Opinión
Experiencia China
Clemente Hernández Rodríguez
Revolución sexual

El Occidental
2 de abril de 2008

China se halla en medio de una revolución sexual, que hace evidentes las contradicciones de una China cambiante, con un pie parado en los valores tradicionales y el otro moviéndose rápidamente hacia una clase moderna de "amor libre". Esta revolución es un resultado de su creciente prosperidad y de menores restricciones por parte del gobierno. Ha habido un notable cambio en actitudes, particularmente entre los que nacieron en los bulliciosos ochenta. Las actitudes relajadas hacia el sexo marcan un hito histórico comparado a los días cuando el amor y el sexo se denunciaban como decadencia burguesa, y la norma era la austeridad y los trajes unisex tipo Mao. Hasta la década de los ochenta, el que una pareja se agarrara de las manos en público atraía las miradas de desaprobación. Ahora, un gobierno, que solía decir cuándo y con quién se podía casar cada uno de sus súbditos, está más interesado en regular las tasas de interés. Y los ingresos en aumento han permitido a los chinos de áreas urbanas a seguir tras algo más que sólo la simple supervivencia.

Sin embargo, la revolución está sucediendo principalmente tras bambalinas y a puertas cerradas. Así por ejemplo, la palabra "sexo" -o "xing", pronunciada "shing"- se pronuncia solamente entre amigos cercanos o íntimos, y las más de las veces en un murmullo. No obstante, mientras que en las zonas rurales las cosas siguen siendo más o menos tradicionales, al menos exteriormente; las bancas de los parques en las ciudades se llenan en las noches con jóvenes abrazándose abiertamente. Los jóvenes se reúnen en los clubes, a tomar té verde mezclado con whisky, a fumar cigarrillos. Realmente van a buscar una cita o sexo casual. Las "tiendas de salud adulta", donde se vende artículos de índole sexual, proliferan. Estudios de la Academia China de Ciencias Sociales indican que 60 a 70 por ciento de los chinos han tenido sexo antes del matrimonio, comparado con el 15 por ciento en 1989.

Con la sociedad en apertura, la actitud de los chinos hacia el sexo está cambiando. Los adultos no aprueban el sexo premarital debido a la serie de problemas difíciles de evitar que surgen con éste. Las familias y las escuelas permanecen cerradas sobre el sexo, y el sexo entre adolescentes ha florecido en la brecha entre discusiones enconadas y silencio. Como resultado, la educación sexual no se ha mantenido al paso con la actividad sexual, lo que ha conllevado algunas consecuencias indeseables. Estos problemas al ir en aumento, llegan a ser problemas sociales.

El número creciente de abortos entre las jóvenes chinas alarma a los educadores, quienes culpan a la educación sexual desfasada. Los estudiantes aprenden de las enfermedades transmitidas sexualmente, incluyendo el SIDA, pero las discusiones sobre el mismo sexo son vagas y el uso de preservativos raramente se discute. El aborto tiene una fácil disponibilidad y algunos lo ven como la mejor alternativa en comparación a la vergüenza de ser una madre adolescente soltera en China. Por ejemplo, el costo de un aborto es de unos 140 dólares en el Haidian Maternal and Child Health Hospital en el noroeste de Pekín. Si cree que es muy caro para estándares chinos, quitando la anestesia el precio disminuye a sólo 55 dólares. Así se entiende que durante una de las semanas de vacaciones escolares recientes, las chicas de preparatoria fueron el 80 por ciento de las pacientes en las clínicas de aborto de Shanghai.
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