Opinión
Economía Trabajando
Integración con estilo

El Occidental
8 de enero de 2008

por Giovanni Ramírez

La Empresa Integradora (EI) es una de las figuras asociativas más jóvenes en nuestro país. Esta figura que nació con la publicación de un decreto en el Diario Oficial de la Federación en mayo de 1993, ha sumado a una cantidad importante de empresarios que han decidido obtener las enormes ventajas de su esquema de operación.

La Empresa Integradora es una plataforma estratégica que reúne los talentos y recursos de sus socios, quienes en forma organizada, buscan presentar al mercado un solo frente de mayor impacto. La integración se busca asociando cuando menos a cuatro empresarios quienes individualmente y dadas sus características, no les es posible alcanzar los objetivos y resultados que buscan en materia de innovación, financiamiento, crecimiento y desarrollo; pero que con la integración, se les presenta una nueva oportunidad para enfrentar los embates y adversidad de quienes hacen empresa en nuestro país.

Muchas son las historias desde 1993; las hay con quienes buscaron solamente ganancias en tiempo record a costa de la planeación lógica, los socios y hasta de la autoridad; pero también las hay con aquellos que establecieron una visión de largo alcance y que lograron materializar proyectos que, en lo individual, no eran muy factibles. Con todo, la EI no se desvirtúa ni se jacta, simplemente demuestra su esencia: que la EI no es una figura jurídica, sino un estilo de vida, un estilo de hacer empresa.

No es sencillo formar parte de una sociedad en donde existen tantos factores en juego como el dinero, las expectativas y hasta los sueños; además, y para hacer más interesante el reto, cada socio es en primera instancia dueño de su propia empresa, con lo que ha forjado su propio estilo de hacer las cosas y tomar decisiones desde su particular punto de vista; con ello, el riesgo en una EI es claro, de no ajustarse el enfoque y operación individual a uno de carácter asociativo, el empresario verá coartado su poder y libertad de maniobra durante la asociación, generando al mismo tiempo tensión en el establecimiento de las reglas del juego y por supuesto, en la operación misma de la nueva EI.

La EI es una plataforma realmente efectiva para lograr cambios significativos de crecimiento y mejora, ésta es la buena noticia; la mala, es que siempre hay que pagar un precio. Cuando el precio para mejorar y crecer es más alto del que una persona está dispuesta a pagar, difícilmente se cumplirán los objetivos más atractivos o la visión más inspiradora (aún en forma individual), por ello, creo que el candidato a socio de una EI debe realizar previamente un análisis serio sobre qué tan dispuesto estará a ceder parte de su dominancia; es decir, de su estilo individual, no así de su autonomía. La EI garantiza la autonomía de sus socios y se concentra más en las actividades que en conjunto pueden beneficiar a todo el grupo.

Después de dos lustros de experiencias de integración, seguiré insistiendo que el mejor de los planes o estrategia sólo se llevará a cabo primero, con el grupo de personas adecuado y luego, cuando la EI migre de ser un papel legal, a un organismo al cual se pertenece; de un plan de sobrevivencia, a un centro de inspiración y logro de objetivos; en suma, de una personalidad jurídica, a un estilo de vida.

gramirez@economia.gob.mx
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