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Opinión
![]() Rubén Zataráin Mendoza
Educar para la paz
El Occidental
6 de noviembre de 2007
El mes de octubre se fue y con él se fue también la celebración del 24 de octubre en el cual celebramos un aniversario más de la constitución de la Organización de las Naciones Unidas, que expresa la aspiración de las naciones de garantizar la convivencia pacífica internacional.
En los periódicos murales de las escuelas de educación básica los niños y sus profesores mediados por los textos informativos y la composición multicolor se expresó de muchas maneras durante el mes de octubre la remembranza de la fecha; el símbolo de la paloma de la paz lució señera también en algunos textos escolares y voló en la imaginación de los educandos para quienes el concepto de guerra parece por momentos lejano e inaprensible, para ellos educandos de la educación básica para quienes la noción de convivencia internacional es en muchos casos poco comprensible. Sin embargo, la construcción de la paz, el aprendizaje de la convivencia con el otro, con los demás, dista de ser sólo una página, un día del calendario, dista de ser sólo un objetivo institucional de la Organización de las Naciones Unidas. Es mucho el costo que ha pagado la especie humana para lograr los niveles de desarrollo de los que ahora disfruta y son muchos los esfuerzos que tendrá que desplegar para hacer sustentable la relación entre las personas, la relación entre los países, "La Historia desafortunadamente es una maestra con pocos discípulos", afirmaba melancólico uno de los grandes pensadores. La trayectoria de las civilizaciones humanas, la constitución de las culturas, la distribución geopolítica que ahora leemos con normalidad en los textos y atlas de Historia y Geografía expresa historias particulares en cada uno de los países, expresa el reacomodo de países fuertes y débiles a través del tiempo, de países ricos y pobres que han de interactuar en el marco de la interdependencia global; expresa la lucha interna de los distintos grupos sociales por hacerse lugar en el conjunto integrador que llamamos nación. Muchos esfuerzos han de realizar los estados-nación para que a través de sus gobernantes y diplomáticos establezcan el diálogo necesario que coadyuve al fortalecimiento de las relaciones internacionales basadas en la equidad y justicia, sustentadas en un espíritu de armonía y convivencia multilaterales. México, a pesar de su condición de colonia española durante alrededor de trescientos años, a pesar de sus conflictos en el siglo XIX con naciones tan poderosas como Estados Unidos, Francia e Inglaterra, a pesar de las dificultades para ser reconocida como nación soberana e independiente ha orientado su política internacional hacia el respeto entre las naciones y la libre autodeterminación de los pueblos. Los Estados Unidos Mexicanos, nuestro país, ha sido agredido, ha sido invadido, ha perdido la mitad de su territorio y en su condición de país con economía emergente ha sido garante de la paz y precursor del derecho internacional a través del Benemérito de las Américas, Don Benito Juárez García o de la propia Doctrina Estrada que data del 27 de septiembre de 1930, y que a grandes rasgos se refiere a la no intervención de México en los asuntos internos de otros países y en consecuencia la no intervención de otros países en los asuntos internos de México; de la propia política de recepción de exiliados españoles durante el gobierno cardenista o del asilo de exiliados otorgado a algunos chilenos durante el gobierno echeverrista. La vocación pacífica de nuestro país en materia de relaciones entre naciones ha dado contenido a la firma de tratados bilaterales, a los acuerdos de cooperación con otros pueblos y otras culturas que buscan sobre todo en un marco de equidad y justicia favorecer el desarrollo. Esa será seguramente la tendencia en los años venideros. En el marco de la educación formal se tendrá que seguir fortaleciendo el trabajo formativo con la niñez y la juventud para que en el proceso de socialización en el que intervienen de manera complementaria escuela y familia los temas de la educación para la paz, el aprendizaje de la convivencia y la resolución de conflictos sean contenidos transversales permanentes y temas de práctica cotidiana. ¿Cómo fortalecer la educación para la paz en los contextos escolares? En primera instancia generando ambientes de aprendizaje colaborativos en donde el ejercicio de relación e interacción con los otros tenga oportunidad. En donde el diálogo y el debate de ideas supere a la imposición de argumentos de fuerza y dominación. El manejo de la disciplina ha de favorecer también el desarrollo armónico de la persona. Ha de favorecer el autocontrol y autogobierno de los educandos. Ha de suscitar procesos de construcción de autonomía y superar los comportamientos socialmente instituidos tendientes hacia la heteronomía. En el proceso de socialización y convivencia con los iguales muchas son las conductas de agresividad en el que las discusiones, la agresión verbal y en ocasiones los puños, son medios de relación humana entre los niños y adolescentes, independientemente del género al que pertenezcan. Su agresividad muchas veces manifiesta la ausencia de cauces para expresar abierta y seguramente la dimensión afectiva- emocional en las aulas y escuelas. Su agresividad expresa en otros ocasiones sus miedos, angustias y problemas personales. La escuela ha de ser receptiva y comprensiva de esas manifestaciones, escuchar e intervenir de manera diversificada para que el castigo o las medidas coercitivas no sean el mejor recurso. Son muchas las estrategias que pueden implementarse para que los educandos practiquen en el entorno escolar valores de relación tendientes a una convivencia y relación humana de mejor calidad. El juego y las dinámicas, las dramatizaciones, el análisis de casos son medios para educar, aunque lo más importante será la construcción de un clima social en donde el niño o el adolescente se sienta integrado y seguro. zatarainr@hotmail.com |
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