de Diputados a López Obrador, pero tuvieron que echar marcha atrás frente a la millonada de gentes que salieron a las calles para reprobar tal medida legislativa, en un verdadero y gigantesco plebiscito que tuvo efectos de referéndum, porque Fox se acobardó (los panistas siempre tiemblan ante las movilizaciones populares de gran tamaño, porque les aterrorizan las masas puestas en pie de lucha).

Se retiraron los cargos contra "El Peje" como efecto de tal movilización de masas. En nuestro país no hay legislación en torno al referéndum y el plebiscito, pero sí la hay para la revocación del mandato. Pero cualquiera de las tres formas jurídicas y políticas que la práctica social ponga en marcha, estarán determinadas en cuanto a sus resultados y efectos, por la ley de la correlación de las fuerzas.

Si la mitad más uno de la población hace sentir el peso de su opinión y la defiende en publico de manera organizada, no hay victoria que se le niegue al pueblo. El cinismo, la petulancia, la hipocresía, la soberbia y en suma, el profundo desprecio que Emilio González muestra a la opinión pública, especialmente cuando se burla de Juárez y el Estado laico, no pasarán de ser anécdotas a futuro cercano, sobre un gobernante zafio cuya cabeza de contador público de chiles y centavos, no le permitió comprender el rango de la institucionalidad del cargo por asumir al frente de los destinos del Estado, comprender esta sociedad plural y poder gobernar para todos y no solamente para los mimados del Cardenal, sí, ese que cuando habla parece que juega en la lengua con una papa caliente.

Y entonces tendrá que rendir cuentas de las millonadas regaladas a Televisa, y TV Azteca, y a su Iglesia particular, la Católica, pagando el servicio que sus tres mil curas le prodigaron con sus "Talleres por la Democracia", en las elecciones de 2006. Su cinismo como gobernador y su soberbia descansan sobre la desorganización popular, pero ese no es un fenómeno eterno. Mañana esa organización que comienza con la recolección de firmas reprobando la macrolimosna para el santuario cristero, podrá hacer morder el polvo al pequeño gobernante que se atreve incluso a desmentir al consulado gringo...

¡Aaayyy Emiliooo! Bien dicen que el diablo ciega a quienes quiere tomarles el alma. Pero es que Satanás no se ha percatado que el alma persignada de Emilio le pertenece desde que era dirigente sinarquista, o sea, nazi de huarache.

* Profesor e investigador de la UdeG.
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